Transiciones educativas: ¿es posible evitar la ansiedad por el cambio de etapa?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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“Estamos tranquilos porque empezará la primaria con sus amigos de siempre”, dice el padre sobre el futuro cambio de curso escolar de su hija. Muchos en el grupo asienten, reconociendo que aunque la metodología cambia y los niños ganan un poco más de autonomía, la rutina sigue siendo familiar.

En la otra casa, la preocupación es otra: “Nos preocupa el bachillerato, tantos profesores, otro instituto, normas diferentes…”. Cada familia vive los cambios escolares de forma diferente, pero todas coinciden en la misma preocupación: cómo afrontarán sus hijos estas nuevas etapas.

Las familias sienten y saben por experiencia que cada vez que un niño o una niña pasa de una etapa educativa a otra (de preescolar a primaria, de primaria a secundaria o de secundaria a secundaria o formación profesional), los cambios tienen consecuencias psicológicas y académicas.

Diversos estudios han analizado el impacto de estos cambios en las etapas escolares y se ha comprobado que la transición afecta tanto al éxito académico como al bienestar emocional de los niños. Los efectos negativos son más intensos en colectivos vulnerables, como estudiantes con necesidades educativas especiales o en un contexto socioeconómico desfavorable, aumentando el riesgo de fracaso escolar y exclusión.

Cambios académicos y ambientales.

En la primera infancia, los profesores tienden a centrarse en preparar a los estudiantes en lectura y escritura para facilitar su éxito en la escuela primaria, mientras que los niños sienten la presión de “hacer bien sus tareas”. Emocionalmente se observa en los estudiantes estrés, ansiedad, sobrecarga y fatiga.

La transición de la escuela primaria a la secundaria representa otro momento crítico en el que a menudo se observa una caída en las calificaciones y un estancamiento en el progreso. Esta disminución se ha atribuido a factores ambientales como el paso a un entorno escolar más amplio y más impersonal, mayores exigencias académicas y una transición hacia un enfoque más competitivo en lugar de uno orientado al aprendizaje.

Al mismo tiempo, el estrés y la ansiedad aumentan durante este período, manifestándose en preocupaciones sobre la adaptación social, el acoso, las relaciones con los profesores y la gestión de una carga de trabajo académico más exigente.

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Ciclos de estrés y ansiedad.

La interacción entre el rendimiento académico y la salud psicológica crea un ciclo en el que el estrés y la ansiedad reducen la capacidad de atención y el rendimiento escolar, lo que a su vez aumenta la angustia emocional. Sin embargo, muchos estudios también muestran que una transición bien gestionada puede convertirse en una oportunidad de crecimiento.

En investigaciones recientes hemos analizado estos procesos de cambio y propuesto formas de mejorarlos, con la participación de docentes, familias y estudiantes, para que las transiciones, lejos de ser disruptivas, sean experiencias positivas para todos.

Desafíos de los cambios de escena.

Un cambio de fase educativa no significa sólo un cambio de aula o de profesorado. Esto significa adaptarse a nuevos espacios, nuevas normas, diferentes formas de aprender y nuevas personas. Todo ello puede provocar excitación, pero también nervios, inseguridad o miedo.

Los estudios sobre educación muestran que estos cambios pueden ser una oportunidad de crecimiento si se gestionan bien. Sin embargo, cuando no se les da la importancia que tienen pueden provocar malestar, desmotivación o dificultades de adaptación.

Escuche para mejorar las transiciones

En nuestra investigación queríamos saber cómo lo viven las personas que lo experimentan directamente: estudiantes, familias y profesores. Para ello, realizamos un estudio a lo largo de tres cursos escolares en un colegio e instituto de la ciudad de Gipuzkoa.

El primer paso fue escuchar atentamente a todas las personas involucradas a través de cuestionarios a las familias sobre cómo vivieron los cambios y qué necesitaban; entrevistas a docentes sobre problemas y posibles soluciones y la participación de niños y niñas a través de dibujos, juegos y conversaciones a través de las cuales expresaron sus emociones y pensamientos.

Evite pausas repentinas

El profesorado señaló que sería útil tener mejor información y comunicación sobre cómo se realiza la transición entre fases y qué pasos se seguirán. También destacaron la necesidad de que los criterios y métodos del centro estén mejor alineados entre las distintas fases, para que los cambios sean más coherentes, y que los proyectos educativos se integren de forma continua en todos los cursos, evitando saltos bruscos entre fases.

