La prueba de toxoplasmosis es una de las muchas a las que se someten las mujeres durante el embarazo. Por tanto, puede convertirse en una fuente más de estrés durante unos meses ya difíciles. Para entender por qué causa tanta preocupación, vale la pena comenzar con lo básico. Saber qué es esta infección y cómo se adquiere ayuda a comprender el riesgo real.
La toxoplasmosis es causada por Tokoplasma gondii, un parásito intracelular ampliamente distribuido en la naturaleza. Puede infectar a humanos y animales. En la mayoría de los adultos sanos, la infección pasa desapercibida o presenta síntomas leves parecidos a los de la gripe.
En los seres humanos se transmite principalmente a través de los alimentos. El principal riesgo se produce al consumir carne cruda o poco cocida que contiene el parásito, aunque también se puede adquirir al ingerir frutas y verduras contaminadas si no han sido lavadas adecuadamente.
Otra posible vía es el contacto con tierra contaminada con heces de gato. Esto puede suceder si no usa guantes mientras trabaja en el jardín o no se lava las manos después. En estos casos, una higiene básica de manos reduce claramente el riesgo.
Aunque los gatos a menudo se asocian con la toxoplasmosis, su papel a menudo se malinterpreta, ya que eliminan el parásito poco tiempo después de infectarse. Además, el contacto directo con ellos no es la principal vía de transmisión en humanos.
Vías de transmisión de Tokoplasma gondii. 1-2. El gato, como huésped final, contamina las heces, las verduras, las frutas y el agua. 4a. Comer carne cruda o poco cocida. 4c. Agua y alimentos contaminados con ooquistes esporulados. 5-6. Transfusión de sangre y trasplante de órganos. 7. Vía transplacentaria. Adaptado de Naeem, 2023, Infertilidad zoonótica debida a Tokoplasma gondii. El embarazo cambia el riesgo, pero no es motivo de alarma
La presencia de parásitos no supone el mismo riesgo para todas las personas. Durante el embarazo, el momento de la infección es un factor clave.
El mayor riesgo ocurre cuando una mujer se infecta por primera vez durante el embarazo. En este caso, el parásito puede atravesar la placenta y llegar al feto. Esto es lo que se conoce como toxoplasmosis congénita.
La probabilidad de transmisión aumenta a medida que avanza el embarazo. Sin embargo, las consecuencias suelen ser más graves cuando la infección se produce en los primeros meses. Estas consecuencias pueden incluir alteraciones neurológicas y visuales y, en casos raros, aborto.
Aun así, la mayoría de las infecciones maternas no causan daños graves al feto. El riesgo se reduce aún más cuando la infección se detecta tempranamente y se realiza un seguimiento adecuado.
Por el contrario, las mujeres que tuvieron una infección antes del embarazo suelen estar protegidas. Conocer tu estado inmunológico ayuda a reducir la incertidumbre y tomar decisiones con mayor tranquilidad.
Gatos, comida y otros mitos
Aunque estos aspectos están bien establecidos en la ciencia, la percepción social del riesgo no siempre coincide con la evidencia.
Uno de los mitos más extendidos es que convivir con un gato supone un gran riesgo. Sin embargo, como ya hemos comentado, la mayoría de infecciones no se producen por contacto directo con estos animales. El riesgo real está mucho más relacionado con la manipulación de alimentos, así como con el consumo de carne poco cocida o verduras mal lavadas.
Otro error común es creer que cualquier diagnóstico de toxoplasmosis durante el embarazo implica un grave peligro. En realidad, el riesgo depende del momento de la infección y de la inmunidad previa de la madre.
También existe la idea de que la toxoplasmosis siempre causa daños importantes al feto. Aunque esto puede suceder en algunos casos, muchas infecciones ocurren sin síntomas y pueden controlarse con un seguimiento adecuado.
¿Qué medidas previenen realmente la toxoplasmosis?
Corregir estos mitos no es sólo una cuestión teórica: ayuda a centrar la prevención en medidas efectivas y proporcionadas.
En cuanto a nutrición, es fundamental comer carne bien cocida. Se deben evitar los productos crudos o poco cocidos, especialmente durante el embarazo.
También es importante lavar cuidadosamente las frutas y verduras antes de consumirlas. En la cocina se recomienda una estricta higiene, lavado de manos después de manipular alimentos crudos y una buena limpieza de superficies.
No es necesario evitar el contacto con gatos; Simplemente tome precauciones simples. La caja de arena debe limpiarse diariamente, preferiblemente por otra persona y con guantes.
Cuando se trabaje en el jardín o en contacto con el suelo, se recomienda protegerse las manos y lavarlas después.
Estas medidas basadas en el riesgo real de transmisión, junto con un control médico periódico, permiten reducir el riesgo sin cambiar significativamente la vida cotidiana.
El miedo no es una buena estrategia de prevención
El miedo a la toxoplasmosis durante el embarazo puede llevar a decisiones inútiles y a una preocupación excesiva, cuando en realidad el riesgo no es el mismo para todas las mujeres ni en todas las situaciones. Depende del momento de la infección, la inmunidad previa y las vías de transmisión reales. Si se conocen estos factores, la prevención ya no se basa en prohibiciones generales: se basa en decisiones informadas y proporcionadas.
Evitar alimentos o actividades sin criterios claros no añade protección. Por otro lado, aumenta la ansiedad y dificulta vivir tranquilamente durante el embarazo. En el ámbito de la salud, comprender el riesgo suele ser más eficaz que temerlo. Una información rigurosa permite protegerse sin renunciar a la vida cotidiana.
Diagnóstico y seguimiento durante el embarazo.
Incluso si se toman estas medidas, pueden surgir situaciones que requieran una evaluación médica. En este contexto, el diagnóstico y el seguimiento juegan un papel clave.
La toxoplasmosis generalmente se detecta mediante análisis de sangre. Estas pruebas permiten identificar anticuerpos contra el parásito y aclarar si la infección es pasada o reciente.
Cuando la infección se confirma durante el embarazo es necesario un seguimiento médico. Existen protocolos bien establecidos que incluyen controles periódicos. En algunos casos está indicado el tratamiento farmacológico con el objetivo de reducir el riesgo de transmisión al feto y aparición de complicaciones.
En definitiva, la detección temprana y el apoyo especializado permiten gestionar la infección de forma informada. Evitan decisiones basadas en el miedo y favorecen una atención más tranquila.
La toxoplasmosis en el embarazo es un buen ejemplo de cómo el riesgo para la salud no es absoluto, sino que depende del contexto. Comprender cuándo existe un peligro real es más beneficioso que imponer restricciones innecesarias. En salud pública, la información rigurosa sigue siendo una de las mejores herramientas de prevención.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

