‘Slopaganda’: cuando el contenido basura anula nuestra capacidad crítica

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Como si no tuviéramos suficientes deepfakes y tonterías (contenido absurdo o incoherente), ahora viene el contenido sin sentido, es decir, contenido basura generado por inteligencia artificial. Con la aparición de la inteligencia artificial como motor creativo y productivo, hemos pasado de un modelo de desinformación artesanal a una producción en masa. Esto ahoga los canales y reduce la respuesta cognitiva de la audiencia.

El contenido pendiente se crea rápidamente utilizando inteligencia artificial. Tiene poco valor estético y, a veces, poco valor ético. Si combinamos esto con el término “propaganda”, tenemos slopaganda, que no intenta convencer con hechos reales, sino que satura los medios de contenido. Esta estrategia limita la respuesta crítica de los consumidores de contenidos, es decir, los usuarios de Internet y de las redes sociales.

Al mismo tiempo, la sobrecarga visual y textual, aunque sea incoherente y extraña, activa al público más que los hechos contrastantes.

Una historia de la zombificación de Internet

La economía del slop se basa en la monetización pasiva dentro de la economía de la atención. Los creadores de contenido, que utilizan herramientas de inteligencia artificial generativa, producen flujos interminables de basura visual. Con el objetivo de recolectar clics y generar ingresos publicitarios, Internet ha sido zombificada.

En este entorno, una parte importante de la actividad en línea la realizan máquinas que interactúan con contenido generado por otras máquinas. En última instancia, el ecosistema digital se corrompe y erosiona los vínculos sociales en favor de un simulacro de interacción empobrecida.

Esta zombificación tiene su base en un terreno fértil: la pasividad cognitiva con la que los internautas interactúan con el espacio digital. En 2024, un estudio de Nature demostró que el 75% de las personas que consumen información online no verifican las noticias. La mayoría los comparte sin abrir enlaces.

En este contexto, el proceso de “slopificación” ha permeado la arena política: los ciudadanos están siendo alimentados con una dieta informativa de escaso valor nutricional.

Trump y el triunfo de la memética política

El impacto del contenido descuidado en la democracia es directo y corrosivo. Expuestos a narrativas incoherentes pero cargadas de emociones, el público se vuelve más extremo. Además, este tipo de mensajes o publicaciones generan un mayor nivel de interacción que un contenido de calidad.

Un buen ejemplo de esto es cómo la segunda administración de Donald Trump utiliza la inteligencia artificial: su oficina de comunicaciones es la primera en adoptar la inteligencia artificial como generador de contenidos oficiales. Ése es el perfil de la Casa Blanca en

No es sólo el contenido, sino también la forma.

El diseño de las redes sociales afecta el mensaje. Las plataformas de contenido hacen que la información sea menos matizada y más profunda. Los mensajes son breves y directos: simples en contenido y forma.

Esta sencillez hace que la información pierda su valor ético y humano. No es raro ver vídeos con imágenes de baja calidad utilizados para mensajes oficiales.

En este contexto, la deshumanización de los contenidos revela una falta de interés global que debe ser examinada. La indiferencia con la que cada vez se consume más contenido generado por IA fuera del entretenimiento debilita la base democrática de la información. Así que la slopaganda no es sólo un fallo técnico o una moda pasajera: es un cambio en la forma en que se ejerce el poder y crea la realidad en el siglo XXI.

Por ejemplo, es común ver intentos de controlar la narrativa de la intervención en Irán por parte de Estados Unidos e Israel, utilizando memes que representan ataques y bombardeos, junto con videojuegos y escenas de películas, como si fuera una broma o algo trivial.

En última instancia, el resultado es que los acontecimientos políticos se trivializan y los conflictos armados se deshumanizan. A medida que las personas comparten, comentan e interactúan en redes sociales y plataformas digitales, ejércitos de bots amplifican los mensajes para llegar a más personas.

El papel de la educación.

Para contrarrestar estos fenómenos, es crucial trabajar a través de la educación. Aumentar la inversión en formación y salud digital en las escuelas, así como estrategias y campañas de sensibilización pública, puede detener la difusión de este contenido.

La buena gobernanza en la comunicación institucional implica promover la conciencia del humanismo digital y establecer normas que regulen el tipo de comunicación oficial que se establece en los nuevos canales de información.


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