Estos cambios repentinos pueden afectar a los niños de diferentes maneras: académicamente, cuando se enfrentan a nuevos contenidos y métodos; socialmente, al tener que interactuar con nuevos compañeros y profesores; emocionalmente, provocando ansiedad, inseguridad o pérdida de confianza en uno mismo; y organizacional, cuando las normas o recursos cambian de un nivel a otro sin continuidad.

Mantener la autonomía e informar exhaustivamente

Las familias, por su parte, enfatizaron que es necesario darle prioridad al bienestar emocional de los niños. También insistieron en la importancia de explicar bien a los niños lo que sucederá, en un lenguaje claro y familiar, así como mantener la autonomía y la libertad de movimiento, especialmente en los primeros grados.

Los niños y niñas hicieron sugerencias muy claras. Para ellos era importante mantener amistades, contar con el apoyo de los profesores, tener más tiempo para jugar, tener menos tareas y exámenes y obtener más información sobre cómo será el próximo año antes de que ocurra el cambio.

Apoyo emocional

Después de analizar toda la información, creamos un plan de acción para mejorar la transición.

En los momentos de cambio de escenario se trabajó continuamente las emociones de los estudiantes, especialmente al final del curso, cuando aparecen dudas, miedos e inseguridades. Para hacer esto, se preguntó a los estudiantes de todos los niveles cómo se sentían acerca de los cambios, y los estudiantes mayores ayudaron a responder y seguir a los más jóvenes a través de diversas actividades.

También se organizan salidas y encuentros entre cursos de distintos ciclos para que puedan interactuar en un ambiente más informal. Además, se realizaron visitas a nuevos espacios educativos para facilitar la adaptación: en edad preescolar se visitaron las aulas acompañado de un profesor, y en el paso de primaria a bachillerato se organizó un gimnasio para conocer el centro mientras los alumnos de bachillerato presentaban sus proyectos.

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Para que los cambios fueran más fluidos y organizados, al final del curso se informó a los estudiantes y familias sobre los nuevos grupos y profesores, lo que ayudó a reducir la ansiedad.

Las nuevas etapas dinámicas de las anteriores también se mantienen en los primeros meses: en 1º de primaria se refuerzan las dinámicas propias de la primera infancia y en 3º el uso de materiales manipulativos en matemáticas. En la escuela secundaria se ofrecen programas de apoyo académico. Además, también se implementaron actividades de apoyo para estudiantes de nuevo ingreso o con transiciones más difíciles, con el objetivo de que se sintieran parte del centro.

Se crearon espacios de diálogo con las familias para escuchar sus inquietudes y resolver dudas, y los docentes mejoraron su coordinación para diseñar actividades entre cursos y fases.

Cooperación entre fases

Los resultados mostraron mejoras significativas en el centro educativo. Los profesores comenzaron a colaborar más entre fases, compartiendo ideas y métodos para hacer los cambios más progresivos.

Las familias se sintieron más escuchadas y más involucradas. Además, los niños y niñas comenzaron a tomar un papel más activo, dejando de ser meros destinatarios de las decisiones adultas, ya que sus opiniones y emociones se tenían en cuenta para mejorar los cambios en el escenario.

Esto ayudó a crear una cultura escolar basada en la comunicación, el respeto y el cuidado mutuo.

Cuida las relaciones

Los cambios en el escenario son inevitables, pero lo que marca la diferencia es cómo los afrontas. Nuestra experiencia demuestra que no se trata sólo de organizar bien estos cambios, sino también de cuidar las relaciones entre profesores, familias y alumnos. Cuando hay diálogo y cooperación, los cambios se ven como oportunidades más que como problemas.

Pequeñas acciones, como conversaciones entre profesores, escuchar a las familias o preguntar a los alumnos cómo se sienten, pueden tener un gran impacto.

La escucha, la cooperación y el cuidado no son adiciones opcionales a la escuela: son condiciones esenciales para construir una educación más inclusiva y humana. Y quizás la lección más importante que deja este proceso es que: mejorar la transición significa mejorar la forma en que experimentamos la educación juntos.


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