Pocas palabras en medicina causan tanta preocupación como “hernia de disco”. Para muchas personas escuchar este diagnóstico es casi sinónimo de “dolor de espalda”, reposo absoluto e incluso miedo a una cirugía inminente.
Este miedo no surge de la nada. Durante años, el lenguaje utilizado en los informes médicos, junto con mensajes alarmistas como “tu espalda está mal”, “detente si sientes algún dolor”, “todo dolor es una hernia” o “tu espalda está débil”, han contribuido a una asociación automática del diagnóstico de hernia de disco con la gravedad. El problema es que este miedo puede ser más incapacitante que la propia lesión.
Paradójicamente, afrontar una hernia de disco con miedo y evitar la actividad física se asocia con mayor dolor, peor recuperación y mayor discapacidad, independientemente del daño real de la columna. Por eso, entender lo que realmente significa tener una hernia discal es el primer paso para dejar de verlo como una frase y empezar a abordarlo con conocimiento.
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¿Qué es exactamente una hernia de disco y por qué no siempre duele?
El disco es la estructura situada entre dos vértebras. Consta de una parte exterior más resistente (anillo fibroso) y una parte interior más gelatinosa (núcleo pulposo). Estos discos intervertebrales permiten la flexibilidad de la columna y actúan como amortiguadores durante las actividades diarias como caminar, correr y saltar. Con el paso del tiempo y la influencia del estilo de vida, estos discos pueden cambiar de forma.
Una hernia de disco se produce cuando parte del contenido interno del disco sobresale de sus límites normales. Pero esto no siempre significa que la columna esté dañada. En muchos casos, se trata simplemente de una variación estructural, comparable a las arrugas de la piel: un signo de adaptación o envejecimiento.
Un estudio ampliamente citado publicado en The American Journal of Neuroradiology analizó miles de resonancias magnéticas de personas sin dolor lumbar y encontró que muchas tenían protrusiones o hernias de disco sin ningún síntoma, lo que sugiere que estos cambios son procesos normales a lo largo del tiempo y no patología. De hecho, a los 50 años, más del 30% de las personas asintomáticas ya muestran protrusiones discales en las pruebas de imagen.
Esto nos obliga a cambiar la pregunta “¿hay una hernia?” porque “¿esa hernia te está dando problemas?” Cuando se presentan síntomas como dolor irradiado, comúnmente llamado “ciática”, no siempre se deben simplemente a que el disco comprime el nervio. El proceso inflamatorio también interviene alrededor de la raíz nerviosa, lo que puede aumentar la sensibilidad y provocar dolor. Por ello, en algunos casos agudos se utilizan tratamientos dirigidos a reducir esta inflamación.
Además, otros factores psicosociales como el nivel de actividad, el estrés, la calidad del sueño e incluso las expectativas de la persona afectada pueden influir en la recuperación. Por lo tanto, basar todo el tratamiento en lo que muestra la resonancia magnética puede dar lugar a malas interpretaciones y provocar más miedo que soluciones.
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No siempre termina en cirugía
Un diagnóstico de hernia de disco no significa que el siguiente paso sea la cirugía. De hecho, la evidencia científica muestra algo diferente: el tratamiento conservador es la primera opción recomendada en la mayoría de los casos. Estudios comparativos han señalado que, aunque la cirugía puede aliviar los síntomas más rápidamente en algunas personas, los resultados a mediano y largo plazo en cuanto al dolor y la función son similares a los del tratamiento no quirúrgico.
Por este motivo, las guías clínicas internacionales recomiendan iniciar el tratamiento con ejercicios terapéuticos, educación y manejo activo varias semanas antes de considerar la intervención quirúrgica. Por supuesto, si se presentan síntomas como pérdida progresiva de fuerza en la pierna, cambios en el control de los esfínteres o dolor que impide realizar cualquier actividad básica, es importante consultar a un profesional de la salud para obtener una evaluación adecuada.
¿Qué ejercicios hacer y cómo empezarlos?
Antes de empezar, es importante aclarar algo: cada caso es diferente y requiere una valoración individual por parte de un profesional sanitario. Aclarado esto, el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (NICE) del Reino Unido recomienda las siguientes medidas:
Mantente activo. En la mayoría de los casos, la recomendación es no parar, sino permanecer lo más activo posible dentro del rango tolerable. Caminar, moverse por casa y realizar ejercicios adaptados favorecen la recuperación.
Elija movimientos tolerables. En las etapas iniciales pueden ser útiles ejercicios suaves como la movilización de la columna y la cadera, ejercicios de control de la articulación lumbopélvica, respiración profunda o contracciones isométricas. La clave no es hacer mucho, sino hacerlo de manera constante y progresiva.
Progresar hacia la fuerza y la función. A medida que los síntomas mejoran, el objetivo principal es recuperar la capacidad. Esto puede incluir fortalecer las piernas, los glúteos y el tronco, mejorar la tolerancia al ejercicio y regresar gradualmente a las actividades o deportes diarios.
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Puntos clave sobre las hernias discales
En resumen, hay varios puntos clave que debemos considerar. La primera es que la columna se considera una estructura fuerte que se adapta cuando se carga progresivamente. Además, una hernia de disco no es sinónimo de gravedad: muchas veces no provoca dolor y muchas personas mejoran sin cirugía. Dicho esto, la resonancia no determina nuestra capacidad. Las imágenes muestran las estructuras, pero el dolor y la función dependen de muchos más factores.
En cuanto al tratamiento, la cirugía no suele ser la primera opción. En ausencia de signos neurológicos graves, se recomienda un tratamiento conservador.
Es necesario entender que el movimiento es parte del tratamiento: mantenerse activo, progresar hacia el fortalecimiento y recuperar la función es más efectivo que el descanso prolongado. Asimismo, la educación cambia el pronóstico. Comprender lo que está sucediendo reduce el miedo y mejora la recuperación. Y por último, cabe destacar que es necesaria la evaluación profesional: se debe evaluar cada caso de forma individual para poder ajustar el tratamiento y descartar complicaciones.
Tener una hernia discal no significa que tengamos la espalda “rota”. En la mayoría de los casos, el cuerpo tiene la capacidad de adaptarse y recuperarse si se le da el estímulo adecuado. Entonces, en lugar de centrarse en lo que muestra la resonancia, es mejor centrarse en lo que somos capaces de hacer. El objetivo no es “arreglar el disco”, sino recuperar el movimiento, la confianza y la calidad de vida.
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