En busca de la ‘desensibilización’: así funciona la inmunoterapia oral para las alergias alimentarias

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Es probable que algunos de los amigos, sobrinos o nietos de tus hijos, o ellos mismos, sean alérgicos a determinados alimentos. Es un problema cada vez más común y con mayores consecuencias sociales y de salud entre los menores.

En la primera infancia, la alergia a la leche de vaca y al huevo es la más común: según las distintas técnicas de valoración, puede afectar a entre el 0,09 y el 1,84% de la población pediátrica. Los pacientes corren el riesgo de sufrir reacciones adversas graves (anafilaxia) o incluso desenlaces mortales y deben someterse a estrictas dietas de evitación que se asocian con un deterioro de la calidad de vida tanto del niño como de sus familiares.

Detección y tratamiento

Para realizar el diagnóstico, el paciente debe presentar síntomas compatibles, como picor en la boca, aparición de urticaria u otros, en un periodo corto (menos de dos horas) después de comer. Además, se debe confirmar mediante pruebas de alergia, basadas en pruebas cutáneas (aplicación de extracto alérgeno mediante gotas y punciones superficiales para ver si se producen reacciones cutáneas), detección en suero del anticuerpo determinante en su mecanismo (inmunoglobulina E específica -IgE-) y, en algunos casos, pruebas que aumentan la cantidad del fármaco para uso oral o en algunos casos.

El tratamiento suele consistir en suspender el alimento causante de la alergia y proporcionar educación y formación tanto al paciente como a sus familiares para controlar los síntomas si el afectado se expone accidentalmente al alimento. Además, se debe seguir la evolución de las pruebas de alergia, porque el 50-60% de los niños dejarán de ser alérgicos espontáneamente a los 6-8 años. En casos más graves, lo más probable es que se trate de una alergia persistente.

El truco de la inmunoterapia

En los últimos años, se han desarrollado nuevas estrategias terapéuticas para reducir el riesgo de una reacción y reintroducir activamente alimentos problemáticos en la dieta del paciente. Entre ellos, la inmunoterapia con alimentos es la más establecida. Según guías clínicas internacionales, está indicado en alergias alimentarias persistentes con baja probabilidad de resolución espontánea.

Consiste en dar dosis crecientes de alimento con el fin de aumentar la cantidad de leche o huevos que el paciente puede tomar sin reacciones adversas manteniendo la terapia. Se puede administrar por 4 vías: la vía oral, que es la más estudiada y utilizada (y en la que nos centraremos), la vía sublingual y la vía subcutánea y epicutánea (a través de la piel). Los dos últimos sólo se han utilizado en ensayos clínicos.

Aumento progresivo de la dosis de alimento.

El tratamiento de inmunoterapia oral (ITO, en adelante) suele iniciarse con dosis muy bajas y se van aumentando progresivamente en el centro de salud (“fase de inducción”) hasta que se produce la “desensibilización”. Se consigue mayoritariamente con 200-250 ml de leche de vaca o un huevo crudo o poco cocido, según el tipo de alergia. Esta fase puede durar desde unos días hasta unos meses, ya que algunos protocolos prevén un aumento de la dosis diaria, mientras que otros, más conservadores, aumentan semanalmente o en intervalos de tiempo más largos.

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Una vez que el paciente sea capaz de tomar la dosis objetivo determinada en la fase de inducción, entrará en la “fase de mantenimiento”. Luego consumirás los alimentos en casa diariamente o cada 48 horas para poder comer otros productos que contengan leche o huevos. La fase de mantenimiento es crónica y el paciente debe consumir alimentos con una regularidad establecida para seguir beneficiándose de la terapia.

Efectividad probada

En estudios publicados sobre inmunoterapia oral con leche de vaca, por ejemplo, el tratamiento muestra tasas de eficacia muy superiores a las observadas en pacientes que no lo realizaron (69,6% frente a 17,5%).

Otra cosa a considerar es que la eficacia de la ITO está claramente relacionada con la gravedad de la alergia. En un estudio realizado en España dividieron a los niños alérgicos a la leche de vaca en tres grupos según este criterio (bajo, medio y alto). Se vio que cuanto más grave era la alergia del paciente, más dificultad tenía para beneficiarse del tratamiento y más eventos adversos o reacciones alérgicas padecía. Esto indica una correlación inversa entre la eficacia de la ITO y los valores de alergia/sensibilización.

Por otro lado, algunos estudios han utilizado la leche horneada (un tipo de bollería) como primer paso en la ITO, ya que el calor desnaturalizaría algunas de las proteínas de la leche de vaca, haciendo el tratamiento más seguro. Aunque los resultados son alentadores, estos trabajos no son lo suficientemente concluyentes como para recomendarlo con las mismas garantías que el ITO convencional.

A tener en cuenta

Como cualquier tratamiento, la ITO no está exenta de efectos adversos. En contacto con alimentos que causan alergia, pueden ocurrir reacciones leves, como picazón en la boca o urticaria en la piel (con mayor frecuencia), hasta reacciones graves como anafilaxia, que requiere el uso de adrenalina y atención de emergencia. Con menos frecuencia, pueden producirse cambios en el tracto digestivo como la esofagitis eosinofílica, que suelen desaparecer al suspender el tratamiento.

Debido a que las reacciones son más comunes en la fase de inducción, es muy importante que la inmunoterapia se realice siempre en hospitales o centros médicos con personal sanitario debidamente capacitado. A pesar de las respuestas adversas, es importante considerar que la ITO implica cambiar rutinas muy exigentes para el paciente y su familia, para garantizar que el tratamiento de seguimiento en casa se realice de forma segura.

En resumen, la inmunoterapia oral se ha utilizado durante varias décadas y ha demostrado una relación riesgo-beneficio favorable, ayudando a mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias. En caso de reacciones adversas graves, es muy importante que la fase de introducción se realice siempre en centros especializados y bajo la supervisión de un equipo profesional sanitario.


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