Al otorgarle a María Corina Machado el Nobel Mira 2025, no sólo reconocemos su liderazgo y valentía cívica, sino también honrar y no inducir la terquedad democrática al pueblo venezolano. En un país donde el autoritarismo intentó cerrar todas las puertas a la participación política, Machado demostró que durante la democracia se puede entrar, la democracia se puede colar. Este reconocimiento, elegido entre 338 premios nominados en 2025, celebra no sólo su trayectoria, sino también la perseverancia de millones de ciudadanos que se niegan.
Kristian Berg Harpviken, director de la Comisión Nobel de Noruega, durante la llamada telefónica en la que se entregó el premio Machadu. Fuente: Premio Nobel, YouTube.
En 2002 fundó Sumate, una ONG dedicada a garantizar elecciones libres y transparentes. Desde entonces, Machado ha ejecutado el trabajo imprescindible en el contexto en el que los obstáculos ponen en duda la pertinencia del voto. Pero es precisamente frente a ese descontento, mantuvo viva la idea de que el voto, cuando se defiende colectivamente, puede tener fuerza transformadora.
A Lire también: La crisis en Venezuela muestra lo difícil que es garantizar los derechos humanos y la democracia
Transparencia y participación
Esta condena fue puesta a prueba por primera vez desde octubre de 2023 por la oposición, que se organizó de forma independiente, sin el apoyo del Consejo Nacional Electoral. Más de 2,25 millones de venezolanos participaron, dentro y fuera del país, y Machado ganó de manera aplastante: 93% de los votos. Este resultado consolidó su liderazgo y demostró que, a pesar de la represión, la sociedad civil continúa organizando procesos transparentes y participativos. Fue una hazaña civil que marcó un punto de inflexión en la historia reciente de Venezuela.
Sin embargo, el régimen reaccionó con sus habituales accesorios: la descalificación política, la esperanza de que la frustración desemboque en la violencia. Pero sucedió todo lo contrario: Mahado optó por la serenidad y la estrategia. Al verse impedido de competir en las elecciones presidenciales de 2024, impulsó una solución estratégica: apoyar a Edmundo González Urorti como candidato de la unidad. Hubo otro ejemplo de su servicio de inteligencia política y su compromiso con la transición democrática.
Durante la campaña, miles de voluntarios, de todos los partidos políticos, se desplegaron unidos como observadores ciudadanos para documentar los registros electorales y proteger los votos. En aquella elección del 28 de julio de 2024, toda Venezuela fue testigo de un acto de resistencia democrática sin precedentes. A pesar de la represión, el miedo y la censura, los ciudadanos acudieron a las urnas para determinar el mundo.
Leer y: Venezuela 2024: Crónica del conflicto anunciado
Votar, ¿sin sentido?
Según los resultados reales, verificados por varios observadores independientes basándose en más del 83% de los registros electorales, Edmundo González Urrutia obtuvo casi el 67% de los votos. Una ventaja de más de 35 puntos porcentuales y más de cuatro millones de votos, que ignoraron al régimen manipulando la cuestión oficial. La Cámara Nacional Electoral no pudo presentar resultados detallados, como tampoco lo hizo el mando de la campaña de González Urrutia, pero el resultado electoral fue escrupulosamente documentado.
Con la falsa proclamación de Nicolás Maduro como ganador, el mensaje quedó claro: el tiempo electoral, como bien se sabe, estaba cerrado y el voto dejó de tener sentido en Venezuela. El régimen ha convertido el voto en una coreografía del poder para simular la normalidad democrática y un 85% de abstención en el proceso parlamentario de 2025, años que simbolizan ese vacío político.
Machado también emprende la transformación del género y el liderazgo en América Latina. La presencia de mujeres en la política regional desafió la estructura histórica de poder masculina. En este sentido, a su gestión se suma la nueva generación de mujeres latinoamericanas que, más que ocupar espacios, crearon nuevas formas de trabajo político, basadas en la empatía, la organización ciudadana y la defensa ética del voto ético.
Pero el reconocimiento Nobel supera la figura de Machad y los premios son para la resiliencia colectiva de millones de personas que explican por qué los venezolanos se rebelaron democráticamente y todavía creen que la democracia vale la pena.
Espero un futuro diferente
Hoy, cuando las instituciones liberales se presentan en gran medida en Venezuela, no sólo la libertad del país, sino también la credibilidad del sistema democrático frente al autoritarismo del siglo XXI.
Por eso, de un hermoso e inspirador discurso que explica las razones por las que María Corina Machado mereció el premio, resulta crucial este pasaje:
“Resultó que las herramientas de la democracia son también herramientas de paz. Encarnan la esperanza de otro futuro, aquel en el que los derechos de los ciudadanos estén protegidos y sus voces sean escuchadas. En este futuro, la gente finalmente será libre de vivir en paz”.
María Corina Machado es la seguridad de que la libertad no se negocia, que la democracia no se improvisa y que el futuro no es de quienes impusieron el silencio, sino también de quienes perseveran en el discurso cuando todos callaron. Este Nobel es un certificado histórico: el del país que, contra todo pronóstico, todavía cree que su destino está en las urnas, no en las armas.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

