Jóvenes nicaragüenses en el exilio están creando nuevas formas de resistencia: narrativas, redes y activismo digital

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Desde abril de 2018, Nicaragua vive una profunda crisis política marcada por la represión estatal contra el movimiento civil surgido de las protestas estudiantiles. La respuesta del Gobierno fue contundente: criminalización, encarcelamiento, cierre de espacios para la ciudadanía y persecución sistemática. Para miles de jóvenes, la migración forzada y el exilio político se han convertido en estrategias que trascienden las fronteras nacionales.

Entre la erradicación y la recomposición colectiva

El exilio no es sólo un proceso político. Esto implica el agotamiento emocional de los jóvenes activistas nicaragüenses. La segunda vez representó el colapso de los proyectos de vida, la separación familiar y la inseguridad económica. Todo ello unido a la compleja realidad vital que conllevan los procedimientos migratorios para solicitar asilo u obtener la condición de refugiado político.

Pero también fue un espacio de recomposición colectiva. Más allá de los procesos individuales, se desarrollan formas alternativas de activismo, protesta y participación, en las que se fijan nuevos desafíos, proyectos personales, oportunidades laborales, académicas, artísticas y literarias. También están naciendo nuevas formas de organizarse y actuar sobre territorios simbólicos. Allí se redefine el exilio, mientras se consolidan otras formas de activismo transnacional.

En resumen, el exilio no implicó una desconexión del país ni del proceso político, sino más bien una oportunidad para rearticular el disenso desde nuevos contextos y estrategias.

Resistencia transnacional

Antes de abril de 2018, gran parte del activismo juvenil nicaragüense se articulaba en universidades, barrios y organizaciones locales. Estos movimientos se fueron acercando a otras protestas sociales. La represión desmanteló estos espacios y obligó a una migración forzada sin precedentes. Costa Rica, México, Estados Unidos, España y otros países latinoamericanos se han convertido en destinos clave para el exilio juvenil.

La migración forzada y el exilio, lejos de significar un fin o una ruptura en su participación política, provocaron nuevas formas de resistencia juvenil. Han generado propuestas diferentes y alternativas, que incluyen el uso creativo de herramientas digitales, narrativas de memoria y construcción de redes. También iniciaron prácticas artísticas y literarias que emergen como otras formas de organización transnacional. Una dimensión que cuestiona los límites de la ciudadanía y el sentido de pertenencia.

La Rabia Digna y sus “huellas de la memoria”

Un ejemplo son los espacios multimedia como el colectivo La Digna Rabia. (18 de abril de 2021). No se olvida nada. Este incluye entre sus contenidos el fanzine digital Trazos de memoria, publicación que ha creado espacios para conmemorar a todas las personas que salieron de Nicaragua. A través de una serie de collages y talleres de escritura, construye narrativas, poemas, historias, pensamientos e imágenes sobre la memoria viva de lo que significa “migrar desde cuerpos feminizados”.

En las ciudades anfitrionas, la juventud nicaragüense ha creado redes de apoyo mutuo, colectivos y plataformas informales que funcionan como espacios de resistencia. En este sentido se puede mencionar la plataforma digital Hora Cero. Es un medio que incluye opinión, análisis político y reportajes de Centroamérica. Destaca por su uso creativo de herramientas digitales, redes sociales, plataformas y espacios virtuales que promueven la acción política.

Impulsadas por jóvenes nicaragüenses en el exilio, este tipo de iniciativas generan contenidos audiovisuales, campañas informativas y llamamientos. Con esto los creadores buscan romper el cerco mediático impuesto por el gobierno de Nicaragua.

La cultura digital renacerá

Las tecnologías digitales han sido un recurso fundamental para la creación comunitaria, la denuncia, la protesta y la construcción de narrativas alternativas. Actúan no sólo como medio de expresión, sino también como espacio de resistencia y como forma de sostener y promover la lucha social desde otros lugares y lenguajes.

Más allá de la condena política directa, muchos jóvenes han encontrado en la creación artística y literaria un lenguaje poderoso que construye significado en medio de una realidad hostil. Se utilizó poesía, música, ilustración y performance para expresar el dolor del exilio, la esperanza y la perseverancia de la lucha por la vida.

Así, los espacios digitales se han convertido en una trinchera de protesta, renovación del testimonio y expresión a través de la música, la sátira y la comedia. Por ejemplo, el informe Chiguin Nica concluye que el activismo digital permite “que las opiniones de los jóvenes sean escuchadas y tomadas en cuenta”.

Con el mismo propósito, el joven Loquin (Deliberadamente Locos Cuerdos), comediante de barrio, satiriza a los gobernantes de Nicaragua en sus redes sociales. Cree que su mejor manera de contribuir es hacer reír a la gente y admite que es “un poco travieso, pero liberador”.

Memorias individuales y causas colectivas

Estas prácticas artísticas tienen una doble función. Por un lado, nos permiten procesar emocionalmente la experiencia del desplazamiento forzado. Por otro lado, crean espacios de encuentro con otras diásporas y audiencias internacionales. El arte se convierte así en una herramienta que conecta las memorias individuales con las causas colectivas.

Tanto la reconstrucción de la memoria como la consecuente renuncia de la identidad política crean nuevos espacios de resistencia simbólica y construcción de paz. En diversas plataformas digitales y itinerantes alrededor del mundo, documentaron la violencia, contaron sus experiencias y preservaron la memoria de las víctimas de la represión estatal.

En este sentido, podemos mencionar la plataforma digital e itinerante Ama i no vivir, el Museo de la Memoria Contra la Impunidad, creada por una joven activista nicaragüense en el exilio. Es un ejemplo de cómo desarrollar una memoria colectiva digital, mediante la recopilación de testimonios, retratos y materiales audiovisuales que buscan preservar la verdad histórica y resistir la impunidad.

Pensar en ciudadanía y sentido de pertenencia

Para la juventud nicaragüense en el exilio la ciudadanía ya no se define sólo por el lugar de residencia, sino por la participación activa en la defensa de los derechos, la memoria y la justicia. La resistencia transnacional muestra que el exilio no es sólo un espacio de pérdida. También proporciona un marco para construir propuestas sin precedentes para la acción colectiva que amplían los horizontes del activismo y desafían los límites tradicionales de la política.

El activismo puede promover una redefinición del concepto de ciudadanía, mostrando que la participación política no se limita a un territorio geográfico o a la misma forma de organización, sino que puede implementar alternativas para crear influencia local y global. En definitiva, el exilio no significó el fin del proceso político de la juventud, sino una transformación profunda desde esta nueva territorialidad.


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