Vitoria, 3 de marzo de 1976: la masacre que aceleró la transición

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Carlos Arias anunció la muerte de Franco en la televisión española. Archivo de la Administración General, CC BI

El 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte del dictador Francisco Franco, Juan Carlos I fue proclamado Rey de España. Confirmó al entonces presidente, Carlos Arias Navarra, pero impuso como ministros a algunos de los políticos franquistas en principio más favorables a la apertura, como Manuel Fraga, al frente de Interior.

A pesar de tal impulso, el reinado de Arrio fue un fiasco. El presidente temía que las reformas amenazaran la esencia del régimen, por lo que su política fue vacilante y contradictoria. No sólo no se legalizaron partidos y sindicatos, sino que tampoco se aprobaron los derechos de reunión, manifestación y huelga. No en vano, Arias provocó el rechazo tanto de los antifranquistas como de los franquistas liberales, así como del sector más reaccionario. Este era conocido como el “búnker” y tenía carácter minoritario, pero con presencia en la Fuerza de Orden Público (FOP).

Por otro lado, la situación socioeconómica era desfavorable. La crisis del petróleo (1973) produjo altos costos de vida, pérdida de poder adquisitivo, inestabilidad laboral, despidos y progresiva acritud por parte de los empleadores en las negociaciones colectivas. De ahí que el movimiento obrero clandestino, con la impronta del Partido Comunista de España (PCE) y la extrema izquierda, liderara un ciclo de protestas de enorme influencia.

Ése era el contexto en el que hay que enmarcar los acontecimientos de Vitoria. A causa del encarnizado conflicto laboral, el personal de varias empresas de la ciudad se declaró en huelga desde principios de 1976. Estas movilizaciones no fueron promovidas por los sindicatos, sino por las asambleas de trabajadores.

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Manifestaciones en Vitoria, 3 de marzo de 1976 Fundación Juan Muniz Zapico (CC OO), CC BI Represión y muerte en la puerta de la parroquia

El 3 de marzo, por tercera vez consecutiva, convocaron a toda la población a realizar una huelga general en señal de solidaridad con su lucha. Por la mañana hubo piquetes, barricadas, lanzamiento de piedras a los agentes y atestados policiales. Por la tarde se realizó una congregación en la Iglesia de San Francisco de Asís, ubicada en el barrio de Zaramaga. Las autoridades civiles ordenaron el desalojo, pero las miles de personas que allí se habían congregado no obedecieron.

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El Correo Español, 4 de marzo de 1976. Hemeroteca El Correo, CC BI

Como Fraga estaba en Alemania, el Gobierno transfirió la responsabilidad a los mandos policiales. Decidieron mano dura. Violando el Concordato con la Santa Sede, que protegía el ámbito eclesiástico, la policía armada lanzó gases lacrimógenos dentro del templo y los presentes fueron obligados a abandonar el templo. Los agentes utilizaron contra ellos no sólo porras y pelotas de goma, sino también armas de fuego.

Aún quedan incógnitas por resolver. Según el historiador Carlos Karniser, se trató “evidentemente de un hecho delictivo, pero si hubo una orden directa para actuar así porque era especialmente grave, o si fue una decisión de las fuerzas policiales que estaban allí y fue negligencia, eso es algo que no pudimos averiguar en la documentación”.

Policías armados mataron a un total de cinco trabajadores: Pedro María Martínez, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda. A la lista habría que sumar casi un centenar de heridos, entre ellos algunos agentes. Además, un sexto manifestante que protestaba por la masacre en Tarragona, Juan Gabriel Rodrigo, murió al caer de un tejado mientras huía de la policía.

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El Correo Español, 6 de marzo de 1976. Hemeroteca El Correo, CC BI

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Suplemento de emigración Mundo Obrero. Marzo de 1976 Archivo histórico PUK Huelga general en memoria de las víctimas

Bajo el lema “Vitoria, hermanos, no os olvidamos”, está prevista una huelga general para el 8 de marzo. La oposición calcula que 500.000 trabajadores vascos y navarros fueron parados. Aunque fuentes oficiales rebajaron la cifra, admitieron que sólo en Gipuzkoa había 105.000 trabajadores en huelga.

Ese día se produjo un enfrentamiento entre manifestantes y fuerzas del orden público, que se saldó con otra muerte: la Guardia Civil mató a tiros al joven Vicente Antón Ferrer en Basaura. Al día siguiente, unas 50.000 personas se reunieron en esa ciudad.

Ningún funcionario ha sido condenado por la brutal operación de Vitoria. Sus dirigentes políticos tampoco dimitieron. Fraga, que acuñó el lema “la calle es mía”, se refugió en su ausencia. Como no pudo modernizar la FOP, su imagen reformista y su gobernanza como ministro quedaron en entredicho.

Una tragedia que aceleró la transición

La tragedia de Vitoria tuvo dos consecuencias políticas. Por un lado, presionó a la oposición moderada para que uniera las dos organizaciones en las que estaba dividida. Así nació la Coordinación Democrática, mejor conocida como Platajunta.

Por otro lado, aumentó las tensiones entre Juan Carlos I y Arias, que finalmente desembocaron en su dimisión en julio de 1976. El rey encomendó la formación de un nuevo gobierno a Adolfo Suárez, hasta entonces ministro general del Movimiento. A pesar de la lógica desconfianza inicial de la oposición, el nuevo presidente unió fuerzas y lideró la transición democrática.

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Los manifestantes se enfrentan a la policía en el funeral de cinco trabajadores asesinados el año anterior, marzo de 1977. Alemán Gallego Pico, CC BI ETA se vampirizó el 3 de marzo

¿Recordaste el 3 de marzo de 1976? Sí, pero con dos trampas. Por un lado, el olvido institucional. Durante décadas, no hubo protección para las víctimas ni homenajes oficiales. Por otro lado, el uso político. Las demandas del movimiento obrero alavesa, alimentado principalmente por inmigrantes de la España rural, eran más obreras que nacionalistas. Ni ETA ni su entorno tuvieron influencia alguna.

Sin embargo, no tardaron en aprovechar los acontecimientos. El 6 de septiembre de 1980, la político-militar ETA mató al capitán de la Policía Nacional Basilio Altuna con el pretexto de que participaba en una operación. Después, utilizando la expresión del profesor Jesús Cascuete, la izquierda abertzale vampirizó la memoria del 3 de marzo.

Pese a todo, el trabajo del Instituto de Historia Social de la Universidad del País Vasco Valentín de Foronda, con historiadores profesionales como José Antonio Pérez, Antonio Rivera y Carlos Carnicero, sirvió para localizar las fuentes disponibles, analizar, comparar y ofrecer relatos históricos documentados, sólidos y rigurosos.

En los últimos años, el compromiso de las instituciones ha permitido que las víctimas sean compensadas y honradas oficialmente. En 2024, el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Álava, el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, la Diócesis de Vitoria y las asociaciones Martcoak 3 y Memoria Gara crearon la Fundación Memorial 3 de Marzo. Al año siguiente, el gobierno español declaró la Iglesia de San Francisco de Asís Lugar de la Memoria Democrática. En el futuro albergará un museo que recordará los acontecimientos de Vitoria.

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Mural de las víctimas en la Iglesia de San Francisco de Asís (Vitoria) Wikipedia, CC BI


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