Zelanda, lo que un continente escondido puede decirnos sobre el cambio climático

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Hace 80 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, una masa terrestre equivalente a la mitad de Estados Unidos (o ligeramente mayor que el tamaño total de la Unión Europea) se separó de Australia y la Antártida y permaneció separada del resto de los continentes durante tantos millones de años que su flora y fauna se desarrollaron de forma independiente, con miles de especies endémicas.

Así nació Zealandia, un continente de 4,9 millones de kilómetros cuadrados, protagonista de una larga historia de separación, rotación, levantamiento y hundimiento, hasta alcanzar su posición actual.

Actualmente se encuentra sumergida a miles de metros de profundidad en el océano Pacífico, y sólo el 6% de su superficie se eleva sobre el agua, correspondiente a sus montañas más altas: las islas de Nueva Zelanda y Nueva Caledonia.

Una región crítica para los estudios climáticos

La historia climática de un continente queda registrada en sus rocas, pero en el caso de Zelanda sólo podemos ver las de sus montañas más altas que aparecen sobre el nivel del mar. El resto del continente quedó sumergido; Por tanto, la obtención de muestras del fondo del océano requiere tecnología y muchos recursos. Ésta es una de las razones por las que fue durante décadas un continente prácticamente desconocido.

Además, es una región crítica donde los modelos climáticos tienen deficiencias en sus predicciones. Si no pueden reproducir el clima del pasado, que conocemos gracias a la investigación geológica, ¿cómo predecirán el clima del futuro?

Estudiar el clima en el pasado fue uno de los principales objetivos de la expedición internacional que exploró Zelanda en 2017.

Núcleos de investigación recuperados del fondo del océano durante la Expedición 371 (Programa Integrado de Descubrimiento del Océano) a Zelanda. Laia Allegret

En él se perfora el fondo del mar con cilindros huecos para extraer rocas a miles de metros de profundidad. Material invaluable, estudiado por equipos científicos internacionales.

Las muestras encontradas han permitido reconstruir la historia del continente desde que se separó de Australia y la Antártida hace 80 millones de años. Ahora sabemos que hubo un tiempo en que Zeelandia emergió de las aguas y había tierra firme, cubierta de vegetación. Y otros en los que se hundió a miles de metros de profundidad.

Al igual que los toboganes de agua, estos grandes movimientos verticales están asociados con la tectónica de placas. Las mismas fuerzas formaron el Anillo de Fuego del Pacífico, en el que se encuentra Zelanda. Es la zona del planeta con más volcanes y terremotos, que tienen efectos a largo plazo en el clima global.

Las muestras de Zealandia también siguen proporcionando una gran cantidad de datos sobre el clima pasado que nos permitirán mejorar los modelos climáticos.

Bibliotecas de piedra submarinas

Las rocas extraídas del fondo del océano son una biblioteca de la historia del clima de Zelanda durante millones de años: el clima en un momento determinado se puede inferir del tipo de sedimento, su estructura, su composición y los fósiles que contiene.

Los isótopos de algunos elementos que forman las rocas y los fósiles, como el oxígeno, el carbono o el neodimio, también aportan información sobre aspectos relacionados con el clima. Así, por ejemplo, se puede deducir la temperatura del agua, la productividad biológica o las corrientes oceánicas.

Finalmente, el cambio climático se estudia analizando capas que se han ido depositando sucesivamente a lo largo del tiempo. Además de las transformaciones graduales, en Zelanda se han observado varios ejemplos de calentamiento que se consideran geológicamente rápidos. Estos cambios repentinos dejan huella, por ejemplo, en el tipo de sedimento depositado en el fondo marino y también provocan cambios en los ecosistemas marinos.

Importancia científica de Zelanda

La investigación de Zealandia reveló que hace entre 41 y 53 millones de años, durante el Eoceno, ocurrieron varios eventos de calentamiento de diferente velocidad y magnitud. La respuesta de los ecosistemas marinos fue diferente, dependiendo del aumento de temperatura. Estos datos nos permiten mejorar los modelos y predecir las consecuencias de diferentes escenarios de cambio climático previstos para un futuro próximo.

El calentamiento observado hace 52 millones de años es particularmente interesante porque revela cambios inesperados en las corrientes oceánicas. Por ejemplo, la llegada de una nueva masa de agua profunda ha erosionado el fondo del océano y favorecido a los organismos marinos que se benefician de las intensas corrientes. Entonces, la composición química de los fósiles de peces revela que esta nueva masa de agua profunda se formó cerca de la Antártida.

Este es un hecho difícil de explicar en un “planeta invernadero”, sin hielo permanente, porque el agua debe enfriarse en la superficie para volverse lo suficientemente densa como para hundirse. Este descubrimiento desafía nuestra comprensión de la circulación oceánica en el mundo de los invernaderos, hacia la que nos dirigimos actualmente.

Comprender estos mecanismos pasados ​​es fundamental para predecir y mitigar los efectos del cambio climático futuro, ya que el océano juega un papel fundamental en la distribución del calor en nuestro planeta.

La investigación sobre este continente hundido en el Pacífico plantea nuevas preguntas sobre cómo funcionaban los océanos en un mundo más cálido y nos invita a repensar nuestros modelos climáticos actuales.


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