Los patinetes eléctricos se han convertido en algo habitual en nuestras ciudades. A menudo se los promociona como un emblema de la micromovilidad moderna, una solución que promete aliviar la congestión, reducir los tiempos de viaje y reducir las emisiones. Sin embargo, detrás de su promesa y modernidad se esconde un peligro: estos vehículos suponen una amenaza para la salud y la seguridad de los jóvenes.
La Organización Mundial de la Salud ha identificado la inactividad física como una “amenaza silenciosa a la salud mundial”. La movilidad activa (caminar o andar en bicicleta) es la forma más eficaz de combatir esto, ya que integra el ejercicio en la vida cotidiana, especialmente en los desplazamientos habituales, como el de ida y vuelta a la escuela.
A la luz de estas preocupaciones, varios estudios recientes han analizado la movilidad asistida y han cuestionado si estos vehículos están robando oportunidades de actividad física a los jóvenes. Un estudio muestra que usar una bicicleta eléctrica consume menos energía que caminar. Esto es comprensible: las bicicletas eléctricas no son un medio de transporte activo, sino pasivo y asistido. Al sustituir el caminar o la bicicleta, reducen sus niveles de actividad física diaria, como señala otro estudio. Además, al llevarte directamente a tu destino, hacen menos atractiva la movilidad híbrida con el transporte público.
Si un joven sustituye una caminata de 15 minutos por un paseo de 5 minutos en patinete eléctrico, pierde una parte clave de su actividad física diaria y de interacción con el entorno. Multiplíquelo por millones de jóvenes y el impacto en la salud pública es devastador, aumentando el riesgo de enfermedades no transmisibles a largo plazo.
Tampoco podemos ignorar los efectos negativos del uso de patinetes eléctricos en la salud psicosocial. Estos vehículos podrían, por ejemplo, transformar la experiencia social de viajar a la escuela, reduciendo las oportunidades de interacción social que ofrece el transporte activo, lo que resultaría en menos conversaciones y experiencias compartidas.
Riesgo de lesiones graves
Además de los riesgos sociales y sanitarios, el auge de la micromovilidad asistida ha provocado un preocupante aumento del número de accidentes. Los datos son claros: los datos de la Dirección General de Transportes de España muestran que 459 personas fueron hospitalizadas en España en 2024 por accidentes con vehículos de movilidad personal (principalmente patinetes eléctricos), un 34% más que en 2023. El número de víctimas mortales casi se duplicó durante este periodo, de 10 a 19.
Los datos de otros países europeos confirman esta tendencia. En Alemania, por ejemplo, las muertes aumentaron un 27 por ciento. La mitad de los heridos tienen menos de 25 años.
Otros estudios han descubierto que, entre los jóvenes, los patinetes eléctricos provocan más accidentes que las bicicletas, provocando lesiones como fracturas compuestas, traumatismos craneoencefálicos y lesiones de la médula espinal. Las velocidades que pueden alcanzar, la inestabilidad de sus pequeñas ruedas y la falta de infraestructura especializada se combinan para hacer que viajar en ellos sea riesgoso.
Hay varios otros elementos en este peligroso cóctel. Estos incluyen una falsa sensación de seguridad, un uso reducido del casco, la falta de educación sobre seguridad vial y la inexperiencia de los jóvenes para maniobrar a altas velocidades en áreas urbanas congestionadas.
Bicicletas: el verdadero futuro del transporte
La solución no es prohibir los patinetes, sino promover alternativas saludables y sostenibles. Las bicicletas, no necesariamente eléctricas, son la clave de la movilidad en desplazamientos urbanos de corta y media duración.
Las bicicletas ofrecen una triple ventaja que los patinetes eléctricos no pueden igualar:
Salud: Gastamos energía mientras andamos en bicicleta, lo que contribuye a la actividad física diaria y mejora los resultados psicológicos y sociales.
Sostenibilidad: Las bicicletas no generan emisiones, lo que las hace invaluables en la lucha contra el cambio climático.
Seguridad: Aunque las bicicletas no están exentas de riesgos, su diseño, estabilidad y la infraestructura ciclista existente mejoran la seguridad tanto percibida como real.
En la Red Española por una Infancia Activa y Saludable creemos firmemente que la movilidad juvenil debe ser activa, no asistida. Es fundamental que las políticas de planificación urbana, los docentes y las familias den prioridad a la creación de entornos seguros y atractivos para que los jóvenes caminen y vayan en bicicleta.
Para mejorar la salud pública y la salud del planeta, necesitamos invertir en:
Carriles para bicicletas separados y seguros
Zonas peatonales y medidas para calmar el tráfico
Medidas que permiten a las bicicletas compartir espacio viario con los vehículos a motor
Programas educativos activos en seguridad vial, tanto en las instituciones escolares como fuera de ellas
Campañas que destacan los beneficios físicos y mentales de la bicicleta.
Un patinete eléctrico es fantástico para desplazarse, pero no para la salud. Debemos asegurarnos de que la próxima generación no sacrifique la actividad física por conveniencia. Una juventud más sana y un planeta más verde están a nuestro alcance, pero sólo si animamos a los jóvenes a ser más activos.
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