En los últimos años, una nueva clase de fármacos ha transformado el tratamiento de la obesidad. Medicamentos como Ozempiz, Vegovi y Mounjaro actúan principalmente reduciendo el apetito, ayudando a las personas a comer menos y a sentirse saciadas más rápidamente. Su éxito demostró algo importante: el peso corporal está regulado biológicamente y apuntar a las vías biológicas correctas puede conducir a una pérdida de peso significativa que puede ayudar a transformar vidas.
Pero el apetito es sólo la mitad de la ecuación. Su peso refleja el equilibrio entre las calorías que ingiere a través de su dieta y la energía que gasta moviéndose, haciendo ejercicio y manteniendo la función celular básica. Si bien las terapias recientes se han centrado en controlar la ingesta de energía, los científicos están dirigiendo cada vez más su atención al otro lado del manual: los tejidos que queman energía.
En el centro de esta conversación hay un órgano que la mayoría de la gente malinterpreta: la grasa. Durante décadas, se pensó que la grasa (también conocida como tejido adiposo) era un almacenamiento pasivo: un almacén biológico para el exceso de calorías. Los científicos ahora saben que esta visión es incompleta.
La grasa no es sólo almacenamiento
El tejido adiposo blanco, el tipo de grasa más común en los adultos, almacena energía en forma de triglicéridos. Pero también tiene varias otras funciones.
En primer lugar, la grasa blanca es un poderoso órgano endocrino que libera hormonas como la leptina, que suprime el apetito, así como la adiponectina, que regula los niveles de insulina y azúcar en sangre. También protege los órganos, aísla contra la pérdida de calor y actúa como amortiguador metabólico, almacenando de forma segura el exceso de lípidos que de otro modo se acumularían en el hígado o los músculos.
Los glóbulos blancos proporcionan varias funciones corporales básicas. Ed Reschke/Stone vía Getty Images
Cuando los glóbulos blancos se expanden de forma saludable y flexible, protegen el cuerpo. Cuando se inflaman o se vuelven disfuncionales, contribuyen a la resistencia a la insulina, la enfermedad del hígado graso y el riesgo cardiovascular. La obesidad es causada tanto por la expansión de los glóbulos blancos como por un aumento en su número.
En otras palabras, la grasa no es dañina en sí misma. Su impacto en la salud depende del tamaño de las células grasas, y cuando crecen demasiado, no pueden funcionar de manera óptima. Aumentar la cantidad de nuevas células grasas a veces puede mejorar la función metabólica.
Además, existen otros tipos de grasas que se comportan de diferentes maneras.
Grasa parda: horno celular
A diferencia de la grasa blanca, la grasa parda está especializada en quemar energía. Las células de grasa parda están repletas de mitocondrias, las pequeñas centrales eléctricas dentro de las células, y contienen una proteína llamada UCP1 que les permite convertir la energía química directamente en calor. En lugar de almacenar calorías, la grasa parda las disipa.
En los bebés, la grasa parda ayuda a mantener la temperatura corporal. Durante años, los científicos creyeron que desaparecía en gran medida en la edad adulta. Pero los estudios de imágenes realizados a finales de la década de 2000 encontraron que muchos adultos retienen grasa parda metabólicamente activa, particularmente en el cuello y la parte superior del pecho.
La exposición a temperaturas frías hace que el cerebro estimule naturalmente las células de grasa parda y genere calor. A medida que aumenta el consumo de energía para este proceso, también aumenta la quema de calorías.
Si la activación de la grasa parda aumenta el gasto energético, ¿podría utilizarse para tratar la obesidad?
El desafío es que el metabolismo humano está estrictamente regulado. Cuando aumenta el gasto de energía, el cuerpo suele compensar estimulando el hambre. Los estudios en animales (y observaciones en humanos) muestran que la exposición al frío no solo activa la grasa parda sino que también aumenta el apetito. El cerebro detecta un mayor consumo de energía y envía señales para una mayor ingesta de alimentos.
