La guerra en Irán y el fútbol: ¿la diplomacia deportiva silenciará las armas durante el Mundial de 2026?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La última vez que Irán se enfrentó a Estados Unidos en el campo fue en el Stade Gerland de Lyon en 1998. Aquel partido del Mundial de Francia fue un punto de inflexión. Desde la Revolución iraní de 1979, estos países no han tenido deporte presencial y cualquier tipo de relación ha quedado anulada.

Los jugadores de Persia salieron al césped con flores blancas que repartieron entre sus compañeros como símbolo de paz. Se tomaron una foto histórica con sus oponentes y dieron inicio al partido. El partido trajo consigo un fuerte mensaje político: la reconciliación. A esto le siguieron los goles de Hamid Estili y Mehdi Mahdavikia.

Gracias a esos goles, Irán logró ganar el partido con un marcador de dos a uno. Brian McBride marcó el gol americano. La victoria de los persas provocó una celebración masiva en las calles. El partido, que entró en la historia del fútbol del país de Oriente Medio, se convirtió también en un escenario que elevó la diplomacia deportiva al más alto nivel.

Hoy, las relaciones entre los dos países vuelven a estar más que tensas. Los recientes bombardeos contra Irán por parte de Estados Unidos e Israel no sólo han desatado la ira iraní, sino que también han puesto en duda la presencia de su selección nacional en el evento deportivo más importante del año: el Mundial de 2026, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá.

Recientemente, el Ministro de Deportes de Irán anunció que el equipo iraní no aparecerá en el campo. Sin embargo, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) dijo que no había habido ninguna comunicación oficial que sugiriera que se pudiera prohibir a Irán la participación en el evento deportivo.

Esto crea mucha incertidumbre. Aunque el propio Donald Trump fue explícito con Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, cuando le dijo hace unas semanas que recibiría a la selección persa para competir en el torneo, la invitación expresa no inspira ni un ápice de confianza al régimen iraní, que considera al Gobierno estadounidense su peor enemigo.

¿Qué puede hacer la política a un juego?

A lo largo de la historia, el deporte ha sido más que un entretenimiento: es también una expresión política. Esto afecta al fútbol a través de rivalidades, propaganda, sanciones, diplomacia, protestas y decisiones organizativas.

El Mundial de 2026 se celebrará en México, Canadá y Estados Unidos (país donde se jugarán más partidos) y eso ya está condicionando intereses económicos, diplomáticos y de imagen internacional.

No es un asunto menor que algunos funcionarios iraníes afirmen públicamente que no hay garantía de seguridad para sus jugadores. Pero la situación no es más segura ni siquiera para el colega: Irán ha demostrado en esta guerra que no se rendirá y su poder tiene tentáculos. Los hutíes de Yemen, un movimiento chiíta proiraní, no sólo tienen relaciones estrechas e intereses compartidos, sino que también están entrenados por Hezbolá, un grupo guerrillero paramilitar libanés.

Hamás tampoco queda fuera de la ecuación, ya que forma parte del Eje de Resistencia. Al-Qaeda también podría unirse a la lista de enemigos de Estados Unidos, como lo ha hecho en el pasado.

Históricamente, Irán ha estado cerca de grupos terroristas que podrían atacar cualquier evento masivo. Se trata de enemigos que no son tan poderosos como el Estado, pero que actúan como actores peligrosos. Un hecho que EE.UU. ya considera, incluso más que México, que tampoco quedó al margen de la violencia tras el asesinato de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencha.

En aquel momento, el Mundial de fútbol estaba marcado por una situación geopolítica. La guerra parece intentar esconderse bajo la hierba, utilizando el deporte como propaganda. Algo que ya ocurrió en Argentina, con motivo del Mundial de 1978.

En ese momento, Argentina estaba gobernada por la dictadura militar de Jorge Rafael Videla. El régimen argentino utilizó el torneo como cortina de humo para las violaciones de derechos humanos que tuvieron lugar a pocos metros del estadio.

Ante los hechos, algunos deportistas protestaron. Johan Cruyff, el jugador holandés, se negó inicialmente a participar en el evento, aunque luego aclaró sus motivos.

El presentador intenta manchar su reputación.

A menos de cien días del final, el Mundial de 2026 revela un mensaje político. Parece muy posible que Estados Unidos pueda recurrir a una estrategia de “hosting” para mejorar su reputación en el mundo. No en vano estuvo involucrado en varias acciones militares en territorio extranjero, entre ellas la captura de Nicolás Maduro, el asesinato del Ayatolá iraní y “El Mencho” en México. Intervencionismo que en ocasiones choca con la soberanía y el derecho internacional.

Al mismo tiempo, la presión la ejercen decisiones organizativas y sanciones que el equipo iraní tendría que tomar si no asiste. Por todo ello, no se puede descartar que se repita un escenario conciliador, como el que vivieron las selecciones de Irán y Estados Unidos en 1998.

Es posible un duelo entre Estados Unidos e Irán

Si la selección iraní asistiera podría tener la oportunidad de ver a su rival sobre el césped. Irán fue uno de los primeros equipos en conseguir la clasificación en el Grupo G, junto con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda. Estados Unidos jugará en el Grupo D contra Paraguay, Australia y el equipo que se clasifique a los playoffs.

Existe la posibilidad de que ambos equipos se enfrenten en octavos de final, pues el cuadro del torneo prevé un cruce entre el segundo del Grupo D y el segundo del Grupo G. Sólo así asistiríamos a la repetición histórica de aquel mítico partido de 1998.


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