Mientras que algunos disfrutamos acurrucarnos con un buen libro, otros prefieren ver una serie o jugar videojuegos. Pero desde la perspectiva de la neurociencia, la lectura es mucho más que entretenimiento.
Esto es especialmente cierto en el caso de niños y adolescentes. En el cerebro joven, la lectura estimula procesos cognitivos específicos que pueden marcar una gran diferencia en la vida adulta.
La lectura es importante durante la adolescencia porque es una etapa en la que el cerebro aún se está desarrollando. Durante esta etapa se produce una intensa reorganización de las redes neuronales que fortalecen el pensamiento, la planificación y el control conductual.
Una de las estructuras cerebrales clave en este proceso es la corteza prefrontal, una región asociada a las conocidas como funciones ejecutivas, que se encargan de mantener la atención, inhibir las distracciones y controlar el procesamiento de la información. Ciertas experiencias durante esta etapa pueden catalizar el desarrollo cognitivo y ayudar a consolidar estas habilidades.
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La comprensión de un texto extenso activa muchos procesos mentales que los cerebros de los adolescentes todavía están construyendo: mantener la atención durante largos períodos de tiempo, recordar información previa, hacer conexiones entre ideas, formar predicciones, notar inconsistencias y construir activamente el significado de la historia. Lejos de ser una actividad pasiva, la lectura implica un esfuerzo cognitivo considerable.
Precisamente por esta exigencia cognitiva, la lectura no siempre genera el mismo compromiso inmediato que otras actividades más pasivas. Si bien muchas actividades de ocio digital ofrecen una gratificación instantánea y un flujo constante de nuevos estímulos, la lectura requiere un período inicial de concentración y compromiso antes de que la recompensa narrativa se haga evidente.
Estados de lectura y transmisión
A medida que se fortalecen las habilidades de lectura, sucede algo interesante: la lectura comienza a fluir. A medida que los procesos de decodificación de palabras, acceso a su significado e integración de la información necesaria para comprender el texto se vuelven automáticos, el esfuerzo cognitivo se reduce y los lectores pueden sumergirse en la historia.
Luego, la atención pasa de descifrar oraciones a comprender el mundo narrativo y los personajes. Este es el punto donde la lectura se convierte, para muchas personas, en una actividad placentera.
Y la lectura regular no sólo produce placer: también promueve el desarrollo cognitivo. De hecho, su relación con el progreso durante la adolescencia es especialmente significativa, superando incluso a otros factores como la educación de los padres.
No todas las actividades de ocio activan estos procesos tan profundamente.
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¿Importa lo que lees?
La ficción literaria, como las novelas u otras historias con personajes impredecibles y situaciones ambiguas, es particularmente eficaz para fomentar la comprensión de los estados mentales y emocionales de los demás porque sumerge al lector en mundos sociales complejos. Los libros informativos o educativos, en cambio, contribuyen más al desarrollo del razonamiento.
Lo ideal es leer lo que más te guste. Sin embargo, leer textos más variados y de mayor calidad desarrollará una gama más amplia de habilidades diferentes.
¿Y si no te gusta leer?
No todo el mundo se siente inherentemente atraído por la lectura. La investigación psicológica sugiere que cuando se trata de actividades exigentes, comenzar temprano y practicar con frecuencia puede ser clave para que, en última instancia, sean gratificantes. La lectura no es una excepción.
Si está expuesto a la lectura a una edad temprana, es probable que desarrolle sentimientos positivos hacia los libros. Y si tus primeras experiencias fueron negativas (te obligaron a leer cosas que no te interesaban, o te costó leer y te resultó aburrido), tu motivación será mucho menor.
Por eso es tan importante que tengamos acceso a todo tipo de libros en nuestras aulas y hogares, y que podamos elegir qué leer, leer juntos y encontrar historias que resuenen con nuestros intereses e inquietudes.
Para aquellos que sienten que “leer no es lo suyo”, es importante recordar que la dificultad inicial no indica falta de capacidad; en realidad, es parte del proceso de aprendizaje. Con la experiencia, la comprensión lectora se vuelve más fácil y menos exigente, por lo que es mejor no darse por vencido antes de que se vuelva agradable. Incluso aquellos que más luchan con la lectura pueden beneficiarse de ello.
Después de todo, los viajes de lectura, como los viajes de la vida en sí, son variados y las habilidades se pueden desarrollar de muchas maneras diferentes con el tiempo. Pero es especialmente importante para los niños y adolescentes. En la adolescencia, la lectura es más que una práctica cultural: entrena la atención, la imaginación, el razonamiento y el pensamiento complejo en un momento en que el desarrollo del cerebro está en pleno apogeo.
Elegir no leer no sólo significa perderse la diversión. Significa también renunciar a una poderosa herramienta para el desarrollo cognitivo y para la educación cultural, crítica y cívica integral.
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