Una economía circular es clave para afrontar los desafíos medioambientales y económicos actuales. Reutilizar materiales, reducir residuos o diseñar productos duraderos son pasos esenciales. Sin embargo, su implementación avanza a diferentes velocidades en Europa.
Si bien algunas regiones ya están avanzando hacia modelos más circulares, otras se están quedando atrás. Lo que plantea una pregunta clave: ¿por qué la transición no avanza al mismo ritmo en todos los territorios?
En un estudio reciente, utilizando datos de pymes en más de 200 regiones europeas, analizamos qué factores impulsan o dificultan la implementación de prácticas circulares.
Los resultados del trabajo muestran una cosa: el espíritu empresarial por sí solo no es suficiente. El entorno regional en el que operan las empresas influye decisivamente en su capacidad para avanzar hacia una economía circular.
excepto el reciclaje
Cuando se habla de economía circular, muchos piensan sólo en reciclaje. Pero el concepto va mucho más allá. Estos incluyen reducir el uso de materiales y energía, reutilizar desechos, rediseñar productos para que duren más o sean reparables y repensar los procesos desde cero.
Aunque el reciclaje está bastante extendido en muchas regiones europeas, estrategias más ambiciosas como el rediseño de productos quedan en un segundo plano. El estudio demuestra que no todas las rotondas avanzan por igual. La reducción y el reciclaje siguen patrones similares, pero el rediseño requiere impulsores diferentes y un apoyo mucho más específico.
¿Qué impulsa realmente la economía circular?
La economía circular no depende de ningún factor único. Es el resultado de varias condiciones que cambian según el lugar y la estrategia. Sin embargo, hay elementos clave que se repiten.
En primer lugar, la inversión en investigación y desarrollo, tanto pública como privada, desempeña un papel importante. Las regiones que optan por este tipo de inversión adoptan prácticas más circulares. Este efecto es particularmente visible en las estrategias destinadas a reducir el uso de materiales y el reciclaje.
Las habilidades digitales de la población también cuentan, pero no tienen el mismo impacto en todos los casos. Principalmente ayudan a hacer más eficientes los procesos, aunque son menos cruciales a la hora de transformar productos o modelos desde cero.
Otro factor clave es la cooperación entre empresas. La existencia de redes colaborativas favorece el intercambio de conocimientos y recursos, lo que puede facilitar la adopción de prácticas circulares.
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Barreras de la economía circular
Tan importante como identificar los factores desencadenantes es comprender qué detiene la rotonda. El estudio señala obstáculos que no siempre son visibles.
La paradoja llama la atención. Las regiones con mayor innovación de procesos no siempre lideran la economía circular. A veces, estas mejoras simplemente hacen que el modelo tradicional: fabricar, usar y tirar sea más eficiente. Esto puede crear un bloqueo que retrase los cambios profundos que necesita la circularidad.
El capital humano también es un desafío. Tener un gran número de sectores tecnológicos no garantiza el funcionamiento de una economía circular. Actividades como la reparación, el reciclaje o el mantenimiento dependen más de conocimientos técnicos que de títulos superiores. Si faltan estas habilidades, la circularidad se ralentiza, incluso en las regiones innovadoras.
Mapa de transición asincrónica: múltiples velocidades hacia un objetivo común
No todas las regiones de Europa avanzan al mismo ritmo. Un análisis de la especialización regional muestra que algunas regiones están más avanzadas que otras. Otros todavía tienen un camino por recorrer.
En el mapa, las regiones con colores más oscuros muestran un mayor nivel de circularidad. Las áreas más brillantes tienen una intensidad circular más baja. Fuente: Jove-Llopis, E.; Arauzo-Carod, JM y Coll-Martinez, E. (2025): ¿Qué determina los impulsores y obstáculos para la implementación de medidas de economía circular a nivel regional?, European Urban & Regional Studies, de próxima publicación.
En el grupo de líderes destaca con fuerza España. La mayoría de sus regiones, junto con Suecia y algunas zonas del Benelux (Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo) aplican modelos más circulares.
En España, los buenos resultados reflejan cambios recientes en las políticas públicas. Tras la adopción de la estrategia española de economía circular en 2020, varias medidas han ayudado a mejorar la implementación de prácticas circulares, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas.
Además de fijar objetivos claros y destacar sectores prioritarios, esta estrategia ofrece apoyo financiero, está alineada con las políticas europeas y proporciona una visión a largo plazo. Todo ello hace que la transición hacia una economía circular sea más eficiente, visible y medible.
Por otro lado, hay diferencias notables que demuestran que Europa tiene dos velocidades. Países como Portugal e Irlanda, así como algunas regiones de Francia, se están quedando atrás. Todavía tienen poca actividad en la economía circular.
Estas diferencias no son sólo una respuesta a un ritmo desigual: también reflejan diferentes enfoques. En el núcleo occidental de Europa -los países de la UE-15- los líderes están apostando fuerte por la recuperación de materiales y el uso de energías limpias. Por otro lado, en Europa del Este, la principal estrategia es la eficiencia: utilizar menos agua, utilizar menos energía y generar menos residuos. Aunque Europa del Este aún no ha aprovechado todo el potencial de la reutilización, ambas vías son piezas clave del mismo rompecabezas: la economía circular.
Implicaciones y desafíos futuros
La lección es clara: la economía circular no prospera con recetas individuales. Cada región necesita su propia estrategia de acuerdo con sus capacidades, limitaciones y actividades económicas.
Si Europa quiere alcanzar sus objetivos climáticos y de sostenibilidad, sus políticas deben tener en cuenta la dimensión regional de la economía circular y fortalecer las instituciones y los ecosistemas de sus regiones.
Lo más importante es entender qué ayuda y qué frena esta transición en cada territorio. Sólo así se podrán crear políticas más eficientes, más justas y más duraderas.
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