Contra la ley de la selva: una alternativa cosmopolita a la geopolítica de las superpotencias

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Si el fin de la Guerra Fría significó el fin de un mundo estructurado bipolar -Estados Unidos contra la Unión Soviética-, el unipolarismo, que varios presidentes de Estados Unidos quisieron imponer desde George Bush, está visiblemente colapsando, si no completamente resquebrajado.

En un contexto cada vez más multipolar, el cuestionamiento de determinadas fronteras internacionales y la multiplicación de los conflictos bélicos apuntan a un revisionismo geopolítico que busca implementar una visión pluricéntrica para la que aún no se dispone de las herramientas adecuadas.

Las relaciones internacionales están cambiando y cada vez es más evidente el tono involucionista, una cierta vuelta al pasado plasmada en la aparición de oscuras figuras autoritarias y el recurso a crueles guerras de anexión como forma de resolver los conflictos entre naciones.

El derecho internacional ha saltado por los aires

Al menos desde que Rusia invadió Ucrania, Israel invadió la Franja de Gaza y Estados Unidos intervino militarmente en Venezuela, vivimos en un mundo donde la fuerza brutal pisotea sin escrúpulos el Estado de derecho y donde los principios democráticos son una enorme tontería.

Todos estos graves ataques sientan un precedente peligroso que socava el derecho internacional. Esto es así en la medida en que demuestran claramente que los estándares mínimos que la humanidad se ha fijado para evitar el abuso de la supremacía del más fuerte y resolver pacíficamente las disputas que puedan surgir entre las naciones pueden ser violados con impunidad. La guerra fue rehabilitada como instrumento legal para la resolución de conflictos.

Se multiplican los intentos de debilitar e incluso socavar el orden internacional, que hasta ahora se ha regido por un sistema de reglas iguales para todos y de instituciones multilaterales reconocidas. No sólo el poder está reemplazando a las reglas, sino que la fe en los valores universales y el compromiso con la idea de una comunidad internacional han disminuido significativamente. En lugar de cooperación, prevalece la confrontación: menos cooperación interestatal y más competencia estratégica.

Vuelve así con fuerza el esquema geopolítico de la política de poder, es decir, el del mundo hobbesiano en el que la expansión territorial se convierte en el principal objetivo de las potencias hegemónicas. Además, en ocasiones parece vislumbrarse un retorno al nuevo-viejo orden basado en la ley de la jungla, en el que un número limitado de países grandes operarían sin restricciones dentro de sus esferas de influencia.

Immanuel Kant pasa el testigo a Karl Schmidt, y su noción de “grandes espacios” imperiales parece adquirir una importancia nueva e inquietante.

El cosmopolitismo como alternativa

El renovado interés por el cosmopolitismo experimentado en el período posterior a la Guerra Fría iba a ser una respuesta difícil al malestar causado por el impacto de la globalización. Su visión del mundo como un todo, como un único horizonte compartido, y la posterior expansión del espacio político fueron más que relevantes para comprender los grandes cambios sociales que se estaban produciendo en todo el planeta.

Aunque rechazado por la gran mayoría de los líderes mundiales actuales, el ideal cosmopolita conserva no sólo un amplio atractivo como marco interpretativo, sino que su componente normativo central se presenta como una forma sugerente de abordar y responder a grandes desafíos que tiene en cuenta las perspectivas de otros más allá del propio contexto inmediato.

Sin embargo, estamos siendo testigos de ciertas formas de gestionar las crecientes interdependencias y los procesos transnacionales asociados a la globalización, que no sólo limitan en la práctica la legítima autonomía de los Estados soberanos, sino que también generan un progresivo colapso democrático de las instituciones políticas.

Democracia más allá de las fronteras nacionales

La urgencia de articular respuestas más democráticas e inclusivas a los desafíos que plantea la globalización corresponde a gran parte de las tesis planteadas por autores tan distinguidos como Jürgen Habermas o Luigi Ferraglioli en las últimas décadas. Ambos están convencidos de la necesidad de la construcción y organización democrática de una sociedad cosmopolita, una sociedad en la que todos los seres humanos se sientan ciudadanos y se comporten como tales para responder a los desafíos de un mundo efectivamente globalizado.

Sin embargo, son muy conscientes de que uno de los primeros obstáculos sería la resistencia de los Estados nacionales a transferir los derechos de soberanía a organizaciones supranacionales.

A diferencia de las respuestas que da el realismo político, que confunde lo realmente existente con lo posible, estos autores nos presentan fórmulas revolucionarias y exigentes. Su compromiso con el universalismo, los derechos humanos y las instituciones de gobernanza global que los protegen es, muy probablemente, una de las grandes causas no sólo de nuestro presente, sino también del futuro. La rareza de la historia determinará si esas ideas también están llenas de futuro.

Teniendo en cuenta las circunstancias actuales que no son nada favorables al cultivo de la utopía, circunstancias en las que la atrofia de la imaginación política está rampante, hay que apreciar que hay quienes todavía son capaces de imaginar una sociedad internacional razonablemente diferente de la que realmente existe, una sociedad plural abierta a la alteridad, que gravita en torno a la discusión y el consenso, el consenso y el consenso, conscientes de su consenso y su consenso. contradicciones.

Precisamente en estas circunstancias es urgente exigir un sentido ampliado del deber de justicia que tenga en cuenta los intereses de todas las personas que habitan el planeta Tierra, una comprensión de la justicia que vaya más allá del terreno limitado de cada sociedad cerrada dentro de sus propias fronteras.

Juan Carlos Velasco es autor de Anatomía de la Frontera (Madrid: Tecnos, 2025). Su próximo libro se titulará Democracia sin fronteras (Madrid: Trota, 2026).


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