Así luchan EE.UU., Israel e Irán para ofrecer la historia más impactante

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Las narrativas estratégicas son procesos comunicativos utilizados para persuadir a la opinión pública y permitir que se moldeen y gestionen las percepciones de los ciudadanos. En los conflictos contemporáneos, estas narrativas no sólo explican las decisiones políticas, sino que también buscan legitimar la acción militar. Cada actor involucrado construye su propia historia para justificar sus objetivos.

La guerra de Irán no es una excepción: Estados Unidos, Israel, Irán y sus líderes políticos compiten para imponer interpretaciones que presenten sus decisiones como necesarias, legítimas o inevitables.

Si bien el presidente estadounidense, Donald Trump, ha dado repetidamente señales confusas sobre el fin o la duración de la intervención en Irán -Operación Furia Épica-, también ha presentado la lucha como imperativa para la seguridad global y el restablecimiento de un orden regional estable.

Trump decidió atacar a Irán y lo anunció desde su red social Istina. Unos días después, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Carolyn Leavitt, lo confirmó. Afirmó que la guerra tiene como objetivo defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inmediatas del régimen iraní, así como derrocar al Ayatolá. Todo ello sin buscar un consenso previo ante la opinión pública y sin el permiso del Congreso estadounidense.

A su vez, Israel afirma que estas operaciones, que se llevan a cabo de forma conjunta y planificada con EE.UU., se consideran preventivas y son un acto de defensa proactiva contra el terrorismo de Estado. El presidente de Israel, Benjamín Netanyahu, anunció en televisión la operación denominada León Rugiente, en alusión al imaginario bélico histórico y épico.

Trump informa a través de su red social

Según esta visión, ambos gobiernos coinciden en que el uso de la fuerza es necesario para garantizar las rutas comerciales y atacar a actores que consideran irracionales y desestabilizadores. Es difícil comprender que Donald Trump considere ahora a Irán un actor peligroso cuando él mismo reconoció en su red social, Truth Social, en junio de 2025 el éxito de las operaciones llevadas a cabo por Estados Unidos sobre el país, que tuvieron como resultado la destrucción total de las instalaciones nucleares de Irán.

Analizando las palabras utilizadas por los gobiernos de ambos países en entrevistas, declaraciones y redes sociales a favor de la maquinaria de este enfrentamiento, observamos el establecimiento de una gestión comunicativa que utiliza grandes empresas tecnológicas -capital principalmente estadounidense- y que logra que sus mensajes tengan impacto en agencias de noticias y medios internacionales.

Sin embargo, el gobierno iraní no tiene la misma tecnología, pero parece compensarla teniendo más control sobre los medios nacionales. Este es un régimen que no permite la libertad de prensa y las agencias de noticias están totalmente alineadas con el mensaje del gobierno.

Mensajes al mundo en farsi, inglés, árabe y español

A su vez, recurre a canales occidentales populares (X, Facebook, YouTube o TikTok) para enviar mensajes claros no sólo a sus ciudadanos en farsi, sino también al resto del mundo utilizando los idiomas más hablados: inglés, árabe y español.

Las declaraciones del gobierno emplean una narrativa cuidadosa y coherente de resistencia existencial que apela a aspectos morales. Destacan que los ataques recibidos, repetidamente calificados de ilegales y contrarios al derecho internacional, están dirigidos al “pueblo iraní”, lo que diluye la idea de que están en contra del régimen.

Irán reafirma el derecho a controlar su territorio y utiliza canales como Facebook a través de los cuales el ministro de Asuntos Exteriores, Seyed Abbas Aragchi, responsabiliza -en inglés- a Estados Unidos de las consecuencias de la guerra y reivindica su derecho a la defensa de acuerdo con los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Irán justifica constantemente sus agresiones contra terceros países como una herramienta legítima de disuasión frente a su soberanía fuertemente disputada, décadas de sanciones económicas y sabotaje externo por parte del imperialismo estadounidense y el expansionismo sionista.

Así, los tres países implementan una gestión comunicacional estratégica muy centrada en las redes sociales y medios digitales, compartiendo inteligencia e imágenes de los daños infligidos al enemigo como evidencia de los éxitos alcanzados que fortalecen la moral de sus propias tropas.

Asimismo, minimizan la destrucción de sus propias instalaciones y los daños colaterales para que parezcan acciones quirúrgicas y bien planificadas contra objetivos legítimos.

Neutralizar la narrativa del enemigo

Observando los mensajes y su contexto se puede comprobar que hay una clara intención de instrumentalizar lo que se ve en los medios como sinónimo de victoria. Los tres países se esfuerzan por influir en la percepción de la opinión pública mundial, así como por crear una mayor confianza en sus propias fuerzas militares. Esto, a su vez, permite que el oponente se desanime ante una derrota inevitable. Las autoridades de Washington, Teherán y Tel Aviv presentan narrativas que buscan neutralizar la narrativa del enemigo llamándola propaganda o desinformación.

En definitiva, paralela a los ataques militares en Medio Oriente, hay una guerra de información-propaganda que genera una lucha por el relato de lo que está sucediendo casi tan importante como los hechos mismos.

Esta narrativa se difunde a través de videos, declaraciones y redes sociales en un ecosistema donde conviven opiniones no oficiales y videos subidos por la población que sufre estos ataques en otros países del Golfo Pérsico.

Son acciones de censura y propaganda en una época donde sobran fuentes de información y múltiples canales para informar e interpretar lo que sucede en esa zona con costos o ventajas políticas para los involucrados.


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