Hace unos días, The Guardian publicó una fuerte advertencia: según Yvette Cooper, ministra del Interior británica, gobiernos extranjeros, con Rusia como actor destacado, están difundiendo vídeos falsos generados por inteligencia artificial para debilitar el apoyo occidental a Ucrania y fomentar la división en los países europeos.
Estas campañas no son simples maniobras propagandísticas. Son parte de una estrategia de desinformación más amplia cuyo impacto va más allá de la política. La desinformación, especialmente cuando se utiliza inteligencia artificial generativa, se convierte en un riesgo económico estructural.
La desinformación suele interpretarse como un fenómeno social, político o cultural. Sin embargo, cada vez más investigaciones indican que tiene efectos directos en la economía real. La erosión de la confianza, la polarización social, los retrasos en las decisiones de inversión, la desestabilización del mercado laboral y las dificultades para aprobar políticas públicas efectivas crean un costo económico cada vez mayor.
La confianza, un activo económico en rápido deterioro
La confianza no es una abstracción moral sino un recurso económico con un impacto directo en el crecimiento. Investigadores como Robert Putnam y Luigi Guiso han demostrado que los países con mayores niveles de confianza interpersonal e institucional logran mejores resultados en inversión, productividad e innovación. Las instituciones internacionales también lo reconocen: el Banco Mundial incluye la calidad institucional y la confianza en sus análisis de gobernanza.
La desinformación está degradando rápidamente este recurso. Cuando los ciudadanos dudan de la autenticidad de lo que ven, oyen o leen, desaparece el consenso mínimo que permite la coordinación de las decisiones económicas.
Fuente: Behavioral Science and Policy, Insights from the OECD Trust Survey 2021, proporcionado por el autor (no reutilizado)
La evidencia económica respalda este efecto: la OCDE ha demostrado que una disminución de la confianza en las instituciones, uno de los primeros efectos de un entorno de información contaminada, aumenta la incertidumbre, reduce la eficacia de las políticas públicas y ralentiza las decisiones de inversión. Su informe “Confianza y Políticas Públicas” ofrece un análisis detallado de cómo la erosión de la confianza afecta el desempeño económico.

Porcentaje de población que considera probable o improbable que el Gobierno adopte las opiniones recogidas en la consulta pública (2023). Fuente: OCDE, Encuesta sobre los impulsores de la confianza en las instituciones públicas – Resultados de 2024, proporcionados por el autor (no reutilizar)
A esto se suma un creciente conjunto de investigaciones que muestran cómo la desinformación erosiona variables económicas clave. Un modelo desarrollado por el investigador y profesor japonés Taiji Harashima muestra que la difusión de información falsa reduce la confianza mutua, necesaria para la coordinación de expectativas y productividad. El Informe Internacional 2024 concluye que la desinformación debilita la legitimidad institucional y dificulta la implementación de políticas públicas. En Europa, un informe del observatorio de medios digitales IBERIFIER documenta cómo la degradación del ecosistema de la información está exacerbando las tensiones y afectando directamente a la gobernanza.
Cuando la confianza se erosiona, la economía pierde uno de sus fundamentos: la previsibilidad. Invertir, contratar o innovar se vuelve más difícil en sociedades que ya no comparten una base común de hechos.
Cuando una mentira se vuelve viral, la economía se da cuenta
La IA generativa ha transformado la escala y la velocidad de la desinformación. Ya no hay necesidad de una compleja maquinaria de propaganda. Se estima que las inmersiones profundas crecerán un 550% entre 2019 y 2023, lo que ilustra hasta qué punto ha aumentado la capacidad de producir manipulación digital.
Un vídeo realizado en segundos que simula declaraciones inexistentes es suficiente para cambiar la conversación pública. Un ejemplo reciente es un vídeo del expresidente estadounidense Joe Biden, publicado durante la campaña presidencial de 2024, que mostraba un futuro caótico bajo un hipotético segundo mandato de Biden. Este tipo de materiales buscan sembrar miedo, manipular la opinión pública, modificar los programas de los medios, aumentar las tensiones políticas y socavar la confianza pública.
