Con la desaparición de Maduro y el corte del petróleo venezolano, Cuba está aislada y vulnerable

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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“Y cuando despertó, el aceite todavía estaba allí…”

Dinosaurus es una historia de una frase escrita en 1959 por el autor guatemalteco Augusto Monterroso. Una de las historias más cortas jamás escritas, probablemente trata de los “dinosaurios” del poder, los muchos dictadores de Centroamérica desde hace mucho tiempo y los fantasmas que sobreviven a los aparentes cambios.

En la citada adaptación del cuento, el dinosaurio no es sólo el autoritarismo, las ideologías y consignas de los años sesenta, sino también el petróleo como factor estructural que condicionó las decisiones políticas, las alianzas ideológicas y los modelos de supervivencia estatal en Cuba y Venezuela.

La relación entre ambas naciones, piedra angular de la política latinoamericana durante más de seis décadas, ha estado definida permanentemente por el petróleo. El reciente arresto de Nicolás Maduro en Venezuela marca así un punto de inflexión geopolítico para La Habana, cuyos vínculos energéticos, estratégicos y políticos con Caracas han sustentado gran parte de su supervivencia como Estado.

Donald Trump dijo que Cuba está “lista para caer”. De hecho, la historia de Venezuela y Cuba en el siglo XX puede entenderse como dos trayectorias paralelas que comenzaron el mismo año.

En 1958 cae Marcos Pérez Jiménez y el posterior inicio de la democracia venezolana, así como el triunfo de la Revolución Cubana, que culminará en 1959 con la llegada al poder de Fidel Castro. Dos proyectos políticos nacieron simultáneamente, pero destinados a seguir caminos radicalmente diferentes.

La comparación tiene un significado duradero. Cuando Fidel Castro murió en 2016, en su cama después de toda una vida como dictador, Venezuela ya había tenido diez presidentes electos en el poder. Esta diferencia representa dos modelos de relación con el poder, la sociedad y la libertad.

La desconfianza de Castro hacia Venezuela

Desde el principio, Castro se centró en Venezuela como parte de un cálculo estratégico. La democracia basada en el petróleo en rápida expansión tenía recursos energéticos clave y una influencia regional significativa.

En los primeros días del gobierno del presidente venezolano Rómulo Betancourt, Castro fue aclamado como un héroe mundial, el líder que derrotó la dictadura de Fulgencio Batista. Sin embargo, la luna de miel duró poco. Cuando Castro pidió apoyo financiero y político para su revolución, Bettencourt se negó rotundamente. A partir de ese momento, la relación se volvió abiertamente hostil.

Las consecuencias pronto se hicieron evidentes, cuando Cuba promovió e intentó exportar la lucha armada a Venezuela. Esto incluyó un intento de invasión a través del pueblo de Machurucuto en 1967, durante el gobierno de Raúl Leoni, cuando guerrilleros entrenados en el modelo castrista de la Sierra Maestra intentaron replicar la experiencia cubana en suelo venezolano. Otras manifestaciones dramáticas, incluido un presunto intento de asesinato de Bettencourt con una jeringa que contenía veneno de cobra, ilustran la intensidad del conflicto.

Décadas después, la relación entre ambos países daría un giro decisivo con el surgimiento de Hugo Chávez. Después de dos intentos de golpe de Estado en 1992 y su posterior amnistía bajo el gobierno de Rafael Caldera, Chávez fue invitado a Cuba y recibido por Fidel Castro con los honores de jefe de Estado. Chávez quedó profundamente impresionado por Castro y la lucha revolucionaria cubana. A partir de ese momento se estableció una relación política y personal que tendría profundas consecuencias para Venezuela.

Leer más: Cinco escenarios para la Venezuela post-Maduro y lo que podrían indicar a la región en general

Estrechas relaciones con Chávez

Cuando Chávez llegó al poder mediante las elecciones de 1998, rápidamente se formalizaron una serie de acuerdos de cooperación con Cuba en las áreas de salud, educación, deportes y bienestar social. Los médicos cubanos llegaron a zonas históricamente desfavorecidas de Venezuela, sentando las bases para una narrativa de solidaridad y justicia social.

Sin embargo, había otro elemento menos explícito en la relación. El régimen cubano compartió su experiencia en control político, inteligencia, espionaje, represión y supervivencia autoritaria a cambio de recursos, principalmente petróleo. Al suministrar a Cuba decenas de miles de barriles de petróleo crudo por día, Venezuela ha aliviado la presión sobre la economía cubana, ayudando a mantener servicios esenciales y exportando trabajadores de la salud a redes fraternales cubanas en América Latina y África.

