En 2008, El curioso caso de Benjamin Button, película basada en un cuento escrito en 1922 por F. Scott Fitzgerald. Su protagonista nace con el aspecto físico de un niño de ocho años que, a medida que pasa el tiempo, ve cómo su cuerpo se rejuvenece al sentir sus experiencias de forma “normal”. Baton vive al revés, rejuvenece y, en cierto modo, vuelve a sus orígenes, pues muere siendo un niño.
Un efecto similar se produjo a raíz de las lluvias caídas en los primeros meses de 2026, que convirtieron el tramo inicial del Guadiana, en el entorno del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, en un “Batón de Benjamín” hidrológico. Sus aguas retroceden, fluyen río arriba y finalmente se infiltran en el suelo. Aunque el fenómeno no es nuevo, tampoco es tan conocido; principalmente porque no es común.
En este enclave de Castilla-La Mancha, los ríos representan un ecosistema humedal único en Europa Occidental, caracterizado por desagües en tramos llanos con muy poca pendiente y actuando como grandes lagos en los márgenes de su curso.
En condiciones normales, Las Tablas de Daimiel están formadas por la confluencia de dos ríos. De un lado, Ciguela, natural de la sierra conquense, que llegó a Daimiel tras atravesar la llanura manchega. Del otro lado, el Guadiana, que nacía en Los Ohos -ya seco-, donde recuperaba en superficie el exceso de agua del acuífero subterráneo situado bajo La Mancha para unirlo, kilómetros después, con la procedente del Campo de Montiel, que discurría por el Azuer, uno de sus afluentes.
Durante siglos, el sistema fluvial de Las Tablas funcionó de forma equilibrada. El agua, el clima y el suelo han dado lugar a un ecosistema dominado por un bosque mediterráneo progresivamente humanizado. A partir del siglo XIII, la orden de Calatrava favoreció el arado de las tierras y su conversión en pastos para el pastoreo del ganado -principalmente ovino- que llegaba cada invierno a la zona procedente de la sierra castellana.
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Molinos como represas
Agua, bosque y pastos convivían en Las Tablas en un entorno natural con enorme potencial económico. Aquella zona, entonces conocida como Real Dehesa de Zacatena, gozaba de protección, al menos desde que Felipe II dictó unos decretos destinados a regular la explotación forestal, piscícola y cinegética, que desde entonces están supervisados por una guardia superior.
Uno de los elementos más prototípicos del lugar fueron los molinos junto al río, de enorme importancia en la época preindustrial. Incluso se puede decir que en una región árida como La Mancha eran más numerosos y más decididos económicamente que los gigantes a los que se enfrentó Don Quijote.
Varios de ellos se remontan a la época musulmana. Sin embargo, el sistema de molino hidráulico del Alto Guadiana se configuró durante el siglo XVI. A mediados de ese siglo, entre Ojos del Guadiana y el límite oriental de Zacatena -en un tramo de unos veinticinco kilómetros del río- comenzaron a funcionar diez molinos. Los molinos del Guadiana sirvieron también como puentes y estanques, además de eficaces presas que retenían el agua de los ríos y distribuían la zona inundada.
Molino de Molemocho (renovado en 1998). Francisco J. Moreno Díaz del Campo
Aunque su uso y gestión dieron lugar a demandas y conflictos institucionales, el sistema funcionó eficazmente durante siglos. Cuando las ideas ilustradas del siglo XVII pretendieron aumentar las tierras cultivables y secar el cauce del río Guadiana, se hizo imprescindible derribar algunos de estos molinos y limitar el trabajo de otros. El fracaso de esos proyectos mantuvo en funcionamiento la mayoría de estas fábricas hasta el siglo XX, cuando la dictadura de Franco recuperó las ideas del siglo XVIII. En aquella ocasión no hubo vuelta atrás.
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Un río que se esfuerza por volver a su origen
Las obras de canalización en el Guadiana a finales de los años 60 profundizaron el cauce natural del río, alteraron el caudal de agua, redujeron las inundaciones costeras y limitaron la capacidad de molienda de piedra, que había sido hasta entonces el motor de la economía local. Las represas quedaron inutilizadas y el paisaje cambió radicalmente.
El riego intensivo y el cambio de la dinámica natural del Guadiana han llevado a una situación insostenible. Las Tablas perdió su equilibrio natural, ya que las aguas superficiales (cada vez más escasas) dejaron de encontrarse con las subterráneas, que dejaron de manar del acuífero debido a la sobreexplotación a la que estaba sometido.

Paseo Marítimo del Parque Nacional Tablas de Daimiel (Ciudad Real, España) Francisco J. Moreno Díaz del Campo. Francisco J. Moreno Díaz del Campo
Entonces algunos recordaron el efecto regulador de las presas de los molinos, pero las ruinas en las que se encontraron después de muchos años de descanso hicieron imposible su rehabilitación. Sin embargo, el plan de regeneración del agua iniciado en los años 80 devolvió la esencia de su acción.
Para salvar Las Tablas se construyeron varias presas. Los dos más importantes fueron Puente Navarro y Morenillo. El primero se sitúa a la salida del parque, a pocos metros del antiguo molino de El Navarro, mientras que el segundo se sitúa en la confluencia de los ríos Ciguela y Guadiana. La misión de ambos es mantener el nivel de inundación y proporcionar un nivel mínimo de agua, algo que ni siquiera ha sido posible en los últimos años, en parte debido, entre otros factores, a los efectos del cambio climático y la presión antropogénica, que han reducido la cantidad de precipitaciones y aumentado la extracción del acuífero que antes alimentaba naturalmente al Guadiana.
La tercera presa es el molino de Molemocho (renovado en 1998), que hunde sus cimientos en el río y cierra la zona inundada de Las Tablas en su extremo sureste.

Distribución de los históricos molinos harineros y embalses de Puente Navaro y Morenillo en Las Tablas de Daimiel. Francisco J. Moreno Díaz del Campo
La existencia de estas tres barreras tiene sentido en determinadas épocas, marcadas por lluvias abundantes, dando lugar a fenómenos como el ocurrido este año o el ocurrido durante el ciclo húmedo que tuvo lugar entre 2009 y 2013, un período de precipitaciones superiores a la media.
Cuando el cielo está generoso, la Ciguela se cuela en Las Tablas y la superficie del charco llega a su límite. Luego el agua cruza la barrera central (Presa Morenillo), continúa su camino y desborda el Puente Navarro. Si los niveles de inundaciones persisten, es posible que incluso sea necesario abrir las presas de Molemocho.
Es en ese momento cuando, como Botón, el Guadiana desafía el orden natural y su corriente recorre el cauce del río en busca de su origen. El fenómeno no sólo es curioso, sino también muy positivo porque el agua acaba infiltrándose bajo tierra y contribuye a la recarga del acuífero.
Es cierto que se trata de una situación anómala, temporalmente breve y que suele prolongarse lo que dura la crecida máxima de Las Tablas, pero no es menos cierto que alerta de la necesidad de controlar el nivel de inundación y de lo mucho que la historia de las infraestructuras hidráulicas de la región puede enseñar a propios y extraños del lugar.
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