Una de las características del funcionamiento de sistemas parlamentarios como el español es la necesidad de alcanzar algún tipo de acuerdo entre los distintos partidos políticos para garantizar, sobre todo, la formación del gobierno.
Esto se debe a que es normal que después de cada elección, ya sea nacional, regional o local, nadie obtenga la mayoría absoluta de escaños o concejales y, por tanto, tenga que afrontar el desafío de llegar a un acuerdo con otros partidos.
Unos pactos que habrá que alcanzar tras negociaciones, ya que las elecciones no forman gobiernos, los que lo hacen son partidos mediante negociaciones entre ellos. Y, guste más o menos, se ha convertido en una obligación en nuestro sistema político.
Dado que hoy en día conseguir una mayoría absoluta para un partido político es casi una quimera, ambas partes tendrán que afrontar el desafío de las negociaciones, y seguramente habrá más dudas que certezas entre ellas.
Algunas dudas razonables que se pueden resumir en estas preguntas: ¿es necesario ponerse de acuerdo? ¿En qué tipo de gobierno deberíamos ponernos de acuerdo? ¿Qué elementos debemos priorizar? ¿Cuánto cuesta llegar a un acuerdo o no?… En definitiva: ¿qué gano con pactar?
¿Estás interesado en compartir el poder?
La primera decisión a tomar es si estamos interesados en compartir el poder. Esto en dos escenarios posibles: si somos un partido “grande”, pero nos faltan los escaños para poder formar gobierno y gobernar cómodamente, o si somos un partido pequeño en esa posible coalición.
En ambas situaciones, hay una cuestión que no se puede ocultar: compartir el poder en un gobierno de coalición significa asumir la responsabilidad conjunta de todas las acciones del gobierno. Esto está claro: desde el momento en que dos o más partidos forman un gobierno de coalición, todos son corresponsables del buen y mal desempeño de su gobierno.
¿Significa esto que estamos obligados a formar, pase lo que pase, un gobierno de coalición? No, en absoluto.
Es nuestro deber responder si realmente queremos, podemos o debemos compartir el poder para lograr “nuestros” objetivos políticos. Y para aclarar la confusión, veamos dos conceptos estrechamente relacionados: la dinámica de la coalición, por un lado, y el diferencial de influencia política, por el otro.
Hablar de dinámica de coalición significa tener en cuenta que la “solución” para la formación de gobierno no está fijada de antemano en forma de coalición. Una solución perfectamente viable es negociar un acuerdo parlamentario que garantice la formación y supervivencia de un gobierno minoritario de partido único. Y no, estos no son ni inestables -ni menos inestables que cualquier otro gobierno- ni menos productivos.
¿Y qué obtengo si no formo una coalición? Para ello, recurrimos a una variedad de influencias políticas: en aquellas situaciones en las que podemos alcanzar “nuestros” objetivos políticos sin tener que integrarnos en el gobierno y, por tanto, asumir la corresponsabilidad de todas las acciones gubernamentales, nos mantendremos fuera del gobierno ya que hemos negociado nuestro apoyo a cambio de nuestras decisiones políticas: aprobar leyes, crear nuevos programas o suprimir decisiones existentes.
Entonces ¿no crees que esto describe la situación actual entre el Partido Popular y Voca en Extremadura, Aragón y quién sabe si en Castilla y León tras las elecciones de marzo?
Pero en aras de la claridad, interrumpiremos con una afirmación que se escucha con demasiada frecuencia: todos los partidos luchan por el poder. Bueno, en realidad no, porque cuando se dice eso, se dice que quieren ganar poder.
Y la verdad es que la gran mayoría tiene el gobierno y los cargos como su objetivo central, su gran deseo. Pero como todo en esta vida, el interés está en los detalles.
Cuando el objetivo es una agenda política
¿Cuál es? Además del poder y los cargos, los partidos realizan simultáneamente la promoción y aprobación de políticas públicas relacionadas con su ideología, con su visión de cómo debe ser el estado, comunidad autónoma o municipio.
Y hay que sumar dos objetivos más simultáneos: el esfuerzo por consolidar e incrementar la base electoral (es decir, conseguir votos) y el de mantener y fortalecer la organización (lograr una buena cohesión interna).
Para lograr estos cuatro objetivos es necesario que cada parte priorice sus esfuerzos. Así, lo que para uno puede ser una prioridad absoluta (conseguir gobierno a toda costa) para otro puede ser sólo instrumental, encaminándolo hacia su objetivo principal, mientras es incapaz de gobernarse a sí mismo: impulsar buena parte de su agenda política fuera del poder ejecutivo.
Veámoslo así: el objetivo central del Partido Popular en las actuales negociaciones en Extremadura y Aragón (y previsiblemente en Castilla y León) es garantizar la titularidad del poder ejecutivo, sin excluir un posible gobierno de coalición como en la anterior legislatura.
En el caso de su potencial socio, Vok, tanto su anterior comportamiento de coalición como su actual estrategia negociadora parecen indicar que su prioridad es imponer su agenda política, considerando su inclusión en dichos gobiernos como una opción instrumental y, por tanto, indispensable a cambio de sus políticas públicas.
¿Estamos de acuerdo con este análisis? Creo que sí, y avanzaré otro concepto para una oportunidad futura: la dinámica multicapa o el impacto en las estrategias de negociación de los efectos de alcanzar uno u otro tipo de acuerdo en un nivel (comunitario, por ejemplo) sobre futuras negociaciones en otro (por ejemplo, a nivel estatal, sin ir más lejos). Interesante, ¿no?
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