Desde pequeños escuchamos que los dulces y las golosinas provocan caries. Y es cierto: el azúcar es el alimento favorito de las bacterias de nuestra boca. Sin embargo, hoy sabemos que existe otro gran enemigo de nuestra salud dental del que apenas se habla: los alimentos ultraprocesados, que están contribuyendo a la actual epidemia de caries a nivel mundial.
¿Qué es exactamente la comida ultraprocesada?
Según la clasificación NOVA, sistema que agrupa los alimentos según su grado de procesamiento, “ultraprocesados” son todos aquellos alimentos que, mediante técnicas industriales, han sufrido cambios en su forma natural.
Estos alimentos tienen un alto contenido en sal, azúcar y grasas saturadas, y utilizan aditivos como conservantes, texturizantes, saborizantes y edulcorantes para mejorar sus características y apariencia. Al ser ricos en azúcares, alimentan a millones de bacterias que forman la placa dental o biopelícula dental, que crecen y convierten nuestros “snacks” favoritos en ácidos muy fuertes. Estos ácidos provocan una disminución del pH.
El pH actúa como una alarma para el diente: cuando desciende por debajo de 5,5, suena una advertencia. Por debajo de ese nivel crítico, el ácido comienza a disolver los minerales que endurecen nuestros dientes, un proceso conocido como desmineralización. Con el esmalte dañado, las caries tienen la libertad de desarrollarse.
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Los alimentos pegajosos son más dañinos
No se trata sólo de la cantidad de alimentos ultraprocesados que consumimos, sino también de la frecuencia con la que consumimos. Después de todo, cada vez que comemos estos alimentos se desencadena un ataque de ácido. Además, su consumo habitual en la infancia sustituye a opciones dietéticas más saludables y nutritivas, como los alimentos ricos en fibra, necesarios para una dieta equilibrada y el mantenimiento de una buena salud bucal.
Otro factor de riesgo a considerar es el tipo de carbohidratos consumidos: cuanto más pegajoso es el alimento, más tiempo permanece en la boca. Y eso se lo pone aún más fácil a las bacterias que atacan los dientes.
Entre los factores que reducen el riesgo de caries se encuentran la higiene bucal con buenas técnicas de cepillado y uso de hilo dental, una saliva que tenga buena capacidad protectora y unos dientes sanos y fuertes. Además, una dieta saludable y sin alimentos ultraprocesados. Una manzana, por ejemplo, es mucho más saludable porque, además de ser un alimento natural, limpia los dientes por el tipo de consistencia que la caracteriza, a diferencia de una galleta cuya consistencia pegajosa se pega al diente y mantiene un pH ácido por más tiempo.
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Maíz y legumbres, desplazados
Investigaciones en países como Brasil y Estados Unidos han identificado que los niños con mayor consumo de alimentos ultraprocesados muestran una mayor prevalencia de caries y una menor calidad de la dieta.
En México, durante exámenes médicos realizados en escuelas primarias, se descubrió que el 59% de los niños y niñas presentan caries, lo que demuestra la magnitud del problema. El creciente consumo de alimentos ultraprocesados en el país tiene profundas consecuencias en el ámbito social, cultural y económico, especialmente entre las poblaciones más vulnerables.
El aumento del consumo de estos alimentos en comunidades indígenas, rurales y de bajos ingresos se ha convertido en un signo de debilidad económica y desigualdad social. Por un lado, su consumo excesivo reemplaza la dieta tradicional mexicana (basada en alimentos naturales como maíz, legumbres, frutas y verduras), lo que representa una pérdida de raíces alimentarias.
Además, la inclusión de las mujeres en el sector laboral ha modificado la dinámica familiar, provocando un mayor consumo de estos productos, al considerarse de fácil y rápido acceso.
Lo más preocupante es que, además de la salud bucal, el consumo frecuente de alimentos ultraprocesados desde temprana edad aumenta la gravedad y el desarrollo de enfermedades crónico-degenerativas, como la hipertensión y la diabetes, tercera causa de muerte en México.
Para colmo, el cambio de hábitos alimentarios afecta directamente al presupuesto familiar y al gasto público en salud. Entre 2006 y 2022, el consumo de alimentos ultraprocesados en las familias mexicanas aumentó un 20.5%, mientras que el consumo de alimentos no procesados aumentó apenas un 0.5%. Este aumento sólo empeora la pobreza.
La obesidad y la diabetes están aumentando
Estos cambios en los hábitos de consumo también se traducen en costos de enfermedad. Como ya hemos comentado, el consumo de alimentos ultraprocesados se asocia con un aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y, por supuesto, la caries. Y gestionar estas afecciones representa un enorme coste económico en cuidados, atención y tratamiento, afectando tanto a las familias como al sector sanitario. Sin duda, prevenir enfermedades es más barato que tratarlas.
El consumo de alimentos ultraprocesados es un problema multifacético que puede resultar en un desplazamiento cultural de alimentos, un aumento del consumo familiar que contribuye a la pobreza en poblaciones vulnerables y un aumento de los problemas de salud que requieren altos costos de atención. Revertir esta epidemia es una necesidad urgente.
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