La elección de Eva Catalan: motivación y ganas

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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A todos nos ha pasado: soñamos con algo especial, grande o pequeño (desde un abrigo bonito y carísimo que esperamos encontrar en oferta hasta un viaje, un ascenso, un trabajo muy deseado, un premio o que determinada persona nos corresponda con su amistad o amor); Durante semanas, meses, tal vez años, es lo primero en lo que pensamos al despertarnos.

Sentimos, sabemos, que nuestras vidas cambiarán cuando lo logremos. Y cuando lo logramos, la verdad es: cambia. Durante unas horas, unos días, unos meses… pero en un momento dado ese objetivo ideal pierde brillo, se convierte en un hábito y ya no nos hace tan felices. Así estamos diseñados. Y tiene un nombre: adaptación hedónica.

Este fenómeno fue descrito por los expertos estadounidenses Philip Brickman y Donald T. Campbell en 1971 Queremos algo, lo conseguimos; Empezamos a querer algo más. Ya en el siglo XVII, el filósofo Spinoza consideraba el deseo como una expresión de la esencia humana.

Y como explica Juan Antonio Moreno Murcia de la Universidad Miguel Hernández en su artículo sobre Propósitos de Año Nuevo, el deseo, el deseo de cosas que no tenemos, es lo que nos impulsa, lo que nos empuja a actuar: el motor de nuestra existencia. Podemos existir sin deseo, por supuesto. Pero es una existencia muy diferente. Con menos sabor, también con un sabor mucho menos desagradable.

Hay diferentes maneras de desear. A la hora de elegir objetivos, motivación o el motivo por el que queremos algo, puedo marcar la diferencia entre perseverancia y procrastinación, satisfacción y frustración. Entonces, cuando establecemos propósitos de Año Nuevo, la clave del éxito no es tanto lo que queremos lograr, sino qué o por qué lo queremos.

Esto tiene implicaciones no sólo a la hora de apuntarnos a un gimnasio, sino también a la hora de elegir una carrera universitaria, estudiar para un examen o decidir un destino de vacaciones. Si el objetivo es extrínseco y superficial (estar más delgado, obtener un título, conseguir reconocimiento externo, lucirse en las redes sociales), es curioso que la motivación pueda flaquear incluso antes.

Esta es una de las razones por las que algunos propósitos de Año Nuevo están condenados al fracaso, o por los que cuando premiamos a un estudiante si saca buenas notas no favorecemos su deseo de aprender ni su deseo de recibir un premio. Además, este tipo de motivación extrínseca conduce más a menudo a la “adaptación hedónica” que mencioné al principio.

Sin restar valor a la gratificación instantánea de llevar un bonito abrigo, estas lecturas nos enseñan que podemos ser intencionales y estratégicos incluso cuando queremos cosas y encontrar motivación en lo que tenemos que hacer, incluso si no las quisiéramos.


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