Un nuevo orden mundial trumpista comienza a gestarse en Venezuela

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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En el reverso del billete de un dólar, la frase Novus Ordo Seclorum (Nuevo Orden Secular) predice la clave de la nueva doctrina de seguridad de Estados Unidos. El ataque a Venezuela y el incierto arresto del presidente Nicolás Maduro confirman el fin del orden liberal, si es que alguna vez lo hubo, y la separación de los Estados Unidos de Trump del orden internacional basado en reglas.

El amanecer de un nuevo orden internacional hoy se construye sobre el uso de la fuerza, el revisionismo y la seguridad en el continente. Señalo cinco consecuencias de la intervención militar, cinco dimensiones del análisis del nuevo orden.

1. Poder presidencial expansivo

El ataque es el mayor logro de la nueva doctrina de un presidente imperial, que ejecuta órdenes sin esperar la aprobación del Congreso, la confirmación legal o la opinión de los medios. La doble verificación se ha visto diluida por la expansión del poder presidencial. La segunda administración Trump entiende el nuevo orden desde una perspectiva de seguridad: una nación en la guerra contra las drogas (o la migración) y amenazada por nuevas potencias, un eufemismo para China, que no respeta los procedimientos ni el tiempo.

Trump se identifica con los presidentes históricos y fundadores de Estados Unidos: George Washington (1789), Abraham Lincoln (1861) y Franklin Delano Roosevelt (1940). Los tres fueron presidentes carismáticos y el 250 aniversario de la república encaja en esta narrativa cesariana.

La erosión del sistema político y legal es un hecho. El presidente ha aprobado un extenso y diverso paquete de regulaciones que respaldan las ideas de un gobierno extraordinario, un estado de crisis permanente y supresión de la oposición y del sistema judicial. El ataque a Venezuela es otro punto de inflexión en la reconfiguración de la relación de la presidencia con los brazos legislativo y judicial del gobierno, de acuerdo con la tradición hamiltoniana de un poder ejecutivo fuerte y unificado.

2. ¿América para los estadounidenses?

En el ámbito internacional, el ataque a Venezuela avanza un método diplomático basado en la defensa de los intereses nacionales en el hemisferio. El concepto de “América para los americanos” ha vuelto con fuerza: Panamá, México o Canadá se han obligado a cumplir el mandato de Trump. Estados Unidos también reclama soberanía sobre Groenlandia.

En la región, mientras Brasil y Colombia lideran la oposición regional, el nuevo Chile de Casto y la Argentina de Mileva son aliados ideológicos. En el continente se anuncia un giro hacia la derecha nacionalista, identitaria y antiinmigrante.

En Caracas, si la transición se alinea con estos valores, desaparecerá toda esperanza de unidad nacional y una transición pacífica hacia la democracia plena.

Y Lire también: La doctrina Monroe: más de dos siglos de “Estados Unidos para los estadounidenses”

3. Recursos maestros

Aceite. De nuevo, pero por diferentes motivos. Las infraestructuras, los puertos o los minerales reflejan el paso de la globalización a la geoeconomía. Estados Unidos quiere proyectar su poder en los mercados y la regulación de la energía.

Controlar el petróleo venezolano, en lugar de suministrar recursos al mercado interno, apunta a imponer precios y dominar la oferta. Los nuevos Estados Unidos equilibran la soberanía energética, el desarrollo tecnológico, el comercio y la seguridad.

El modelo Pak Silica, una alianza internacional firmada a finales de 2025 y liderada por Estados Unidos para asegurar las cadenas de suministro de tecnologías críticas como los semiconductores y la inteligencia artificial, inaugura una era de diplomacia transaccional de chips por minerales. Para la nueva Venezuela, aprovechar sus reservas de hidrocarburos le permitirá participar en un nuevo juego de poder.

4. Reorganización geopolítica

La visión estadounidense de los territorios alimenta una política exterior soberanista y revisionista como la de China, Israel o Rusia. Se impuso el nomos Schmidt, que fue propuesto por el filósofo alemán Karl Schmidt a mediados del siglo pasado y que se basa en la distinción amigo-país-enemigo, más que en el pensamiento liberal, en el que prevalecen la cooperación, el derecho internacional, la democracia y el libre mercado.

Así aparecen zonas de influencia, se distribuyen recursos y se equilibran bloques energéticos. Sin oposición, China dominaría la escena en el Sudeste Asiático; Rusia enfriaría la guerra para ocupar el 20% de Ucrania y controlar los recursos materiales y energéticos; e Israel rediseñaría Oriente Medio y, más temprano que tarde, alcanzaría acuerdos comerciales con los países vecinos.

5. Europa, la democracia y Hobbes

Los valores democráticos, el Estado de derecho o el libre comercio se están desvaneciendo. Sin capacidad efectiva, la Unión Europea sufre en este escenario. Como antes en Gaza, el proyecto europeo tiene un fuerte desacuerdo ideológico con las grandes potencias, pero no logra ganarse el respeto. El efecto de la intervención militar recupera a los hobbesianos y su realismo político, que cede la libertad a un soberano absoluto a cambio de paz y seguridad. En el orden trumpista, la autoridad presidencial, no la verdad, la ley o los valores democráticos, hace la ley.

¿Qué dirán las encuestas?

Una nota final en el Código Interno de EE. UU. 2026 es un año electoral. De marzo a noviembre se realizarán 39 elecciones para gobernador y renovación de cámaras. El trumpismo debate su modelo de sucesión en Venezuela. El liderado por JD. Vance no quiere problemas en el extranjero y quiere restaurar el modelo económico industrial, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, está comprometido a reconstruir el orden internacional con unos Estados Unidos fuertes y dominantes. El resultado de la operación venezolana puede ayudar a inclinar la balanza y definir al favorito para suceder a Trump en las elecciones presidenciales de 2028.

En resumen, el ataque a Venezuela no es sólo una intervención en la región: también representa un cambio en la era en la que vivimos. La narrativa trumpista, antes dislocada en eslóganes y consignas vacías, parece haber encontrado el primer paso de su estrategia. Atrás han quedado el poder blando, las relaciones transatlánticas o la zona de paz de la comunidad iberoamericana. Comienza un nuevo orden.


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