¿Por qué el azul significa “triste” en inglés y “borracho” en alemán? Colores, metáforas y lenguajes

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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“Para gustos, colores”, dice un dicho español. Pero aunque “sobre gustos no hay nada escrito”, todos decimos alguna vez que “resultamos”, que una persona es una “oveja negra” y otra una “roja”. Alguien que se ponga “de punta en blanco” en España “alucinaría de color” al saber que una expresión similar en italiano -di punto in bianco- significa algo completamente diferente: “de repente”.

¿Por qué utilizamos colores cuando queremos expresar nuestras emociones? Según los lingüistas, recurrimos al lenguaje metafórico para expresar y definir el mundo que nos rodea y nuestro mundo interior. En el último caso, dado que nuestros estados de ánimo y emociones son intangibles o abstractos y difíciles de explicar, a menudo los expresamos a través de otros conceptos e ideas: fenómenos externos más obvios que podemos percibir con nuestros sentidos (como la vista). Por eso utilizamos colores para transmitir mejor cómo nos sentimos por dentro.

Amarillo: loco, cobarde y falso.

Mientras que en Rumania, cuando uno tiene miedo, se vuelve blanco como una pared (sa facut alb ca varul), un inglés se encoge volviéndose amarillo (ser amarillo), como quien habla farsi o persa (ز ترس زرد كردة بود).

El mismo color supone adquirir un alemán envidioso (gelb von Neid sein), mientras que un árabe habla de sonrisa amarilla (سامة صفراء) cuando ve una sonrisa falsa, al igual que un brasileño (sorriso amarelo). En cambio, un minuto amarillo para un croata es un momento de locura: un minuto amarillo.

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Azul: triste, hambriento o borracho

Mientras los angloparlantes admiten estar tristes o tristes (ser azul), un catalán hambriento diría blau de fam. Para un alemán, ser de ese color es estar borracho (blau sein), y ser azul (blau machen) es estar “enredado” o faltar a clase.

Un noruego le pregunta a un turista perdido: ¿er du blah? (¿eres “azul” o nuevo aquí?); y los japoneses también usan esta metáfora para alguien inexperto: 隿の芝生は青く电影. Pero si un turco regala cuentas azules (mavi boncuk dagıtmak) es porque quiere complacer a alguien, todo lo contrario que los franceses que, cuando tienen mucho miedo, pueden decir avoir une peur bleue (“tiene miedo”).

Rojo por vergüenza, ira o envidia.

Estamos en el buen camino si confirmamos que cada cultura y lengua utiliza los colores de manera diferente y les otorga un valor diferente. Así, mientras el rumano se enoja poniéndose negro (negru de suparare), el alemán ve rojo (rot sehen), al igual que el portugués (ficar vermelho de raiva, “rojo de ira”).

Un tailandés se sonrojaría de vergüenza (ส้ามั่, “cara roja”), al igual que un turco “iuzu kızarmak”, un polaco (red yak burak, “rojo como una remolacha”) o un griego (kokkinizo). Los chinos, en cambio, tienen los ojos rojos de envidia: 红眼病.

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Todas aquellas expresiones que involucran el color rojo coinciden con el uso en español (un idioma donde uno puede estar rojo de ira pero también de vergüenza). Sin embargo, en ruso, una mujer pelirroja (hermosa virgen) no transmite enfado ni timidez. Significa algo positivo: una mujer hermosa, ya que el rojo es el color que se lleva en las fiestas y se asocia a la belleza. Asimismo, en China y la India ese color está reservado para la ceremonia nupcial de la novia.

El rosa tiene connotaciones positivas en turco (pembe haialler es “sueños rosados”, sueños hermosos), ya que en hebreo dice לאות את החיים בורוד, “ver algo rosa”. Es decir, como en español: míralo de forma positiva.

Verde de envidia, inmadurez o miedo.

Si un alemán asocia el color verde con emociones gratificantes (alles im grunen Bereich, todo es verde o está controlado), y un bosnio tiene suerte de alcanzar ramas verdes (salir/venir a una rama verde), difícilmente un ruso puede ponerse verde de envidia (pozelenet’ de envidia), como tampoco lo hace un brasileño (ficar zeleno de invejdotipash).

Ni siquiera un español hará muchos elogios si alguien “se pone verde”, y alguien se pone verde (להיות ירוק) para un israelí, alguien es ingenuo e inexperto, como para un polaco (nie mieć zielenego pojecia, “no hay ni una sola idea verde”).

Ser verde (उु बहत लालची बदा हृ) significa ser tacaño en punjabi; En siamés (Tailandia), “สัต้ยจ” (“cara verde”) existe como metáfora del miedo. Un indio celoso (हरा होना, “verde” en hindi) sufriría en China porque tendría que llevar un sombrero de cornudo verde (戴绿帽,乌龟头).

Podemos ponernos morados ante tantos ejemplos metafóricos diferentes: el ser humano se parece más a un camaleón de lo que pensamos.

Entre tantas variaciones cromáticas, el búlgaro se aburre de tener un día gris (civoto ezhednevie), y el croata ve en este tono un poder oculto (“eminencia gris”, eminencia gris): una persona en la sombra que sabe más que un ratón rojo y no es sórdida (el marrón, según la RAE, es un color terroso o pardo).

Un gran ejemplo es el color blanco, que a menudo se asocia con algo limpio, impecable y puro. Así, la palabra Bielorrusia (Bielorrusia) significa “Rusia Blanca” en el sentido de auténtica o pura. El blanco se usa en los funerales en China y la India, mientras que el negro simboliza el duelo en las culturas europeas.

Los colores y la evolución del lenguaje

Aristóteles planteó la hipótesis de que los colores se derivan de los cuatro pilares básicos de la naturaleza: fuego, agua, cielo y tierra. Pero no todas las lenguas distinguen el mismo número de colores. Los miembros de la tribu Dani (Papúa Nueva Guinea), por ejemplo, se conforman con sólo dos: la oscuridad y la luz.

¿Cómo es eso posible? Algunos estudios han demostrado que la diversidad de colores se desarrolla en paralelo a la evolución de las lenguas: cuando una lengua tiene un vocabulario reducido, siempre hay blanco y negro, y a medida que se amplía la nomenclatura cromática, se introducen en este orden el rojo, el verde o el amarillo, el azul, el marrón, el morado, el naranja, el gris o el rosa. Estos hallazgos apuntan a una base biológica y cognitiva universal en la percepción del color.

En el mundo de la publicidad, nuestra debilidad por el color se aprovecha en estrategias de marketing, ofreciéndonos, por ejemplo, ropa en tonalidades cada vez más exóticas. Los colores varían según el gusto, pero si decides optar por un suéter “camello”, primero asegúrate de no tener ya un suéter “arena” en tu armario.

Y el color rojo…


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