Lo bueno, lo malo y lo feo del primer año de Claudia Scheinbaum como presidenta de México

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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En los medios es difícil encontrar una valoración imparcial del Gobierno de la llamada “Cuarta Transformación” (T4) y, en especial, del primer año del primer presidente de México. La polarización sigue marcando el debate, lo que nubla la posibilidad de comprender el momento histórico que vivimos.

Muchos celebramos la elección del primer presidente y el inicio de una etapa para el futuro del país. Pero no incondicionalmente: los errores, los vicios y el lado oscuro de este proyecto también se notan. En este sentido, dejo aquí algunas notas que intentan salir de esta polarización irracional para evaluar de manera equilibrada el gobierno de Claudia Scheinbaum.

Bien

La existencia de un debate sobre los asuntos públicos en el país es una ganancia, porque obliga a pensar más profundamente en los resultados del trabajo del gobierno. Aunque muchos están cerrados, este debate contribuirá a mejorar la participación ciudadana y nuestra débil democracia. La dinámica muestra que estamos experimentando un cambio en la cultura política, que ha sacado el debate de los pasillos del poder a la calle. Aunque todavía no lo hacemos con la apertura y madurez necesarias, es un paso adelante hacia gobiernos justos y eficientes.

En el primer año de presidencia de Scheinbaum destacan los programas de reducción de la pobreza, acciones que continúan las políticas sociales de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. En este campo recibe el máximo reconocimiento.

Aunque los aumentos salariales tienen el mayor impacto en la reducción de la pobreza, los programas sociales están generando un mayor apoyo popular en México. La razón es simple: el apoyo se refleja inmediatamente en los bolsillos de la gente. Una señal de que ahora los recursos públicos (al menos una parte) no quedan en las cuentas de los políticos.

Si bien los expertos señalan que “regalar” dinero no es la mejor fórmula y que se necesita una política integral, también es cierto que estas acciones han beneficiado a la población y mejorado las condiciones de vida.

Otro éxito es la forma en que ha manejado una relación compleja con el presidente Donald Trump, quien ha adoptado una postura agresiva en sus interacciones con el resto del mundo. Ante las constantes amenazas, Claudia Scheinbaum mantuvo una actitud firme pero mesurada. Sin sumisión, estableció estrategias para evitar conflictos y, al mismo tiempo, mantener el respeto a la soberanía nacional.

Malo

Sin duda, la seguridad sigue siendo el mayor desafío. Aunque la presidenta enfatizó la reducción de la criminalidad en su primer informe de gobierno, lo cierto es que el crimen organizado y la violencia preocupan mucho a la ciudadanía. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública en Zonas Urbanas (ENSU), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 63% de los adultos en zonas urbanas considera insegura la vida en su ciudad.

En este sentido, la falta de autocrítica manifiesta insensibilidad hacia las víctimas, que son víctimas del delito y viven en primera persona las consecuencias de la inseguridad, especialmente hacia las familias de los desaparecidos.

La militarización con la Guardia Nacional, aunque sea encubierta, es una de las mayores contradicciones del Movimiento Laborista. Ratificada el 1 de julio y concebida durante el mandato del anterior presidente, representa una inconsistencia programática, con el agravante de que la presencia de militares en las calles no ha reducido la criminalidad.

Otro tema negativo es la inexistente separación de poderes y la falta de espíritu crítico dentro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el partido gobernante. Su amplia mayoría legislativa determinó la dinámica del Congreso de la Unión. El equilibrio de poder –364 diputados de la coalición gobernante (Morena, Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista de México) frente a 135 de la oposición– justifica la opinión de que la Cámara actúa como un partido oficial.

Lo mismo ocurre con la reforma del poder judicial y la elección simulada de jueces que tuvo lugar hace unos meses. Durante décadas, el poder judicial mexicano ha obedecido la voluntad del presidente en el poder. Se necesitaban cambios urgentes para lograr una auténtica administración de justicia. Pero la reforma impulsada por López Obrador y continuada por Scheinbaum no significó esa transformación imprescindible, que garantiza un sistema imparcial y eficiente. Justicia para todos, no sólo para quienes podrían pagarla como ocurrió en el pasado.

Las elecciones judiciales, que dieron lugar al nombramiento de ministros de la Corte Suprema, tribunales electorales y otras áreas del poder judicial, apenas tuvieron un 13%. El voto popular sólo sirvió para legitimar el nombramiento de magistrados y magistradas vinculados al actual gobierno.

Otro tema no resuelto es la corrupción. Por mucho que intenten justificarlo, sigue siendo parte de la vida pública, principalmente porque los políticos del antiguo régimen permanecen y las viejas estructuras permanecen intactas. La vigencia de figuras como Manuel Bartlett, históricamente vinculado a las fases oscuras de los gobiernos del PRI, y Manuel Espino, quien fue presidente del PAN, son prueba de que la vieja política sigue viva.

Feo

El trabajo que ha realizado la presidenta es la principal razón por la que su popularidad se ha disparado. Esto es incluso más de lo que recibió López Obrador durante su mandato. El estilo de Scheinbaum, aunque pueda parecer una réplica comunicativa del de Tabasco, dejó su huella a partir de su impronta personal e independencia.

Desde el último mandato de seis años, la oposición se ha nublado y estancado en una posición que continúa alejándola de los votantes.

Por eso algunos analistas señalan que lo peor en esta nueva etapa de la historia nacional sigue siendo la oposición: inestable, decadente, incapaz de convertirse en un actor que sea el contrapeso que toda sociedad necesita para evitar los excesos del grupo en el poder.

Sin autocrítica y con tan mala oposición será imposible corregir los errores de los gobiernos de Morena, que no son de izquierda. A pesar de esto, existe cierto consenso en que México ha dejado atrás un régimen de abuso, corrupción y privilegios. Por tanto, hay esperanza de que el futuro del país sea mejor, pero sólo si recuperamos una discusión crítica, responsable y razonable sobre el destino de la nación.


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