La rápida incorporación de la inteligencia artificial al contexto universitario ha generado entusiasmo y preocupación. Por un lado, para los docentes, promete una mayor posibilidad de personalizar las lecciones según el perfil de cada alumno, posibilitando así una educación más inclusiva.
Por otro lado, existe preocupación por el impacto que su uso indiscriminado puede tener en los estudiantes, no sólo en su aprendizaje sino incluso en su desarrollo cognitivo.
En un estudio reciente, se evaluó la actividad cerebral mediante electroencefalogramas en estudiantes universitarios mientras realizaban una tarea en tres condiciones: sin ayuda, con navegadores de Internet y con herramientas de inteligencia artificial. Los resultados mostraron una menor activación y conectividad neuronal en el grupo que utilizó estas herramientas, lo que plantea interrogantes sobre su impacto en los procesos cognitivos involucrados en el aprendizaje.
¿Qué piensan los estudiantes?
En nuestra reciente encuesta, encontramos que el 61,4% utiliza chatbots en sus estudios universitarios (36,3% rara vez, 62,1% ocasionalmente y 0,7% siempre).
La percepción de los estudiantes sobre su uso es ambivalente: si bien sienten que mejora su comprensión de conceptos, también les preocupa la dificultad para distinguir si la información es confiable, la posible dependencia en el desempeño de tareas académicas y el deterioro de sus habilidades de expresión escrita.
¿Qué pueden hacer los profesores? La clave no es evitar la IA, sino hablar de su uso en el aula y establecer pautas para un uso responsable. En este sentido, y a partir de nuestro estudio sobre la percepción de los estudiantes, ofrecemos una serie de recomendaciones prácticas para integrarla en la docencia universitaria sin comprometer la adquisición de competencias y habilidades.
1. Límites y espacios claros sin inteligencia artificial
Los estudiantes valoran positivamente que los profesores establezcan pautas claras sobre el uso de la inteligencia artificial desde el inicio de las clases, para que no se produzcan confusiones y malentendidos.
El docente debe especificar si permite su uso, para qué tareas están autorizadas y para cuáles no, dando pautas claras. Por ejemplo, puedes permitirte utilizar la IA para obtener una visión general del tema, pero no para resolver las preguntas del conjunto de actividades. Asimismo, es importante determinar las consecuencias de un uso inadecuado, como la repetición de una tarea.
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Teniendo en cuenta las preocupaciones de los estudiantes sobre una posible excesiva dependencia de la inteligencia artificial o la pérdida de habilidades, como la expresión escrita, es aconsejable combinar actividades con y sin el uso de esta herramienta.
Algunas tareas en las que es preferible no utilizar inteligencia artificial ni ningún dispositivo electrónico son los debates en el aula, la resolución de casos o la presentación oral de trabajos, ya que fomentan el pensamiento, el pensamiento crítico y la capacidad comunicativa.
Por el contrario, la IA puede resultar especialmente útil en tareas más automatizadas, como buscar artículos sobre un tema concreto o crear listas de recursos relevantes, como vídeos o lecturas.
2. Declaración de uso responsable
En lugar de intentar detectar de forma infalible si el trabajo fue realizado por inteligencia artificial, algo que ninguna herramienta hoy puede garantizar al 100%, es más eficaz adoptar un enfoque preventivo y pedagógico.
Una medida útil es pedir a los estudiantes que acompañen su trabajo con una declaración de rendición de cuentas en la que indiquen si utilizaron inteligencia artificial, expliquen cómo la utilizaron y confirmen que siguieron las pautas marcadas por el profesorado en un principio.
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También es recomendable diseñar actividades personalizadas, relacionadas con experiencias de aula, procesos de trabajo o reflexiones propias, e incluir una explicación oral del trabajo asignado.
3. Trabajar la elaboración de comandos en clase
Los estudiantes reconocen que les gustaría formarse para saber utilizar mejor la inteligencia artificial en la universidad. Por ello, se recomienda que los profesores, además de asistir a cursos específicos, enseñen la preparación de comandos adecuados utilizando ejemplos relacionados con la materia.
Los expertos destacan cinco pautas para desarrollar una instrucción adecuada de la inteligencia artificial: contextualizar la instrucción; utilizar un lenguaje claro y conciso; ser específico; especificar el tipo de respuesta deseada; y mejorar el resultado obtenido con nuevas indicaciones.
4. Trabajar en respuestas de IA en el aula
Los estudiantes entienden que la inteligencia artificial no siempre ofrece información veraz. Sin embargo, el 23% copia palabra por palabra o realiza cambios menores al contenido generado para sus tareas académicas.
Sugerir actividades que involucren el uso de inteligencia artificial y que permitan a los docentes guiar a los estudiantes, ayudándolos a discernir si la información generada es adecuada, verdadera y relevante al propósito de la tarea, es una forma de mejorar el pensamiento crítico.
5. Tutorías intermedias, borradores y defensa oral.
Los estudiantes también señalan que el uso de inteligencia artificial puede facilitar la ejecución automática de tareas sin garantizar una comprensión real del contenido. Por ello, es recomendable diseñar actividades de evaluación centradas en el proceso y no sólo en el producto final.
Pueden ser tutorías intermedias, entrega de borradores o defensa oral de trabajos, actividades que obligan a los estudiantes a explicar, discutir y responder el contenido de sus tareas y el procedimiento que siguieron para prepararlas, permitiendo a los profesores comprobar el nivel de comprensión y reduciendo el riesgo de delegar el proceso de aprendizaje a la IA.
6. Unificar criterios entre facultades
Como los estudiantes perciben discrepancias entre los requerimientos de cada docente respecto al uso de la IA, también es conveniente que, si la universidad ha establecido guías de buenas prácticas o lineamientos específicos, tanto docentes como estudiantes las conozcan y las apliquen consistentemente. Por supuesto, siempre de acuerdo con los objetivos pedagógicos del curso.
Estos seis pasos pueden ayudar mucho a un uso más abierto y controlado de esta tecnología con una enorme capacidad de optimización en el ámbito educativo. Si los estudiantes entienden que el objetivo es proteger su capacidad de aprendizaje y su propio desarrollo cognitivo, se sentirán más seguros a la hora de decidir cómo utilizar la inteligencia artificial para complementar, no reemplazar, su propio desarrollo.
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