El impacto de la nueva directiva europea sobre aguas residuales en la industria española

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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El inicio de 2026 representa una gran cantidad de objetivos personales y profesionales. Y entre ellos, no hay que olvidar aquellos a los que se enfrentará la sociedad y la industria española con la implantación de la Directiva Europea de Aguas Residuales 2024/3019.

El texto de la nueva normativa, redactado en noviembre de 2024, obliga a los Estados miembros a transponerlos a nivel nacional a principios de 2026. Todos los sectores del sector deben estar preparados, desde la administración hasta los instaladores y los ingenieros industriales.

En España nos encontramos ante una legislación obsoleta en materia de vertidos, tanto industriales como urbanos. Así como la sociedad cambia en todos sus aspectos, también lo hacen sus efluentes y aguas residuales. La nueva directiva mejorará su uso y regulación.

Para que la norma se implemente correctamente, los ingenieros y técnicos especializados en agua deben proporcionar formación e información a los industriales no sólo a nivel legal, sino también técnico y preventivo.

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¿Cuál es el alcance del reglamento?

El agua y sus vertidos industriales y domésticos representan desafíos técnicos, ambientales y de salud pública. E incluye el tan estudiado y analizado ciclo del agua: los contaminantes producen efectos directos sobre los recursos de agua potable para el consumo humano y sobre nuestra salud.

Las industrias, independientemente del sector, llevan a cabo mejoras continuas en sus regímenes productivos no sólo a nivel de proceso, sino también de aditivos y sustancias que mejoran dicho proceso y el producto final. La legislación europea fomentará este control caso por caso, centrando la atención en nuevos contaminantes y emisiones peligrosas.

Las empresas y las industrias tendrán que justificar qué publican, cómo y por qué. Y los ingenieros químicos tienen que jugar un papel decisivo: analizan el proceso industrial, lo evalúan en su origen y proponen matrices de riesgos y medidas correctoras adaptadas a cada proceso.

La formación multidisciplinar será decisiva para el análisis de las desviaciones, y la implementación de mejoras correctivas formará parte del día a día y del aprendizaje de todos.

Nuevos contaminantes: de nuevo en el punto de mira

Conocemos la presencia de microplásticos desde hace años. Se trata de contaminantes que no se ven, pero que crean un riesgo acumulativo para la sociedad, con daños aún mal estimados. En la mayoría de los casos, los aditivos utilizados para mejorar sus propiedades provocan estos efectos adversos. Hablamos, por ejemplo, del bisfenol A, un disruptor endocrino que se encuentra en numerosos productos de consumo, incluidos los envases de alimentos.

Por ello, entre otras pautas, la nueva normativa exige que se evalúen y analicen medicamentos, hormonas (que, por ejemplo, se liberan al medio ambiente tras tratamientos de salud) y productos de higiene personal. Esto implicará mejoras en los análisis químicos y técnicas instrumentales y aumentará los costes para las empresas y laboratorios. Los contaminantes comunes como la DQO, el nitrógeno, los aceites y las grasas también serán objeto de un mayor escrutinio, y los niveles permitidos para todos ellos se volverán más restrictivos.

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Más control significa más transparencia

Además, con la nueva norma aparecen los llamados “tratamientos cuaternarios”, una etapa avanzada del tratamiento de aguas residuales destinada a eliminar los contaminantes emergentes.

Desde hace años, las ciudades depuran las aguas residuales procedentes de plantas depuradoras, que tras pasar por una red especial se distribuyen para diversos fines, principalmente para riego y lavado. El Reglamento 1085/2024 sobre valorización de aguas, que vio la luz en 2024, supuso una actualización consolidada en España, contribuyendo a una mayor concienciación en la evaluación y control de riesgos. Si bien su uso se ha fomentado principalmente en el ámbito administrativo a través de redes de distribución de agua regenerada para riego y lavado, la complejidad de su implementación y desarrollo representa un problema tangible a nivel empresarial.

La necesidad de erradicar contaminantes de carácter muy recalcitrante (difíciles de degradar), que no pueden eliminarse con las plantas depuradoras existentes, implica el uso de tratamientos de oxidación avanzados, también llamados AOP. Entre este tipo de procesos destacan las tecnologías Fenton y de membranas (electrodiálisis, pervaporación y filtración final con membranas porosas y/o compactas), que representarán nuevas direcciones de investigación que asegurarán la continuidad de las anteriores.

El establecimiento de este tipo de tratamientos ya no se reducirá a un estudio a escala de laboratorio, será una realidad que podrá implementarse a escala industrial. La nueva directiva implica la comunicación de los datos de las instalaciones a la administración. Este flujo de información no debe considerarse una debilidad de la industria, sino una fortaleza para todos y el avance de la ingeniería del agua y sus tratamientos avanzados.

El seguimiento, análisis y depósito de datos formarán parte de estudios que establecerán soluciones preventivas ante futuras desviaciones. El aprendizaje automático puede ser una buena herramienta junto con el big data para obtener modelos predictivos. Y, con esta evidencia, quien contamina debe pagar.

A pesar de todos los efectos que tienen en las empresas, estos cambios legales no deben verse como insostenibles o punitivos para el régimen operativo habitual de las plantas de tratamiento de aguas residuales, sino más bien como una oportunidad para que la ingeniería química y del agua se adapte al desafío de modernizar la infraestructura y la legislación obsoletas, crear empleos verdes y promover la salud pública y el desarrollo tecnológico.

En unos meses podremos tener un diagnóstico de dónde se encuentra nuestro país en materia de control de aguas residuales.


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