La guerra civil en las aulas: ¿la estamos enseñando bien?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La Guerra Civil es un episodio de la historia reciente de España que supuso la aplicación de un sistema dictatorial represivo durante casi cuarenta años. A noventa años de su inicio, forma parte de la memoria colectiva como un hecho traumático y conflictivo, y sigue presente en las discusiones ideológicas y políticas.

Su enseñanza es fundamental no sólo para comprender el pasado más o menos reciente, sino también como conocimiento básico sobre el que construir una educación cívica y democrática antes de abandonar el sistema educativo.

¿Pero es así? ¿Los niños y niñas salen de la educación obligatoria entendiendo y estudiando este episodio del pasado, sus orígenes y consecuencias?

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¿Artículo pendiente?

Las leyes educativas han cambiado con frecuencia en los últimos años en España, pero todos coincidieron en que no dan a este contenido histórico el tiempo y el peso académico que merece.

Aunque se han dado algunos pasos en la última ley de educación, la realidad es que se puede dedicar muy poco tiempo en las aulas a enseñar qué fue la Guerra Civil, cómo se desarrolló y por qué ocurrió.

Se cubre únicamente en 4º de la ESO, último curso de Educación Secundaria Obligatoria, dentro de la asignatura de Historia, que cuenta con tres lecciones semanales. En aquel momento el plan de estudios incluía no sólo la historia española moderna, sino también la historia europea, incluyendo movimientos y puntos de inflexión en el campo del arte. En algunas autonomías como Madrid, Murcia o Extremadura el contenido se reduce al siglo XX, lo que permite más tiempo para trabajar estos procesos.

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Los alumnos que continúan con la matrícula después de la secundaria obligatoria son los de segundo curso de la carrera de Historia de España. En este nivel se centra en los siglos XIX y XX, aunque algunas autonomías también incluyen contenidos anteriores (por ejemplo, de la prehistoria, en el caso de Madrid, o de la época antigua en Murcia).

En este contexto, es muy difícil tratar contenidos como la guerra y la dictadura con el debido cuidado y profundidad. De ahí las importantes carencias en la formación de los estudiantes sobre estos temas: confusión sobre la localización cronológica básica, la desconexión de la guerra civil del contexto europeo, la igualdad moral de los candidatos, desconocimiento del significado profundo de la represión…

Este desconocimiento se traduce en ocasiones en una interpretación benévola del franquismo por parte de la población española.

Brechas clave después del tiempo de clase

Además de estas dificultades estructurales en el tratamiento de la guerra civil, existen otros tipos de factores limitantes.

En primer lugar, los libros de texto, que son los recursos más utilizados en las aulas de Historia. A pesar de los innegables avances en la calidad de sus textos y recursos, cuestiones clave como la represión, la perspectiva de género o los efectos de la guerra en el plano social todavía no están ampliamente representadas.

Por ejemplo, todavía hay un tratamiento más claro de la realidad local de la represión, con ejemplos relacionados con el contexto de los estudiantes, así como con la represión específica de género o la existencia de resistencias y transgresiones cuando se incluye a las mujeres en la narrativa histórica.

En segundo lugar, la formación docente, necesaria para llenar los vacíos en los libros de texto escolares, depende en gran medida de los planes de estudio de las carreras universitarias. Por ejemplo, los estudios universitarios de historia, en muchos casos, reproducen problemas similares a los observados en 4º de la ESO: planes de estudio incomprensibles y atención insuficiente a la conflictiva historia reciente.

Es decir, ni siquiera los profesores de historia estudiaron en detalle este período histórico en su educación universitaria.

Narrativas no críticas

Además de enseñar poco, cuando se enseña, el tratamiento que se da en las aulas presenta a veces problemas de reproducción de narrativas acríticas: que el conflicto era inevitable, o que la Segunda República, el régimen durante el cual ocurrió la rebelión que condujo a la guerra, fue parcial o igualmente responsable que los rebeldes. Algunas historias apoyadas por la dictadura franquista para construir su legitimidad.

Finalmente, la reciente consolidación de la extrema derecha en todo el mundo y en España también presenta un desafío. Especialmente por actitudes ambiguas o abiertamente simpatías hacia el régimen de Franco y el rechazo a la política de la memoria. Esto contribuyó a la normalización y legitimación del surgimiento de actitudes conflictivas y reactividad en las aulas, considerando los buenos discursos presentes en las redes sociales sobre la guerra que distan mucho de lo que la academia viene investigando desde hace décadas.

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Oportunidades y buenas prácticas

Teniendo presente esta realidad, es necesario prestar atención a las buenas prácticas que el profesorado implementa en las aulas, lo que queda reflejado en el trabajo recientemente publicado sobre el franquismo. Historia reciente y memoria democrática en las aulas.

Algunos profesores, especialmente aquellos comprometidos con un tratamiento de la memoria democrática y la historia escolar que contribuya a una ciudadanía crítica, toman decisiones didácticas conscientes cuando se enfrentan a la guerra.

Por ejemplo, hacerlo desde el nivel internacional, desde la historia sociocultural, teniendo en cuenta la acción individual y colectiva, incorporando la experiencia de soldados, mujeres, niños y niñas, exiliados o centrando la atención en la represión.

Todo ello mediante la inclusión de diversas fuentes históricas que se alejan del canon bélico del que muchas veces se enseña la guerra. Por ejemplo, empezando por la introducción de fuentes orales disponibles en multitud de repositorios, revisando fotografías históricas, realizando itinerarios educativos para rastrear las huellas de la guerra en nuestras ciudades (trincheras, edificios…), utilizando la novela gráfica, etc.

En definitiva, estas buenas prácticas muestran la necesidad de una acción consciente por parte del profesorado para llenar los vacíos estructurales e insertar la historia reciente de España como un contenido, posiblemente conflictivo, pero imprescindible para dotar a los estudiantes de herramientas democráticas.


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