El vídeo, generado por inteligencia artificial, fue ampliamente compartido en las redes sociales antes de que se confirmara que era falso y formaba parte de un patrón más amplio de manipulación de información durante la campaña.
Incertidumbre creciente y menor inversión
La inversión depende de la previsibilidad y estabilidad del medio ambiente. La proliferación de vídeos falsos, audios manipulados o campañas coordinadas introduce ruido informativo y aumenta la percepción de riesgo.
Según un análisis de la consultora Deloitte, los países con mayores niveles de confianza tienden a tener un mayor crecimiento del PIB per cápita, y un aumento de diez puntos porcentuales en la proporción de personas que confían puede aumentar el crecimiento anual real del PIB per cápita en aproximadamente medio punto porcentual.
Es decir, pequeñas variaciones en la confianza social pueden tener efectos acumulativos significativos en la economía, haciendo que la desinformación sea un riesgo económico mucho más profundo de lo que parece.
Un riesgo sistémico para un continente ya estresado
Europa se enfrenta a una combinación de desafíos sin precedentes. Envejecimiento acelerado, pérdida de competitividad industrial, dependencia externa de tecnología y energía, tensiones geopolíticas en Ucrania, también en Medio Oriente, y creciente presión migratoria.
En este escenario, la desinformación funciona como un amplificador de la fragilidad. No crea problemas, pero los magnifica hasta convertirlos en crisis.
La advertencia publicada por The Guardian debe leerse en este contexto. La instrumentalización de la mentira con fines geopolíticos se inserta en un contexto donde la desinformación ha sido identificada como uno de los principales riesgos globales. Para el Foro Económico Mundial, la desinformación y la desinformación representan el riesgo más grave a corto plazo a nivel mundial, ya que pueden socavar la cohesión social, intensificar la polarización y aumentar la inestabilidad política en sociedades ya estresadas.

En este sentido, los países que logren fortalecer sus defensas informativas y su resiliencia institucional estarán mejor posicionados para mantener su crecimiento y estabilidad, mientras que aquellos más expuestos a la desinformación podrían experimentar un deterioro de su cohesión social, su atractivo inversor y su influencia internacional.
Qué puede hacer Europa para mitigar el impacto económico
Las respuestas existen y muchas ya están sobre la mesa.
Regulación tecnológica y trazabilidad obligatoria. La Ley de Servicios Digitales y la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea representan avances importantes, pero no son suficientes. La trazabilidad del contenido generado por IA, como las marcas de agua digitales obligatorias, será esencial para evitar la difusión incontrolada de vídeos manipulados.
Educación mediática para toda la población. La alfabetización informacional no debe limitarse a los jóvenes y estudiantes. También es necesaria la formación de adultos, trabajadores y funcionarios públicos. Los países nórdicos ofrecen un ejemplo valioso: en países como Finlandia, la educación mediática está presente desde la infancia y se extiende a lo largo de toda la vida, con políticas públicas que integran la alfabetización mediática en todos los niveles del sistema educativo y en los programas de formación continua de adultos.
Fortalecimiento del ecosistema mediático e informativo. La OCDE y el Foro Económico Mundial han señalado que un periodismo fuerte es un estabilizador económico, no sólo democrático. Apoyar medios rigurosos y fortalecer los mecanismos de verificación ayuda a reducir la incertidumbre.
Políticas públicas que regeneran el capital social
La cohesión social es también una inversión económica. Estudios recientes muestran que las sociedades con mayores niveles de confianza, inclusión y estabilidad institucional tienden a registrar mejores resultados económicos. El análisis en 2025 muestra que la cohesión social tiene efectos positivos directos e indirectos sobre el crecimiento, especialmente a través del aumento de las inversiones. Además, la política de cohesión de la Unión Europea ha documentado históricamente que la reducción de las desigualdades territoriales y sociales contribuye al desarrollo económico sostenible.
Por lo tanto, fortalecer la igualdad de oportunidades, la participación ciudadana y la estructura comunitaria no es sólo una cuestión democrática: es una estrategia económica que aumenta la resistencia a la desinformación y facilita la adopción de políticas públicas efectivas.
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