La elección: implicaciones de la guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz en la economía global

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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En 2026, la geopolítica y la geoeconomía irán de la mano. Marzo comenzó con otro conflicto: la guerra contra Irán lanzada por Estados Unidos e Israel para derrocar al régimen de los ayatolás. Con esta acción, Trump sigue dando forma a su plan para imponer un nuevo orden mundial, en el que prevalezca el “realismo jurídico de la jungla” y haga que el poder tenga razón.

Dos semanas después del inicio de la Operación Furia Épica, que el presidente estadounidense supervisó desde su cuartel de invierno en Mar-A-Lago, Florida, una cosa está clara: el cierre del Estrecho de Ormuz, controlado por Irán, está sacudiendo los mercados energéticos y amenazando (una vez más esta década) a la economía mundial.

A nivel local, un cierre prolongado de Ormuz estrangularía la economía de Irán al provocar una disminución de sus ingresos petroleros, ya que depende del paso de hidrocarburos a través del estrecho. Además, las importaciones que abastecen su mercado interno también fluyen en dirección opuesta. A nivel regional, el cierre arrastraría a las economías de los países vecinos: Arabia Saudita, Kuwait, Irak, Qatar, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos.

La guerra actual tiene un elemento de diferenciación que aumenta la presión sobre la economía mundial: la infraestructura de producción y transporte está bajo ataque, por lo que cuando termine la guerra, cuando sea que eso suceda, es poco probable que la industria petrolera de la región pueda recuperar inmediatamente su ritmo.

Ante la catástrofe, la Agencia Internacional de la Energía decidió tomar una medida drástica y extrema: anunció la liberación al mercado de un tercio de sus reservas estratégicas: 400 millones de barriles de petróleo. Pero esta oferta no fue suficiente para calmar los precios y el mercado la tomó como un aviso de que se avecinaban tiempos volátiles.

El 27 de febrero, último día de negociación antes del estallido de la guerra, el crudo Brent se cotizaba a 73,21 dólares por barril; casi dos semanas después, eso equivale a unos 99,38 dólares. Estamos hablando de un aumento porcentual de poco más del 35 por ciento que, al afectar el precio del combustible, determinará en última instancia los costos de transporte y producción, lo que generará inflación, menor crecimiento económico y mayor desempleo.

Estas circunstancias colocan a los bancos centrales en una encrucijada: aumentar las tasas de interés reduciría la inflación, pero encarecería los préstamos para las empresas, reduciría la actividad y provocaría despidos.

Para los países que no son productores ni controlan las rutas de suministro, esta crisis es un recordatorio de la importancia de acelerar la transición energética. En el caso de Europa, la UE importa la mayor parte del petróleo y el gas que consume. Pero la buena noticia es que se está trabajando para mejorar la tecnología de energía renovable.

Con su furia épica, Trump probablemente buscaba cambios rápidos en Irán: instalar un líder dócil, forzar un acuerdo de paz, desmilitarizar el país. En cambio, se encontró con un régimen que se jacta de que la guerra será larga. Además, los ataques iraníes están afectando a países de la región, hasta ahora cercanos a Estados Unidos. Y, además, sin petróleo y gas procedentes de Oriente Medio y con precios en alza, Rusia está ganando terreno en el mercado energético.


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