Desde una perspectiva evolutiva, esto tiene sentido. Para nuestros antepasados humanos, un ambiente frío significaba que se necesitaba más combustible para sobrevivir. Un sistema que no pudiera reemplazar las calorías quemadas para mantenerte caliente sería peligroso. Esta defensa homeostática del peso corporal es poderosa. Esta es una de las razones por las que la pérdida de peso es difícil de mantener y por la que aumentar el gasto energético por sí solo puede no ser suficiente para perder peso.
Pero cuando se combina con medicamentos supresores del apetito GLP-1, promover el gasto de energía puede conducir a terapias que son aún más poderosas para promover la pérdida de peso.

A medida que las células grasas blancas se vuelven marrones, ganan más mitocondrias (óvalos azules) y almacenan menos lípidos (esferas amarillas) Vitalii Dumma/iStock vía Getty Images Plus Grasa beige y plasticidad metabólica
Las células grasas de color beige añaden complejidad al papel de la grasa en la pérdida de peso. Estas células surgen en depósitos de grasa blanca bajo ciertas condiciones, como la exposición al frío o a señales hormonales específicas, y adquieren algunas de las propiedades productoras de calor de la grasa parda. Este proceso, a menudo llamado pardeamiento, revela que el tejido adiposo es extremadamente flexible.
La grasa no es una masa estática. Contiene células madre y progenitoras capaces de generar nuevos adipocitos con diferentes propiedades. Esa flexibilidad abre posibilidades terapéuticas intrigantes: en lugar de limitarse a reducir la grasa, ¿podrían los investigadores reprogramarla para que se convierta en otra cosa?
Investigadores como yo estamos investigando formas de aumentar de forma segura la capacidad de generación de calor de las células grasas, aumentando potencialmente el gasto de energía sin depender únicamente del frío ambiental. Las grasas marrón y beige son objetivos atractivos porque están diseñadas específicamente para producir calor, razón por la cual mi laboratorio se centra en usarlas para tratar enfermedades metabólicas.
Pero la grasa no es el único tejido del cuerpo que consume energía o puede generar calor en el frío. Los músculos esqueléticos representan una parte importante del consumo energético diario, especialmente durante la actividad. El hígado participa constantemente en procesos metabólicamente costosos. Incluso los ciclos sutiles e inútiles (procesos en los que las moléculas se construyen y descomponen constantemente) utilizan energía y generan calor.
El futuro de la terapia metabólica para bajar de peso puede implicar aumentar cuidadosamente el flujo de energía a través de múltiples tejidos. El desafío es hacer esto sin causar hambre compensatoria o efectos secundarios no deseados. Cualquier intervención que aumente drásticamente la demanda metabólica corre el riesgo de ser interpretada por el cerebro como una amenaza a la supervivencia.

Un aumento del gasto energético también puede aumentar el apetito. ljubaphoto/E+ vía Getty Images Una estrategia doble para maximizar la pérdida de peso
El éxito de los medicamentos basados en GLP-1 ha demostrado que atacar las vías del apetito puede superar parte de la resistencia del cuerpo a la pérdida de peso. La próxima generación de terapias se puede construir sobre esa base.
Una posibilidad es combinar fármacos moduladores del apetito con intervenciones que aumenten el gasto energético. Al afectar ambos lados de la ecuación del equilibrio energético (entrada y salida), es posible lograr mejoras metabólicas más duraderas.
Igualmente importante es cambiar la narrativa pública. La grasa no es sólo un enemigo que hay que eliminar. Es un órgano dinámico y multifuncional que protege, comunica, se adapta y, en las condiciones adecuadas, quema energía.
Comprender esa complejidad lleva a la sociedad más allá de las visiones simplistas de la regulación del peso. También apunta a un futuro en el que las terapias no se centran sólo en comer menos, sino en aprovechar estratégicamente la propia maquinaria metabólica.
La era del control del apetito ha comenzado. Creo que la próxima será la era del consumo preciso de energía.
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