La pérdida de audición afecta a millones de personas en todo el mundo, y las proyecciones de la OMS muestran que más de 2.500 millones vivirán con algún grado de pérdida de audición para 2050. Esta deficiencia sensorial no solo compromete la capacidad de comunicarse, sino que también tiene un profundo impacto en la calidad de vida, el bienestar emocional y la participación social de quienes la padecen. Además, se asocia significativamente con la demencia y el síndrome de fragilidad, dos condiciones que aumentan significativamente el riesgo de enfermedad, adicción y mortalidad.
Lamentablemente, todavía no existe cura y los tratamientos disponibles ofrecen una eficacia limitada. A esto hay que sumarle que opciones como los audífonos o los implantes cocleares son costosos y suelen tener poca o ninguna utilidad entre quienes los necesitan. De hecho, se ha estimado que un audífono clínico suele ser la tercera compra más cara que hace una persona, sólo después de una casa o un coche. Por si fuera poco, la financiación pública en muchos países, incluida España, sigue siendo limitada y no garantiza la igualdad de acceso a todos los ciudadanos.
El peso de los buenos hábitos
Entonces, ¿cómo podemos prevenir la pérdida de audición? La primera medida es proteger nuestros oídos del ruido excesivo. Por ejemplo, cuando trabajamos en ambientes ruidosos debemos utilizar una protección auditiva adecuada, y si asistimos a conciertos o eventos con música alta, no está de más usar tapones u orejeras.
Pero también está demostrado que llevar un estilo de vida saludable -dormir bien, actividad física regular, consumo moderado de alcohol…- ayuda a preservar la audición. Y en este capítulo, la comida se revela como un pilar fundamental.
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Recientemente, investigadores han demostrado que mantener una dieta sana y equilibrada no sólo beneficia nuestra salud general: seguir unos patrones dietéticos ricos en frutas, verduras, legumbres y pescado, con un bajo consumo de sal, carnes rojas y productos procesados, puede ayudar a reducir el riesgo de pérdida auditiva.
Pescado y vitaminas
Si nos centramos en los componentes concretos que deben incluirse en el menú, resultan especialmente útiles los ácidos grasos poliinsaturados que se encuentran en pescados como el salmón o las sardinas, así como los presentes en los aguacates y los frutos secos. Además, consumir al menos dos raciones de pescado a la semana puede reducir el riesgo de pérdida auditiva hasta en un 20%.
Y recientemente, un estudio que realizamos con población española reveló que seguir la ingesta recomendada de vitaminas como A, C, D, E y folato (también llamada vitamina B9), además de minerales como calcio, magnesio, potasio, zinc y yodo, puede reducir significativamente la prevalencia de la pérdida auditiva, especialmente en personas mayores.
Disfruta de sonidos y conversaciones ininterrumpidas
En definitiva, una alimentación saludable no se trata sólo de prevenir enfermedades: es una forma de cuidarnos en múltiples niveles, desde el corazón hasta los oídos, garantizando una vida más sana y plena con la posibilidad de disfrutar sin interrupciones de los sonidos y las conversaciones que nos rodean cada día. Una nutrición adecuada es un acto de autocuidado integral, en el que proteger nuestra audición va de la mano con fortalecer nuestra salud general.
Pero además de la alimentación, no hay que olvidar otros factores que afectan a la salud auditiva, como evitar la automedicación, realizar revisiones periódicas con el especialista -la detección precoz es fundamental- y mantener un control adecuado de enfermedades como la hipertensión y la diabetes, que también pueden empeorar la audición. Cuidar nuestros oídos es cuidar la calidad de nuestra vida.
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