El año 2026 comenzó con la noticia de la intervención de Estados Unidos en Venezuela. Una operación, según Donald Trump, como no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial.
Desde entonces, Estados Unidos ha sido amado y odiado, la operación ha sido criticada y elogiada, y se ha debatido si se ha violado o no la soberanía. Más allá de estas discusiones, se ha intentado explicar la política exterior estadounidense a partir de la Doctrina Monroe, rebautizada como “Donroe” en referencia al actual presidente (aunque es necesario dejar claro que este rasgo no es exclusivo de la administración Trump).
Sin embargo, esta doctrina por sí sola no explica la política exterior estadounidense. Hay que cuidar la ideología esencial que lo complementó y que queda de lado. Esta adición, conocida como corolario de Roosevelt, permite comprender muchas acciones de Estados Unidos, no sólo en Venezuela.
La doctrina Monroe
El 2 de diciembre de 1823, en su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente James Monroe esbozó su política exterior ante la reciente independencia de los estados hispanoamericanos. En este contexto, sostiene que, si bien Estados Unidos no interferiría en las relaciones entre España y sus antiguos territorios, consideraría cualquier intento de una potencia europea de reconquistar u ocupar el lugar dejado por España y Portugal como una amenaza a su propia paz. Esto se resume tradicionalmente en la famosa frase “América para los americanos”.
Retrato de James Monroe, presidente de los Estados Unidos entre 1817 y 1825 Wikimedia Commons, CC BI
La doctrina propuesta por el presidente Monroe fue una advertencia a las potencias europeas: quien quisiera extender su sistema al continente americano tendría que negociar con los Estados Unidos.
En ese momento, la potencia norteamericana asumió el papel de “gran hermano”, lo que marcó su relación con los países del continente, especialmente con los países de América Latina. Sin embargo, el intervencionismo estadounidense a lo largo de su historia no puede explicarse únicamente mediante la Doctrina Monroe. Para entenderlo bien hay que remontarse a principios del siglo XX.
La conclusión de Roosevelt
El 5 de diciembre de 1905, también en su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Theodore Roosevelt propuso algún tipo de enmienda a la Doctrina Monroe. En su discurso, Roosevelt sostuvo que “algún poder civilizado” tenía que intervenir en caso de incumplimiento o impago. Al parecer, la “potencia civilizada” que asumiría el papel de “policía internacional” (en sus propias palabras) era Estados Unidos.

Theodore Roosevelt y 1904 Wikimedia Commons
Naturalmente añadió que quienes cumplieron con sus obligaciones no deben temer ninguna intervención. En cualquier caso, lo que establece esta doctrina, conocida como corolario rooseveltiano de la Doctrina Monroe, es lo que se interpreta como “diplomacia del palo”. De hecho, el presidente afirmó en el mismo discurso que Estados Unidos hablaría en voz baja pero empuñaría un “gran garrote”.
Con esta adición a la Doctrina Monroe, Estados Unidos asume el derecho y la “obligación” de intervenir en cualquier país del continente americano si no está lo suficientemente “civilizado”. Cualquier “incivilización” sería considerada una amenaza a la paz y la seguridad de los propios Estados Unidos. Por tanto, esta nación tendría legitimidad para intervenir como “policía internacional”, papel que le confiere su condición de “potencia civilizada”.
Como señala Juan Tovar Ruiz en su libro La Doctrina de la Política Exterior de Estados Unidos, estos principios fueron citados en los casos de Santo Domingo y Panamá, de gran relevancia estratégica para Estados Unidos.
Esa doctrina cayó en descrédito durante el período de entreguerras y fue reemplazada por la doctrina del “buen vecino”, acuñada en este caso por el presidente Franklin D. Roosevelt, primo de Theodore. Pero en la práctica, la consecuencia de Roosevelt nunca quedó de lado y su ideología actuó transversalmente en la política exterior de casi todos los presidentes estadounidenses.

Una caricatura de 1904 que muestra a Roosevelt usando la Doctrina Roosevelt para amenazar a Europa lejos de Santo Domingo. Wikimedia Commons, CC BI
Las intervenciones que pueden encajar en el argumento de esta conclusión son diversas y no se limitan al continente americano. Se puede citar, por ejemplo, el golpe de Estado en Guatemala en 1954 que derrocó al presidente Jacobo Arbenz Guzmán. Cabe mencionar también el caso de la intervención en Panamá en 1989 -quizás la más parecida a la realizada en Venezuela- para capturar a Manuel Noriega, acusado de narcotráfico y lavado de dinero en Estados Unidos.
El paraguas doctrinal incluiría también las operaciones llevadas a cabo en Afganistán o Irak y, por supuesto, la reciente intervención en Venezuela.
El color sigue vigente.
La Doctrina Monroe es importante y es la fuente de la que deriva este intervencionismo. Sin embargo, no lo explica completamente, porque es necesario conocer las consecuencias de la Doctrina Monroe de Roosevelt para comprender este papel de la “policía internacional” y esta “diplomacia del palo”. Algunas reglas actuales, que ordenan a Estados Unidos intervenir cuando reconoce una amenaza. No sólo por su paz y seguridad, sino también por sus intereses en el mundo entero.
Descubre más desde USA Today
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

