Si consideramos la palabra “arreglar” como “recortar” o “otorgar”, es decir, adornar o complementar la apariencia para mejorarla para el cortejo, ni la melena del león ni los colores de los machos de muchas aves, reptiles o anfibios son atributos que ellos mismos añaden, simplemente nacen con ellos y se llaman adornos.
Macho de ciervo rojo. Bill Ebbesen / Wikimedia Commons., CC Bi Bi
Es cierto que esta apariencia ha sido moldeada por la evolución a través de lo que Darwin definió como la teoría de la selección sexual en 1871. Tanto la dieta como la condición física del individuo juegan un papel muy importante en el desarrollo y mantenimiento de estos atributos. Por ejemplo, en el caso de los ciervos astados, una buena nutrición es clave para que crezcan grandes y sanos y puedan competir por el acceso a las hembras. Sin embargo, ¿podríamos concluir que, por tanto, se “acicalan” más que las mujeres? Yo diría que no.
Diferencias entre los sexos
Este dimorfismo sexual (diferencias físicas notorias entre los sexos de una especie) generalmente responde a la competencia durante el cortejo para acceder a la reproducción. Esta competición no siempre implica una característica física (un adorno o un arma), sino que también puede abordar capacidades cognitivas (mentales y conductuales).
Esto se evidencia, por ejemplo, en determinadas aves y en la complejidad de sus nidos o en los bailes de cortejo. Otro ejemplo sorprendente es el pez globo japonés, cuyos machos crean una estructura submarina para que las hembras dejen sus huevos al cuidado de ellos.
El pez globo japonés crea una estructura submarina para que la hembra deje huevos a su cuidado.
Sin embargo, parece más común que los machos compitan durante el cortejo, ¿por qué? La razón radica en la asimetría de género fundamental: las células sexuales femeninas (óvulos) son mucho más grandes, más caras de producir y menos numerosas que los gametos masculinos (espermatozoides).
Esto conduce a lo que generalmente se ha llamado el principio de Bateman (1948), según el cual las hembras tienden a ser muy selectivas acerca de con quién aparearse y los machos compiten por el acceso a las hembras siendo más promiscuos. ¿Siempre es así? No.
Los machos compiten y las hembras eligen… no siempre
Hoy sabemos que existen muchas excepciones a este principio. Por ejemplo, desde hace algún tiempo se cree que muchas aves son monógamas. Sin embargo, hoy sabemos que aunque alrededor del 80% de las aves se consideran socialmente monógamas –es decir, forman una pareja con un vínculo a largo plazo para cuidar la nidada–, en el 75% de las especies las hembras participan en cópulas externas.
Asimismo, hay casos en los que las hembras tienen que competir por los machos. Por ejemplo, en una especie de pez pipa (Singnathus scovelli), las hembras tienen franjas plateadas a lo largo del abdomen y, dependiendo de su número y longitud, son seleccionadas por los machos, quienes incubarán y cuidarán a las crías.
Por poner un ejemplo extremo más cercano a nosotros, en primates no humanos se ha visto que las hembras capuchinas son las que tienen que atraer la atención de un macho dominante para que éste pueda aparearse con ellas.
Como explica el primatólogo Frans de Waal en su libro Different. Lo que los primates nos enseñan sobre el género, la idea general de aparearse con machos (competencia, jerarquía, dominancia, mayor deseo sexual) y hembras -incluidas las mujeres- en un papel más pasivo (selectivo, menos deseo sexual, más monógamo) encaja demasiado bien con los prejuicios culturales que los humanos han mantenido durante siglos.
Las mujeres y los hombres no son tan diferentes.
Así que, volviendo a nuestra especie, podemos preguntarnos si las hembras somos las que nos disfrazamos más que los machos. Bueno, yo tampoco lo diría.
Investigaciones recientes muestran que o no hay diferencias entre hombres y mujeres o que la diferencia en el tiempo dedicado a estos comportamientos -maquillarse o utilizar otros cosméticos, peluquería, vestir con estilo, cuidar la higiene corporal y hacer ejercicio o seguir una determinada dieta con el objetivo específico de mejorar el atractivo físico- es sólo ligeramente mayor en las mujeres (4 horas al día para los hombres) en promedio (4 horas al día para los hombres).
Un dato interesante de este último estudio realizado con 93.158 participantes humanos en 93 países es que uno de los indicadores más fiables del comportamiento que mejora el atractivo es el uso de las redes sociales, lo que indica claramente la gran influencia que el entorno social y cultural tiene en nuestro comportamiento, por encima de otros como el género.
Y los humanos compartimos con otros animales mucho más de lo que pensamos, y no están tan lejos ni somos tan únicos. Esperamos que todo esto nos ayude a comportarnos con más empatía y respeto no sólo entre nosotros mismos, sino también hacia el planeta y el resto de seres que conviven con nosotros.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

