El ataque a Irán por parte de Israel y Estados Unidos está rodeado de enormes incertidumbres que hacen muy difícil predecir qué sucederá en los próximos días o semanas.
La primera duda reside en los objetivos reales de esta ofensiva aérea. Parece claro que el poder ejecutivo de Benjamín Netanyahu quiere ver la caída del régimen del ayatolá, que ha sido su archienemigo durante más de 40 años. Sin embargo, las intenciones de Donald Trump no están tan definidas y puede que se contente con seguir el ejemplo de Venezuela, dejando a las autoridades iraníes en el poder para negociar.
Otra incógnita que rodea la dramática situación en Medio Oriente es la resistencia de Irán. El régimen se enfrenta a cuatro grandes dilemas: el aislamiento regional e internacional, ya que apenas cuenta con apoyo real en el exterior; la fragilidad mostrada ante ataques sorpresa de Israel y Estados Unidos; la tensión y el descontento social, que han provocado protestas masivas en los últimos meses; y la sucesión de poder en Teherán, desde la muerte del ayatolá Ali Jamenei, no deja claro qué corriente interna puede imponerse y determinar las prioridades de los iraníes.
La racionalidad en el histrionismo de Donald Trump
La forma de hacer política de Donald Trump suele estar rodeada de declaraciones polémicas e inapropiadas, así como de gestos y escenas más propias de un programa de televisión. Gran parte de los análisis en torno a la figura del presidente estadounidense cae en calificarlo de impredecible o irracional.
Sin embargo, la reciente política exterior estadounidense –o la rebautizada Doctrina Donroe– no es un impulso improvisado de Washington, sino más bien una respuesta directa y agresiva a los cambios en el orden mundial que la Casa Blanca considera desfavorables para sus intereses nacionales.
Trump centra todo su programa político en el lema Make America Great Again, que significa fortalecer a Estados Unidos como potencia mundial. Por esta razón, el presidente estadounidense quiere marcar todo el hemisferio occidental como su zona natural de influencia, evitando al mismo tiempo la expansión de China.
La administración estadounidense busca poner fin a toda resistencia a sus ambiciosos planes, convirtiendo a Irán en el punto central de su estrategia. No hay lugar para negociaciones, sino para la aceptación forzosa de condiciones escritas desde la Oficina Oval.
El sueño de Benjamín Netanyahu de un Israel más grande
Las intenciones globales de Trump coinciden con las afirmaciones de Benjamin Netanyahu, quien desde hace tiempo apuesta gran parte de su futuro político a la carrera presidencial del magnate estadounidense. Los ataques del 7 de octubre de 2023 dejaron a Israel con una sensación generalizada de vulnerabilidad. Sin embargo, las autoridades israelíes han emprendido el camino sin retorno para cambiar el mapa regional de Oriente Medio. Los israelíes están aprovechando el contexto de convulsión e inestabilidad para erigirse en los grandes líderes de la zona y acabar con toda resistencia.
Prolongar el conflicto permite a Netanyahu mantenerse en el poder, posponer sus problemas con la justicia e implementar el ambicioso plan de un Israel fuerte y en expansión. El resultado es la destrucción de la Franja de Gaza y la erosión de Hamás, la invasión del sur del Líbano y la desaparición de Hezbolá, así como repetidos ataques a los hutíes en Yemen o al nuevo gobierno sirio de Ahmed al-Shara.
Sin embargo, el gran objetivo del ejecutivo israelí está en Irán, ya que el derrocamiento del régimen podría ser un golpe decisivo al nuevo orden regional.
40 días de luto y equilibrio de poder en Irán
La muerte del ayatolá Ali Jamenei y de gran parte de los dirigentes militares y políticos de Irán es un duro golpe para el régimen, aunque está lejos de terminar. Es posible que las intenciones de Estados Unidos sean replicar el modelo de intervención en Venezuela o que Israel pretenda promover un rápido cambio de gobierno. Sin embargo, las fuerzas gubernamentales iraníes se han estado preparando para un escenario como el actual desde la propia revolución de 1979, dejando la cadena de mando bien jerárquica y extendida por todo el territorio y los niveles estatales del país.
El problema para el régimen iraní es cómo lidiar con la resistencia. Los 40 días de luto oficial del país probablemente estarán rodeados de ataques aéreos, pero también de la decisión de elegir un nuevo líder supremo, además de determinar la estrategia a seguir.
A pesar de la discreción y el secretismo con el que operan las autoridades iraníes, no es descabellado pensar que en este momento existe una fuerte presión entre diferentes corrientes que quieren tomar el control, desde las posiciones más conservadoras e inamovibles hasta aquellas que están dispuestas a continuar el diálogo con Washington.
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