Si abres la revista estadounidense The New Yorker una semana cualquiera, encontrarás que la sección “Gritos y Murmullos” suele estar ilustrada por la española Luci Gutiérrez, Premio Nacional 2023.
Su vinculación con la publicación neoyorquina se remonta a un viaje que realizó a esa ciudad, tras estudiar ilustración en la Escola Massana, con el objetivo de aprender inglés. Además de lograrlo (al menos lo suficiente como para publicar una gramática sobre la lengua), esta experiencia acabó convirtiéndose en la puerta de entrada a la prensa estadounidense. Así, empezó a colaborar con medios de gran prestigio como la citada revista, The New York Times y The Wall Street Journal.
Gutiérrez, nacida en Barcelona en 1977, también ha ilustrado numerosos libros -desde álbumes infantiles hasta títulos sexualmente explícitos- y obras más personales en las que explora su visión del mundo y sus propios miedos. En varias de estas obras, la representación de las mujeres y el género como sistemas de opresión son ejes centrales.
Ilustradores en la España del siglo XX
Para contextualizar su lugar en la ilustración española conviene hacer un recorrido histórico.
La visibilidad profesional de la mujer en este ámbito se remonta a mediados del siglo XX. Hablamos de autoras nacidas a finales del siglo XIX o principios del XX, como Carmen Bárbara o Purita Campos, centradas principalmente en la ilustración infantil o dirigidas a un público femenino. Sin embargo, algunos también participaron en la creación de carteles con contenido político.
En esta primera ola encontramos la figura pionera de Nuria Pompeia, nacida en 1931. Pompeia introdujo cambios significativos en el discurso icónico y textual y luchó explícitamente por sacar del silencio a las autoras, desafiando el modelo sexista que las mantenía invisibles.
La situación de la mujer fue un tema transversal de su obra. Uno de sus logros más significativos ha sido conectar con un público femenino, al que tradicionalmente el sector ha relegado a la prensa sensacionalista o al cómic para chicas. Pompeya ofrecía representaciones reales de la mujer en los titulares que hasta entonces no habían sido consideradas.
Una caricatura de Nuria Pompeyo. Instituto Quevedo del Arte del Humor.
En este primer grupo también se incluyen ilustradoras autodidactas como Montse Clavé o Marika Villa, fuertemente asociadas al activismo feminista.
En los años 80 surgió una segunda oleada de dibujantes formados en talleres de arte reglados, como Isa Feu, Pilar Herrero, Laura Pérez Vernetti, Marta Guerrero o María Colino. Aunque se distancian de las demandas feministas explícitas, las mujeres y la sexualidad están fuertemente presentes en su trabajo.
Su producción destaca por su libertad creativa y estilística. Probablemente gracias a su tono erótico consiguen publicar en revistas de gran tirada y público predominantemente masculino como El Jueves o El Víbora. Este giro hacia el erotismo y la pornografía coincide con el clima sociocultural marcado por el hedonismo y el individualismo en los años 80 y 90 en España. Estas décadas se consideran menos políticas y el feminismo a menudo se consideraba obsoleto.
Llega Luci Gutiérrez
La situación actual de la mujer en la ilustración ha cambiado notablemente y hoy en día existen un número importante de ilustradoras de prestigio. Entre ellos se encuentra Luci Gutiérrez, con un estilo personal, clásico y carente de arte, centrado en la idea y el concepto.
Su carrera revela una clara preocupación por el género como sistema de dominación patriarcal. Esto se ve en la representación de mujeres diversas y a veces poderosas o incluso violentas, en consonancia con su humor negro. Aunque no puede considerarse una activista en sentido estricto debido a su flexibilidad profesional, en sus proyectos personales aparece una visión crítica de las desigualdades.
Esto se puede comprobar, por ejemplo, en dos de sus libros ilustrados: El inglés no es fácil y Mujeres y hombres.
Gramática en un libro ilustrado.
English Is Not Easy surge de sus dificultades con el inglés durante su estancia en Nueva York. El libro funciona como un manual lingüístico atípico que mezcla conceptos e ideas que desafían las convenciones de un compendio de lecciones de gramática. Su estilo visual se basa en la sencillez formal, el predominio de la línea y una paleta muy controlada. La obra utiliza únicamente el blanco, el negro y el rojo, recurso cromático habitual en su carrera, que en ocasiones complementa con tonos vivos como el verde o el amarillo para enfatizar determinados elementos.

Lucy Gutiérrez
En este libro combina ilustraciones inocentes con viñetas de humor negro o gran crítica. Un ejemplo destacable es la ilustración dedicada a los poseedores, donde aborda los asesinatos machistas y la percepción de algunas mujeres como propiedad.
El libro incluye numerosas escenas sobre las relaciones entre mujeres y hombres desde diferentes perspectivas y destaca la diversidad de cuerpos, edades y roles entre los personajes femeninos. Sus figuras apenas contienen detalles adicionales y no tienen fondo, lo que potencia la claridad del mensaje a través de poses y gestos expresivos.
Otra constante en su estilo es la combinación de lo cotidiano y lo monstruoso o fantástico, a través de juegos de escala, hibridación y manipulación visual relacionados con el texto. Muchos de los dibujos presentan a mujeres que exploran su sexualidad o se representan con características sexuales expuestas, mientras que el cuerpo masculino a menudo es objeto de sarcasmo al asociarlo con temas de masculinidad. El tema se aborda con naturalidad y libertad.

Imagen del inglés no es fácil de Luci Gutiérrez. Lucy Gutiérrez
En relación al género como sistema de opresión, Gutiérrez expresa una preocupación recurrente por las limitaciones impuestas a los modales de las mujeres, ya sea representando personajes conformes a mandatos sociales o representando figuras femeninas realizando acciones consideradas reprobables o contrarias a los estereotipos.
Años 70 y siglo XXI
Mujeres y Hombres es otro libro, cuyos autores son diferentes. Concebido originalmente en 1977 y 1978, el libro aborda el machismo y las desigualdades de género para un público infantil y juvenil. Media Vaca lo reeditó en 2015 como parte de la colección “Libros para el mañana”, dado que el texto sigue siendo relevante.
Como ilustrador, Gutiérrez incluye aquí, además del blanco, el negro y el rojo, un tono verde complementario, pero evita asignar cada color a un género específico. El texto es directo y didáctico, y su aporte gráfico es particularmente significativo por las metáforas visuales que refuerzan y contextualizan el mensaje. Uno de los ejemplos más impactantes muestra simultáneamente la resistencia de las mujeres al sistema que las oprime y el mandato de género como una carga para los propios hombres.

Ilustración de mujeres y hombres. Medio Cov
El libro también aborda la participación desigual de las mujeres en la toma de decisiones globales a través de una escena en la que cuatro líderes masculinos se pasan una pelota que simboliza el poder, mientras una mujer apenas logra acercarse. En el ámbito laboral, representa a cuatro mujeres que literalmente sostienen la mesa sobre la que descansa el gerente, metáfora del trabajo invisible que permite el éxito masculino.
Gran parte del contenido se centra en la educación diferenciada, los roles, los juegos y los diferentes comportamientos de los adultos hacia niñas y niños, aspectos que la artista presenta con gran precisión expresiva.
Como vemos, la inteligencia, el humor y el ingenio de Luca Gutiérrez para traducir las ideas en imágenes explican el amplio reconocimiento alcanzado.
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