El empleo tecnológico crece, la digitalización avanza y los perfiles STEM -ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas- se han convertido en algunos de los más buscados en el mercado laboral. Se trata de campos con empleos estables, salarios superiores a la media y perspectivas de futuro difíciles de igualar. Sin embargo, la presencia de mujeres en estos estudios y profesiones es todavía muy baja.
En un estudio reciente, confirmamos que esta desigualdad no surge en el momento de la búsqueda de empleo: comienza mucho antes, en la escuela y durante la elección de estudios, y acompaña a las mujeres a lo largo de su carrera profesional. No debería sorprendernos que la brecha salarial aún exista si observamos cómo se distribuyen niños y niñas en las etapas de formación.
Cuando las opciones educativas limitan el futuro
La formación profesional (EFP), hoy una ruta clave hacia el empleo, refleja claramente esta desigualdad. En los últimos años, sólo alrededor del 9% de los estudiantes de FP STEM de primaria y secundaria son mujeres, y en FP STEM de grado superior, esa cifra es de alrededor del 15%.
Si ampliamos el enfoque, el patrón es aún más sorprendente: de cada cien mujeres matriculadas en FP, sólo una minoría (alrededor del 10%) elige familias profesionales STEM. Esto hace que las actividades económicas con mejores oportunidades -industria, tecnología, automatización, digitalización…- tengan muy pocas representantes femeninas desde la base. Y es una situación que, pese a los esfuerzos realizados, apenas ha cambiado en los últimos cuatro años.
Porcentaje de selecciones FPI STEM por género en los cursos 2019-2020 y 2023-2024, periodos en los que casi no hubo variación. Yolanda González-Arechavala con base en estadísticas de estudiantes de educación vocacional (MEFD, 2025b). Electricidad y manufactura, ¿cosas de chicos?
La brecha se acentúa en familias profesionales como las de instalación y mantenimiento, energía eléctrica y electrónica o fabricación mecánica, donde la presencia de mujeres apenas alcanza entre el 2% y el 6%. Estos entornos, masculinizados durante décadas, transmiten un mensaje implícito que influye en las elecciones: incluso hoy, muchas mujeres jóvenes no se ven en estas profesiones porque no encuentran referencias o no se sienten identificadas con el entorno.
Estas decisiones tienen consecuencias que duran años. Si las mujeres no acceden a estudios que las lleven a los sectores más dinámicos y mejor remunerados, su posición en el mercado laboral queda condicionada desde el principio. No es talento, sino un sistema que sutil pero persistentemente guía a mujeres y hombres por caminos diferentes.
La brecha salarial empieza en las aulas
La desigualdad salarial entre hombres y mujeres no se explica únicamente por la discriminación directa en las empresas. Tiene raíces más profundas: si la mayoría de las mujeres se capacitan en disciplinas con menor reconocimiento salarial y menos oportunidades de avance, eventualmente se concentrarán en sectores con salarios más bajos. Y si los hombres dominan los campos técnicos, con mayor demanda y mejores salarios, la brecha se amplía.
El acceso desigual a los estudios STEM explica buena parte de la brecha salarial resultante. Las profesiones tecnológicas ofrecen contratación rápida, contratos estables y salarios más altos, pero la subrepresentación de las mujeres en estas carreras reduce sus oportunidades de acceder a estos puestos.
Incluso cuando logran ejercer profesiones STEM, a menudo son una minoría. Este aislamiento afecta la confianza en uno mismo, la durabilidad y las oportunidades de avance. Para muchos, esto significa que desarrollan sus carreras profesionales en un entorno donde la cultura laboral todavía está diseñada por hombres y para ellos.
Universidad: desigualdad que persiste con matices
En la universidad el panorama es algo más complejo. En la mayoría de los estudios científicos –biología, química, biotecnología, ciencias marinas o ciencia y tecnología de los alimentos– la brecha de género no es muy notoria. Incluso, en determinadas épocas, las mujeres fueron mayoría durante décadas.

Evolución temporal por género en titulaciones en la rama de las ciencias. Yolanda González-Arechavala basado en serie histórica de UNIVBASE (MCIU, 2025a).
El problema se concentra, sobre todo, en la rama de la ingeniería y la arquitectura. En la mayoría de los campos de la ingeniería, los hombres siguen constituyendo una clara mayoría. En la ingeniería TIC (TI, ordenadores, videojuegos…) la proporción de mujeres ronda el 15% y, en cierta medida, sigue siendo inferior, incluso cuando el número total de estudiantes está creciendo.

Evolución temporal por género en las titulaciones de la rama de ingeniería y arquitectura. I. González-Arechavala basado en serie histórica UNIVBASE (MCIU, 2025a).
El caso de la ingeniería informática es particularmente llamativo: en los años ochenta, cuando la disciplina aún estaba en pañales, las mujeres representaban un alto porcentaje (más del 30%), según los registros de Univbase. Con el tiempo, la consolidación de los estereotipos masculinos asociados a la tecnología ha provocado una drástica disminución de este porcentaje, alcanzando niveles muy bajos en las últimas décadas.

Evolución temporal por género en las titulaciones de ingeniería informática. I. González-Arechavala basado en serie histórica UNIVBASE (MCIU, 2025a).
Hay excepciones que ayudan a comprender este fenómeno: La ingeniería biomédica es una de las pocas carreras de ingeniería donde las mujeres no sólo son mayoría, sino que aumentan año tras año. ¿Qué diferencia a esta raza de las demás? Su conexión con la salud y el cuidado, campos que culturalmente se asocian a lo femenino. El contraste muestra que la brecha no se debe a capacidades diferentes, sino a expectativas sociales profundamente arraigadas.
¿Por qué es tan difícil cerrar esta brecha?
La persistencia de estas desigualdades tiene muchas causas: estereotipos sobre lo que es “justo” para niñas y niños, falta de modelos femeninos visibles, orientación educativa sesgada, cultura organizacional de sectores tecnológicos o la percepción de que ciertos entornos siguen siendo hostiles para las mujeres. Estos factores se refuerzan mutuamente y crean un ciclo difícil de romper.
La buena noticia es que hay margen de acción. Impulsar carreras científicas desde la infancia, visibilizar referentes, formar docentes, desafiar prejuicios en la orientación académica, mejorar la cultura de los centros de formación y la formación profesional técnica digna pueden tener un impacto real. No basta con animar a las niñas a estudiar ingeniería: es necesario transformar los espacios y las narrativas que rodean estas disciplinas.
Una oportunidad que el país no debe desaprovechar
La brecha de género en STEM no es sólo una cuestión de igualdad. Es un problema económico. España necesita más expertos tecnológicos y científicos. Cerrar la brecha no se trata sólo de ampliar las oportunidades para las mujeres: se trata de garantizar que el país enfrente su propio futuro tecnológico y que se tenga en cuenta la diversidad de nuestra sociedad.
Si queremos un mercado laboral justo, competitivo e innovador, es necesario empezar donde todo empieza: en las aulas, donde se construyen -o se limitan- las posibilidades del mañana.
En la elaboración de este artículo colaboraron Carmen Fernández Herrero, estudiante de 1º del Máster en Tecnologías Industriales de la Universidad Pontificia Comillas, y Blanca Díaz Cirera, estudiante de 2º del Máster en Tecnologías Industriales y Administración de Empresas de la Universidad Pontificia Comillas.
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