La escritora argentina Mariana Enríquez (sin acento) parece estar en todas partes estos años: en las librerías, en los medios de comunicación, en los círculos académicos. No es habitual que un escritor de sólo 50 años lea y estudie tanto al mismo tiempo.
Pero su éxito sorprende aún más porque escribe literatura de género, casi siempre de terror fantástico, un tema del que mucha gente duda y que ella defiende con uñas y dientes. Y lo defiende por interés personal (como lectora, es un género que siempre le ha gustado), pero también como punta de lanza para una reflexión más profunda sobre su misión en la literatura, que le parece tener muy clara.
Por qué les gusta a los lectores
Quienes leemos cuentos conocimos a Mariana Enríquez con Los peligros de fumar en la cama (2009) y Cosas que perdimos en el fuego (2016). Los que no leen cuentos llegaron a ella con Nuestra parte de noche, ganadora del Premio Heralde de Novela 2019. En 2024 publicó los cuentos Lugar soleado para gente oscura, y también escribió crónicas y ensayos, además de lanzar reimpresiones de sus novelas anteriores.
Nacida en Buenos Aires en 1973, es una de las autoras de ficción contemporánea en español más leídas y respetadas, pero también triunfa en otros países, como Reino Unido y Estados Unidos. Entonces, ¿por qué surge este interés?
Masas de público en filas para la presentación de Mariana Enríquez. Casa de América, CC BI-SA
Sobre todo, los lectores aman a Mariana Enríquez por su habilidad técnica para resolver tramas, por evitar lugares comunes y por su habilidad para construir personajes complejos.
Les atrae mucho su actualización del terror fantástico, en la que utiliza concienzudamente elementos del género para crear historias nuevas e impredecibles. Enríquez renueva cada tema haciéndolo suyo.
Además, su uso de estas tramas ofrece un acercamiento demoledor a los problemas sociales actuales. Cada argumento forma parte de un diagnóstico muy bien pensado, que siempre hace referencia al miedo como una de las emociones más persistentes de nuestro tiempo. Ya se ha estudiado, por ejemplo, cómo aborda la violencia machista, el maltrato infantil, la aporofobia, la incomprensión social de las víctimas, la enfermedad o el trauma de la dictadura militar en Argentina.
Por qué les gusta a los académicos
Sin embargo, Enríquez no sólo tiene éxito entre los lectores. Google Scholar arroja más de 3200 resultados con su búsqueda. Scopus y Web of Science recogen ya más de 70 artículos sobre él (los dos últimos premios Cervantes, combinados, no llegan a cinco).
¿Qué ve el mundo académico en su literatura?

Anagrama
Valora su poética, su teoría literaria, consciente, renovadora, desafiante y atrevida. También su reconstrucción de su propia genealogía literaria; su propuesta de restaurar el canon literario, sin deudas inesperadas. Our part of the night, por ejemplo, es una frase de Emily Dickinson traducida por la escritora argentina Silvina Ocampo, mientras que “The things he lost in the fire” es el título de una canción de Bastille, una banda independiente británica.
También se destaca su papel adecuado. Enríquez ejerce de introducción y guía a otros autores cercanos a ella o que le gustan, básicamente iberoamericanos y mucho más desconocidos que ella, en un ejercicio que aborda el proselitismo (por qué no) pero también la crítica literaria y la literatura comparada, aunque sea en primera persona. Es una lectora irresistible, precisa y entusiasta.
espíritus de la sociedad
Ni los lectores ni los académicos ignoraron la ambición de sus escritos. Su escritura pretende dar una explicación compleja de la realidad, sobre todo a partir de su comprensión de algo tan difícil de analizar como el miedo como emoción primaria del sujeto ante el mundo.
Por ejemplo, muchas de sus historias de fantasía, casi todas, son historias de fantasmas. De ellos, aproximadamente la mitad cuenta cómo los personajes están poseídos por espectros que controlan su voluntad, obligándolos a atacarse a sí mismos. A nivel técnico, le permite construir una historia con dos niveles -real y fantástico- y mantener una ambigüedad muy consistente que permite ambas lecturas: pensar que el personaje sufre un trastorno mental o está realmente poseído.

Mariana Enríquez en París durante la presentación de su obra Los peligros de fumar en la cama en la edición francesa. Guillermo Ramos Flamerich/Wikimedia Commons, CC BI-SA
Pero, al mismo tiempo, abre la posibilidad de proponer un tratamiento más complejo de la víctima, centrado en cómo otros personajes la perciben y cuidan. Cuando la víctima y el agresor se mezclan en un mismo cuerpo, se hace más difícil simpatizar con el poseído: para los testigos sólo hay un individuo que se autolesiona. Así, un personaje inicialmente atacado por un fantasma recibe un segundo ataque debido a la incomprensión y abandono de su entorno, que lo identifica con el atacante. La víctima no fue reconocida como tal; Incluso se presenta como una amenaza para los demás.
El terror como marcador social
Lo que se esconde detrás de esta propiedad es una falta de comprensión de quienes sufren, un tema central en su narrativa. En su último libro de cuentos, le da otro giro a esta tesis al sugerir también que los fantasmas son sujetos que necesitan cuidados, que necesitan afecto: ellos mismos son víctimas de una estructura social que es incapaz de cuidar a los más vulnerables.
Sin embargo, el hecho de que muchos de sus protagonistas sean fantasmas no encaja la narrativa de Mariana Enríquez en la literatura fantástica. Dijo que lo que le interesa es hablar del miedo, en cualquiera de sus formas. Y con una narrativa claramente liminal: en la frontera de los géneros, esas zonas muy prometedoras, llenas de posibilidades pero también de inquietud; en esa franja de tierra de nadie que queda entre puestos de control (con una fórmula tomada del escritor de ciencia ficción inglés JG Ballard). Eso es lo que nos encanta de su literatura: su capacidad para distorsionar la realidad y mostrárnosla más desprevenidos.
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