Una vida descifrada es el título de la autobiografía de Craig Venter, quien acaba de fallecer. Este empresario, impulsor de la publicación de uno de los dos primeros borradores del Genoma Humano, soñaba con la vida sintética y alargar la vida humana tanto como fuera posible. Fue uno de los científicos más influyentes en genómica del siglo XXI, en parte porque combinó dos talentos: una visión brillante del futuro y una intuición del momento de oportunidad.
Un emprendedor marcado por la guerra
Venter nació en 1946 y fue un pésimo estudiante en su juventud. Sin embargo, su paso por el ejército y la guerra de Vietnam dejaron una profunda huella en él. Tanta muerte y desolación (incluso con un intento de suicidio) le hicieron dedicarse a la medicina y a la ciencia.
Encarnaba el espíritu del científico emprendedor tan valorado en Estados Unidos. Entre los diversos institutos y empresas que fundó se encuentra el TIGR (Instituto de Investigación Genómica), que en 1995 secuenció todo el genoma de la bacteria Haemophilus influenzae utilizando la nueva técnica del “shot”. Esta técnica consiste en secuenciar el genoma de un organismo cortado aleatoriamente y, mediante algoritmos bioinformáticos, volver a ensamblarlo. El éxito de su propuesta fue tal que fundó una nueva empresa llamada Celera Genomics, con el objetivo de aplicar la misma estrategia de secuenciación al genoma humano. Para Venter, el esfuerzo del consorcio público fue demasiado “lento e inerte”.
dos borradores
La competencia para publicar el primer borrador del Genoma Humano, considerado el Santo Grial para comprender lo que distingue a nuestra especie, fue amarga y polémica. El consorcio público era consciente de que la tarea era mucho más compleja que secuenciar cualquier otro organismo. Por ello, desde el principio intentó proceder de forma racional, realizando un mapeo preciso de cada cromosoma antes de lanzarse a la identificación de genes específicos. Como contrapartida a los esfuerzos distribuidos entre tantos países y científicos, todos los datos se ofrecen de forma abierta, pública y libre de patentes. La propia Celera Genomics se ha beneficiado de ello.
En cambio, una empresa privada como la de Venter, con un claro objetivo de lucro, partía de la premisa de que sólo quienes pudieran pagar tendrían acceso a sus datos, generados por códigos bioinformáticos de última generación. Obviamente, la mayoría de las instituciones públicas no podían permitirse el lujo de pagar ese acceso.
La carrera estaba claramente desequilibrada, dado que, sin acceso a los datos públicos obtenidos con tanto esfuerzo que “delineaban” muchas regiones del genoma humano, habría sido imposible para el grupo de Craig Venter completar con éxito su esfuerzo en ese momento.
Sin embargo, el consorcio público aceleró sus trámites y adelantó 5 años la obtención de aquel primer borrador del Genoma Humano, publicándose tanto de forma pública como privada, con un día de diferencia, en febrero de 2001, este mismo año celebramos el 25 aniversario de esta publicación.
celular ‘frankenstein’
Venter nunca perdió su interés por la información contenida en el genoma humano. Fue secuenciado completamente en 2007, para convertirse en el “estándar de oro para el genoma humano”.
También fue el primer caso exitoso de secuenciación masiva de todos los genes codificantes del genoma (exoma) en 2008. Esto abrió la puerta al diagnóstico genético individual –mediante secuenciación masiva a muy bajo costo– que tanto ha avanzado la genética humana en los últimos 15 años.
Más allá de la genética humana, en 2010 publicó la secuencia y generación de un microorganismo totalmente sintético, a partir de una célula de ADN vaciada que había sido “reventada” con cromosomas producidos químicamente en el laboratorio. Venter y su equipo buscaban una célula mínima, es decir, que contenga la mínima información genética necesaria para la vida. Un avance sorprendente que abre la puerta a la síntesis de organismos “Frankenstein” en el futuro, con genomas de diferentes organismos, o con genes que nunca antes habían existido.
La última aventura de Craig Venter fue la creación de la empresa Human Longevity, concebida para crear “gemelos digitales” con los que, a partir de información genética individual, podría diseñar medicina personalizada y alargar la vida de las personas, de forma privada y a un coste elevado. Para ello, planeó combinar el uso de todos los conocimientos bioinformáticos sobre el genoma humano junto con algoritmos de inteligencia artificial.
Irónicamente, en su caso, la genética se rebeló contra el genio, que murió de cáncer a los 79 años, algo que sus algoritmos no habrían podido predecir.
Paradójicamente teniendo en cuenta que ni siquiera alcanzó la esperanza de vida esperada de los hombres en España, que es de 81 años. El hombre que pregonaba la posibilidad de maximizar la longevidad de la especie humana murió mucho antes de lo que le hubiera gustado. Que descanse en paz.
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