Un grupo de niños y niñas juegan en el bosque bajo la mirada de varios adultos. Mientras unos se sientan en el suelo y apilan palos, otros trepan a un árbol y otros juegan al escondite en algún arbusto. Parecería una salida familiar, si no hubiera muchos niños y todos tuvieran la misma edad. Están vestidos con monos de colores para protegerse de la humedad y el frío, que no parece afectarles en absoluto. Esta insólita escena, sin embargo, se repite en los bosques y montañas de muchos países del mundo. Es sólo un día más en la escuela de naturaleza.
Este modelo de escuela se basa en las escuelas al aire libre, que nacieron en Alemania en 1904 con la Charlottenburg Waldschule, en Berlín. En ese momento buscaban ofrecer un ambiente saludable a menores con problemas de salud respiratoria. A pesar de la temprana expansión, dos guerras mundiales (y la Guerra Civil Española) pusieron fin a este enfoque. Recientemente, han resurgido debido al interés de muchas familias por reconectarse con la naturaleza.
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La conexión con la naturaleza a través de la experiencia directa es uno de los pilares de este modelo educativo. Katia Hueso Kortekaas.
Aunque reciben muchos nombres diferentes (escuelas forestales, guarderías al aire libre, grupos de juego al aire libre…), las escuelas de naturaleza son proyectos típicamente pedagógicos en los que los niños, normalmente entre 2 y 6 años, permanecen regularmente en un entorno natural. Están ahí todos los días, la naturaleza es su espacio de referencia.
El aprendizaje se produce al ritmo e interés de cada individuo, por lo que la principal herramienta de enseñanza es el juego libre y de riesgo. Los escenarios y materiales son los que proporciona la naturaleza. Los acompañantes adultos están ahí para ofrecer un ambiente de cuidado, respeto y afecto, sin interferir con las actividades y solo interviniendo cuando la seguridad o el bienestar de los participantes está en juego.
El acompañante adulto actúa como facilitador del proceso de aprendizaje y brinda los cuidados necesarios sin interferir en la autonomía de los niños. Katia Hueso Kortekaas. Auge en el norte de Europa
Las escuelas naturales modernas existen desde el último tercio del siglo XX, aunque experimentaron un importante auge en las dos primeras décadas de este siglo. Aunque no existen estadísticas oficiales, hoy se cuentan por miles en Europa y en otras regiones del mundo por decenas o cientos.
No hay datos ni estadísticas oficiales, pero basándome en el número de escuelas de naturaleza que he podido identificar, el número de niños que suelen acoger (también variable) y la población de niños de 3 a 6 años en esos países, mi cálculo no oficial es que en países como Alemania, Noruega o Dinamarca, una cuarta parte de los niños en edad preescolar asisten a una escuela de naturaleza.
Beneficios mentales y físicos.
Son numerosas las ventajas de la escolarización en la naturaleza, sin perjudicar el desarrollo cognitivo que se puede lograr en las escuelas tradicionales de la ciudad. Existen beneficios para el desarrollo social y emocional, como el desarrollo de la autonomía, la confianza en uno mismo y la resiliencia.
En el ámbito del desarrollo físico, las escuelas de naturaleza también son útiles. Hay estudios que demuestran que los niños tienen mejores habilidades motoras, mejor inmunidad y capacidades visuales.
La naturaleza proporciona el entorno y oportunidades para la intimidad, la tranquilidad y la conexión entre las personas. Katia Hueso Kortekaas.
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La salud mental también se fortalece: las personas que pasan habitualmente tiempo en entornos naturales muestran mayor resiliencia, confianza en sí mismas, regulación emocional y mejores relaciones sociales.
Además, y a largo plazo, la conexión temprana y habitual con la naturaleza promueve actitudes y comportamientos proambientales, contagiando incluso a personas que no disfrutaron de esa conexión en la infancia. Y esto tiene un efecto multiplicador.
Espacios inclusivos
Dado que el juego libre y el juego de riesgo son las principales herramientas de enseñanza, las escuelas se vuelven inclusivas por naturaleza y espacios de coeducación. No existe una “única forma correcta” de jugar, cada uno lo hace según sus inquietudes, necesidades y capacidades.
El apoyo del personal educativo garantiza que el aprendizaje sea observado y documentado, para su posterior análisis e interpretación, y para la eventual detección de cualquier problema que pueda surgir.
El juego libre y el riesgo son fuentes de aprendizaje y disfrute significativos, que permanecerán en la memoria y fomentarán el cuidado de la naturaleza en la edad adulta. Katia Hueso Kortekaas.
Por eso la educación en la naturaleza es especialmente adecuada para grupos vulnerables, como los niños con discapacidades del desarrollo. La accesibilidad física es fácil de resolver, y la dignidad de su juego, que les permite explorar libremente y asumir riesgos controlados, se convierte en un medio de empoderamiento muy necesario.
Reconocimiento oficial en España
Mientras que en otros países existen normativas, mecanismos de financiación y criterios de calidad específicos para las mismas –Alemania, República Checa e Italia ofrecen buenos ejemplos–, las escuelas de naturaleza no cuentan en España con el reconocimiento y apoyo que otros modelos de educación innovadores o activos. Por la misma razón, no existe una formación formal y adecuada del personal de apoyo, que al final resulta ser muy heterogéneo en origen y capacidades.
Los rudimentos de la alfabetización se practican mediante el suministro de materiales significativos, como guías de naturaleza. Katia Hueso Kortekaas.
Además, todavía existe una percepción negativa de los riesgos y la falta de comodidad de estar al aire libre, así como el prejuicio de que el juego libre no proporciona un aprendizaje significativo.
Como consecuencia, perdemos la oportunidad para que los niños y las niñas, así como la sociedad en su conjunto, disfruten de todos los beneficios que aportan dichas escuelas.
La educación sobre la naturaleza puede ser un enfoque seguro, saludable, sostenible y solidario. Si los responsables de la formulación de políticas aprenden a comprenderlas y aceptarlas, podrían convertirse en una alternativa positiva para el futuro de la sociedad en general y de la infancia en particular.
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