A menudo asumimos que la forma en que respondemos a un comentario grosero dice algo definitivo sobre nosotros: nuestra personalidad, nuestra cultura e incluso el idioma que hablamos. Si alguien reacciona con calma, asumimos que es una persona paciente. Si responde bruscamente, podríamos pensar que tiene mal carácter.
Pero nuestra investigación sugiere que hay algo más inmediato en juego. En momentos de estrés, varios factores interactúan, y cómo nos sentimos “en el momento” a menudo determina nuestra respuesta tanto como (y a veces más) quiénes somos.
En nuestro estudio de 2025, publicado en el Journal of Pragmatics, investigamos cómo responden las personas bilingües a la descortesía en el lugar de trabajo. Nuestros hallazgos desafían una suposición común: que los rasgos estables, como la inteligencia emocional, pueden predecir de manera confiable cómo las personas manejarán las interacciones difíciles.
En cambio, descubrimos que el estado de ánimo actual tiene un efecto mensurable en cómo respondemos a la mala educación, mientras que los rasgos estables son más influyentes en la decisión de interactuar. La inteligencia emocional, como rasgo general, no predijo estas respuestas de la forma que cabría esperar.
Trabajamos con 104 personas bilingües en español e inglés. Los participantes primero completaron un cuestionario para medir la inteligencia emocional. Luego se les indujo a un estado de ánimo positivo o negativo mediante vídeos diseñados para provocar respuestas emocionales. Finalmente, respondieron a diez situaciones laborales que implicaban descortesía tanto en español (su lengua materna) como en inglés (su segunda lengua).
Las situaciones incluían críticas directas, comentarios sarcásticos y formas más sutiles de mala educación, como no agradecer un regalo o no ofrecer comentarios después de una presentación.
Este diseño nos permitió plantearnos tres preguntas clave:
¿La inteligencia emocional afecta la forma en que respondemos a la descortesía?
¿Nuestro estado de ánimo actual afecta nuestra elección de idioma?
¿Reaccionamos de manera diferente en nuestra lengua materna y en nuestra segunda lengua?
Inteligencia Emocional: Menos resolutiva de lo esperado
La hipótesis central era que las personas con mayor inteligencia emocional afrontarían la incivilidad de forma más constructiva. Eso no sucedió. No hubo correlaciones significativas entre las puntuaciones totales de inteligencia emocional y los tipos de respuestas que dieron los participantes.
¿Qué podría ser eso? Nuestros resultados apuntan a una distinción importante: la inteligencia emocional no es lo mismo que la moralidad, el carácter o la adherencia a las normas sociales. Cuando se enfrentaron a la mala educación, es posible que los participantes se guiaran menos por su capacidad para procesar emociones y más por sus códigos morales personales.
Esto fue claramente visible en los comentarios de los participantes con puntuaciones más bajas de inteligencia emocional que optaron por no reaccionar ante la mala educación en absoluto. Sus respuestas incluyeron declaraciones como:
“Es mejor no responder que decir algo de lo que me arrepiento”
“No quisiera rebajarme a su nivel y ser sarcástico”.
En otras palabras, alguien que puede sentir ira y no tiene herramientas para regularla aún podría elegir la moderación debido a sus valores. Desde una perspectiva sociocognitiva, la inteligencia emocional puede influir en cómo las personas evalúan internamente un insulto, pero las normas sociales y la ética personal parecen prevalecer a la hora de decidir lo que realmente dicen.
Esto refleja hallazgos anteriores que indican que en situaciones de conflicto, la cultura y las normas a menudo prevalecen sobre los rasgos emocionales, y la inteligencia emocional actúa únicamente como mediadora.
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Sociabilidad: un rasgo que importa
Aunque la inteligencia emocional general no predijo las respuestas, sí lo hizo un aspecto específico: la sociabilidad. Este rasgo está asociado con la confianza en la interacción social y la asertividad.