Esta fue probablemente la contribución más significativa de Cuba al proyecto Chávez. La isla sobrevivió a décadas de confrontación con Estados Unidos gracias a los subsidios soviéticos. Tras la caída de la URSS, atravesó un período de extrema inseguridad hasta que encontró una nueva fuente de apoyo en Venezuela. A cambio del petróleo venezolano, Cuba exportó un modelo probado y eficaz de control del poder.

Además, Chávez consideraba a Castro no sólo un aliado, sino también un mentor. Este aprendizaje explica gran parte del posterior giro autoritario de Venezuela. Lo que comenzó como un proyecto político con legitimidad electoral terminó adoptando la práctica de un régimen diseñado para no abandonar nunca el poder. Y así, los caminos paralelos de Venezuela y Cuba se volvieron a encontrar, décadas después, en el autoritarismo.

Fuerzas cubanas en Venezuela

La sumisión de Venezuela al aparato de seguridad cubano quedó firmemente subrayada el 3 de enero de 2026, cuando 32 oficiales cubanos murieron defendiendo a Nicolás Maduro durante una operación militar estadounidense que culminó con su arresto. La Habana calificó estas como “acciones de combate” en el desempeño de funciones oficiales.

El despliegue de personal militar cubano para proteger al Presidente de Venezuela y sus muertes en combate demuestra explícitamente la pérdida de control autónomo sobre la defensa de Venezuela por parte de sus propias fuerzas armadas. También revelan la existencia de una estructura de seguridad paralela dirigida por La Habana.

Ambas partes han negado oficialmente en varias ocasiones esta presencia militar. Sin embargo, muestra claramente que el régimen de Chávez ha delegado una función central de soberanía –la seguridad presidencial– a agentes del Estado cubano. Esto no tiene precedentes en la historia moderna de la región.

No hay petróleo y la industria del turismo está pasando apuros

Las relaciones entre Cuba y Venezuela no pueden entenderse sin reconocer al petróleo como su verdadero hilo conductor: primero como una promesa estratégica, luego como una salvación económica y política, y hoy como un vacío que redefine el margen de maniobra del régimen cubano en un contexto internacional cada vez más hostil.

Desde mediados del siglo XX ha sido el pilar de las relaciones entre La Habana y Caracas. Actualmente, México también es un importante proveedor de energía para la isla, pero el petróleo es el equivalente moderno del dinosaurio de Monteroso: una presencia atemporal.

Otro elemento clave de los problemas económicos de Cuba es el colapso de su sector turístico. Históricamente, ésta ha sido una de las pocas fuentes importantes de divisas no petroleras.

Un análisis reciente de Global Affairs encontró que la isla no ha logrado recuperar los niveles de turismo internacional anteriores a la pandemia: en 2019 recibió más de 4,2 millones de visitantes extranjeros, mientras que en 2023 solo hubo 2,4 millones. Las cifras para 2024 y 2025 muestran una nueva tendencia a la baja.

Sin Venezuela como proveedor de energía o una fuerte industria turística que genere ingresos, la economía cubana enfrenta un déficit crítico de recursos externos. La caída de ambas fuentes de ingresos revela la fragilidad de un modelo económico dependiente que no puede sostenerse en condiciones externas adversas.

Lire aussie: Los líderes cubanos acaban de perder un aliado en Maduro: si no tienen petróleo venezolano, podrían perder lo que queda de su apoyo público.

Un punto de inflexión para Cuba

Los estrictos controles de Trump sobre las exportaciones de petróleo de Venezuela están exacerbando la actual crisis en Cuba, que ahora se encuentra en un punto de inflexión que amenaza la supervivencia del régimen.

En este panorama, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, se ha perfilado como una figura central, combinando su trayectoria personal como hijo de inmigrantes cubanos y su visión política, que sitúa a Cuba en el epicentro de la confrontación diplomática y estratégica en la política exterior estadounidense contemporánea.

El resultado de este nuevo capítulo estará determinado por una combinación de sanciones, presiones internas y realineamiento geopolítico.

Para Cuba, el petróleo sigue ahí, pero ya no como una fuente automática de apoyo al régimen. Se trata ahora de una ausencia crítica, que expone las debilidades estructurales del país y que desempeñará un papel decisivo en su futuro en los próximos meses.


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