Nos inunda una avalancha de noticias sobre los graves problemas medioambientales que provoca el plástico. Desde la omnipresente contaminación plástica que nos rodea, pasando por la ingestión de microplásticos en nuestra cadena alimentaria, hasta las vastas “islas o sopas” de plástico en los océanos. ¿Este problema tiene solución?
Esta pregunta tiene una respuesta difícil. Hemos perdido el control de los residuos plásticos, entre otras razones, porque los intereses de la industria pesan más que la política nacional. Sólo una estrategia común puede ofrecer una solución a un problema global.
Se están dando los primeros pasos. Por ejemplo, en marzo de 2022, durante la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEA-5.2), se adoptó una resolución histórica para desarrollar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre la contaminación plástica. Esta propuesta se basa en un enfoque integral, que aborda todo el ciclo de vida de los plásticos, desde su producción hasta su diseño y eliminación.
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Solución circular
La economía actual se basa en un modelo de tomar, hacer y disponer, que depende de recursos baratos y fácilmente disponibles para crear las condiciones para el crecimiento y la estabilidad. Y uno de los pilares de este modelo es el plástico.
Sin embargo, su impacto en el medio ambiente es cada vez más evidente, a lo que hay que sumar el continuo aumento de sus precios en los últimos años. Además, se espera que haya 3 mil millones más de consumidores de clase media para 2030, lo que aumentará la demanda de recursos limitados y desafiará nuestro sistema económico actual. Necesitamos un nuevo enfoque.
Economía circular. CC-BI
Muchas voces defienden la economía circular como una forma de desacoplar el crecimiento de las limitaciones de recursos. Este enfoque allana el camino para conciliar las perspectivas de crecimiento y participación económica con la prudencia y la equidad ambientales.
La base de la economía circular es garantizar un crecimiento sostenible en el tiempo, lo que supone optimizar los recursos, reducir el consumo de materias primas y dar nueva vida a los residuos mediante el reciclaje y la reutilización. Acciones que pueden resultar especialmente útiles para el sector del plástico.
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Una solución integral
En 2018, la Comisión Europea lanzó la Estrategia Europea para los Plásticos en la Economía Circular, basada en cuatro elementos principales: rentabilizar el reciclaje para las empresas, reducir los residuos plásticos, acabar con la basura marina y fomentar la inversión y la innovación.
La iniciativa presenta “una visión para un sector del plástico inteligente, innovador y sostenible que genere crecimiento y empleo en Europa y contribuya a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y la dependencia de los combustibles fósiles importados”.
Para dar respuesta a la economía circular aplicada al plástico, es necesario entender primero su vida útil. Este puede variar significativamente, de 1 a 50 años, aunque hay productos, como las tuberías utilizadas en la construcción, que pueden durar hasta 100 años. Además, es crucial considerar las limitaciones inherentes al reciclaje de plástico.
El reciclaje implica la reutilización de productos desechados para darles un nuevo uso tras su recuperación, que es la esencia de la economía circular. Por ejemplo, una botella desechada se puede convertir en bolitas (materia prima) y utilizarla para confeccionar una prenda de vestir.
Técnicas de economía circular
Además del reciclaje, la economía circular también se desarrolla a través de una economía colaborativa, donde las plataformas tecnológicas nos permiten compartir sus recursos, en lugar de adquirir otros nuevos. Esto ayuda a reducir la demanda de nuevos productos y promueve la reutilización y el uso eficiente de los recursos existentes.
Otra técnica de economía circular es el compostaje, que convierte los residuos orgánicos (incluidos los plásticos compostables) en fertilizante natural. De esta manera, los residuos de los vertederos se minimizan y, en cambio, se convierten en recursos para la agricultura y la jardinería.
Hasta ahora la economía circular ha dependido de nosotros, pero hay otras posibilidades que dependen del productor y del modelo actual de sociedad de consumo. A continuación veremos algunos ejemplos.

Alargando la vida de los productos en la economía circular. Ejemplos exitosos de la economía circular
Uno de los aspectos más frustrantes del actual modelo de gasto es la obsolescencia programada. En lugar de producir y comprar constantemente nuevos productos, la economía circular promueve extender la vida útil de los productos existentes. Esto se puede lograr manteniendo, reparando y actualizando adecuadamente los productos electrónicos, electrodomésticos, muebles y otros bienes duraderos.
Para mejorar la vida útil de los productos, debemos diseñarlos para que sean duraderos y fácilmente reparables en caso de falla, en lugar de desecharlos y reemplazarlos. Este es un principio clave en cualquier economía circular que se precie: los productos deben diseñarse para durar.
Además, debemos adoptar fuentes de energía renovables, como la energía solar y la energía eólica. Estas fuentes pueden utilizarse de forma sostenible, a diferencia de los combustibles fósiles, que se espera que desaparezcan en este siglo y que también implican evidentes problemas medioambientales.
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Por otro lado, el problema de los envases de un solo uso se puede reducir utilizando envases reutilizables y reutilizables. Por ejemplo, en algunos países, los envases de vidrio para bebidas se pueden devolver y reutilizar después de su uso, evitando así desperdicios innecesarios. Por cierto, esta práctica era común en la época de nuestros padres y abuelos.
Otra técnica alineada con la economía circular es la economía de la funcionalidad, un concepto en el que los fabricantes no venden productos ellos mismos, sino que brindan servicios o funciones que esos productos ofrecen. Por ejemplo, en lugar de comprar una impresora, puedes contratar un servicio de impresión de una empresa especializada, lo que favorece el uso eficiente de los recursos y favorece la generación de menos residuos.
A esto podemos sumarle el upcycling, es decir, convertir materiales o productos desechados en productos de mayor valor y más útiles. Un ejemplo son los parques infantiles con suelos reciclados elaborados con neumáticos viejos.
¿Seremos capaces de hacer un cambio?
Finalmente, la economía circular puede complementarse con una economía regenerativa, que promueva la regeneración y restauración de los recursos naturales, como los bosques, el suelo y las fuentes de agua. Con este enfoque conseguimos establecer un equilibrio ecológico, consiguiendo un impacto positivo en la naturaleza.
En definitiva, la economía circular es una herramienta muy valiosa para repensar los plásticos posconsumo. Nos permite crear una economía más sostenible, con menos desperdicio y mayor uso de recursos. Quizás esa sea la solución al problema del plástico. ¿Pero estamos preparados para este cambio?
Al menos hay que darle una oportunidad.
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