Los participantes menos sociables tenían más probabilidades de permanecer en silencio ante una falta de cortesía, mientras que los participantes más sociables tendían a responder, a menudo de manera asertiva. Elegir no responder puede ser una forma de lidiar con la mala educación: podría significar que la persona se sintió ofendida pero decidió no demostrarlo, o que no quiso expresar abiertamente sus sentimientos.
Este descubrimiento desafía la idea de que nuestras respuestas a la descortesía son una simple “mierda para la casa” recíproca. En cambio, la agencia personal puede influir en si interactuamos o no.
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Estado de ánimo: el predictor más fuerte
Si bien los rasgos de personalidad fueron predictores débiles, el estado de ánimo resultó ser un factor poderoso. Los participantes con un humor negativo participaron en contraataques más ofensivos, mientras que aquellos con un humor positivo mostraron una mayor aceptación de la incivilidad.
Pero la historia es más sutil de lo que parece. Aunque las personas con un estado de ánimo negativo eran más propensas a responder ofensivamente, las respuestas ofensivas de aquellos con un estado de ánimo positivo eran a veces más directas, contundentes y con un lenguaje más duro. Esto sugiere que el buen humor puede reducir la ansiedad sobre las expectativas sociales, lo que lleva a menos arrebatos pero más graves.
Estos patrones son consistentes con investigaciones psicológicas que muestran que el estado de ánimo afecta el cuidado con el que procesamos las normas sociales. Los estados de ánimo negativos pueden desencadenar un procesamiento más limitado y socialmente consciente, mientras que los estados de ánimo positivos pueden conducir a una adherencia menos estricta a las normas.
No hay diferencia entre idiomas.
Uno de los resultados más sorprendentes es lo que no sucedió. Esperábamos que los participantes fueran más tolerantes con la descortesía en inglés (su segundo idioma) sobre la base de que el segundo idioma conlleva menos carga emocional. En cambio, las respuestas fueron sorprendentemente similares en ambos idiomas.
Esto puede deberse a:
Transferencia pragmática: los participantes aplicaron los mismos patrones de respuesta social de su lengua materna a su segunda lengua.
Alto nivel de dominio del idioma inglés: Todos los participantes tenían un nivel intermedio alto o superior de dominio del idioma inglés.
La influencia de las creencias personales y la identidad social, que prevalecen sobre las diferencias lingüísticas.
En resumen, cuando las personas se sienten ofendidas, parecen recurrir al mismo conjunto de herramientas pragmáticas, independientemente del lenguaje que utilicen.
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Implicaciones para el lugar de trabajo
Nuestro estudio tiene claras implicaciones para la comunicación en el lugar de trabajo.
Conversaciones recientes sobre bienestar y salud mental han fomentado la transparencia sobre el estado de ánimo en entornos profesionales. Y esta franqueza no es una cuestión trivial: nuestro estado de ánimo en realidad afecta la forma en que nos comunicamos bajo estrés. Una mañana estresante, una reunión desastrosa o preocupaciones personales pueden hacernos más propensos a responder con dureza a un colega. Un buen día, sin embargo, puede hacernos más tolerantes o, en ocasiones, más directos.
Para el aprendizaje de idiomas y la comunicación intercultural, los hallazgos son igualmente importantes. Enseñar normas pragmáticas o culturales en una segunda lengua puede no ser suficiente. Comprender la interacción de las emociones, la personalidad y las normas sociales es fundamental para gestionar los conflictos lingüísticos.
El título de nuestro estudio “Cómo somos vs. cómo nos sentimos” resume su mensaje principal. Ante una mala educación, cómo nos sentimos en ese momento puede ser más importante que la personalidad. La inteligencia emocional no predijo directamente las reacciones. Es probable que el estado de ánimo y la sociabilidad se combinen con la moralidad personal y las normas sociales para dar forma a lo que los participantes realmente dijeron.
En la vida cotidiana, esto significa que nuestra breve respuesta a un correo electrónico grosero puede no decir mucho sobre nuestro carácter, pero sí dice mucho sobre si nos saltamos el almuerzo, dormimos mal o tuvimos un viaje frustrante.
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