¿Por qué el segundo animal más grande del planeta camina por la costa del mar Mediterráneo?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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El Mar Mediterráneo alberga algunas de las especies marinas más importantes y grandes del planeta. De las nueve especies de ballenas que se pueden encontrar en sus costas occidentales, la más grande es la ballena de aleta (Balaenoptera phisalus). Más precisamente, es el segundo animal más grande del mundo, justo detrás de la ballena azul. Puede alcanzar entre 20 y 24 metros de longitud y pesar alrededor de 70 toneladas.

Durante las últimas semanas habrás leído muchas noticias sobre ballenas que han sido avistadas (o incluso entre los privilegiados en verlas) cerca de las costas de la Comunidad Valenciana, Murcia y Andalucía.

¿Por qué hay tantos avistamientos en este momento?

Viajar en busca de comida.

El rorcual común es una especie pelágica distribuida por todo el océano, especialmente en aguas templadas y frías con alta productividad biológica. En el Mediterráneo, es el único misticeto que está presente regularmente y representa una población genéticamente diferenciada de la población del Atlántico norte.

Su dieta se basa principalmente en pequeños organismos planctónicos, especialmente euphausiaceae (krill), que captura mediante alimentación por filtración o excremento.

En la región del Mediterráneo, las ballenas de aleta realizan movimientos estacionales relacionados con la disponibilidad de alimentos, un fenómeno comúnmente conocido como migración. En el Mediterráneo occidental destaca su presencia en zonas como el mar de Liguria, el mar Balear y el Santuario de Pelagos.

Ballena fina en la costa de Denia (Alicante). Imágenes de drones obtenidas previa aprobación del MITECO (SGBTM/BDM/AUTSPP/32/2025). Víctor Gallego (UPV)

Las costas levantinas y el canal de Ibiza son importantes zonas de paso, donde suelen verse frente a las costas de la Marina Alta durante la primavera y principios de verano.

Todas estas ballenas migratorias acaban cruzando el Estrecho de Gibraltar en busca de alimento en aguas del Atlántico. En este sentido, las costas atlánticas de la Península Ibérica, especialmente Galicia, representan zonas relevantes para la observación por su alta productividad marina.

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¡Cómo estudiar un animal de 20 metros en el agua!

El rorcual común tiene una madurez sexual tardía (6-10 años), una tasa de reproducción baja (1 cría cada 2-3 años) y una longevidad elevada (75-90 años). Estas características limitan la recuperación de su población, mermada por la caza durante el siglo XIX. XXX.

Entre las principales amenazas actuales para los rorcuales comunes se encuentran las colisiones con embarcaciones, la contaminación acústica provocada por las actividades humanas y los efectos del cambio climático en la distribución de sus presas.

Aunque parezca sencillo, estudiar las ballenas supone un reto para los científicos: son animales que viven en el océano y, a pesar de su gran tamaño, pasan la mayor parte del tiempo bajo el agua (no se pueden ver), por lo que detectarlas supone, la mayor parte de las veces, un reto extraordinario. Sin embargo, las costas de la Marina Alta (Dénia y Xabia) ofrecen a los investigadores una excelente oportunidad para estudiar a estos animales, ya que es posible descubrirlos desde tierra.

El estudio de las ballenas en el proyecto MisticMED combina equipos de observación de tierra y mar, y la cooperación de estos equipos de trabajo es fundamental para obtener datos sobre las ballenas migratorias.

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Equipos de tierra (UPV).

Desde tierra, un equipo de observadores se sitúa en los puntos elevados de la costa. En nuestro caso lo hacemos desde los acantilados del Cabo San Antonio. Utilizando binoculares y telescopios terrestres, los llamados observadores (localizadores) registran la presencia de ballenas, su dirección de movimiento, velocidad, comportamiento y distancia aproximada a la costa.

Estas observaciones permiten la detección de animales a largas distancias y la coordinación del trabajo con equipos acuáticos ubicados en embarcaciones. Aunque parezca increíble, los observadores son necesarios para el descubrimiento y posterior estudio de estos místicos. ¡El 90% de las ballenas que estudiamos son detectadas por el equipo de tierra! Esto se debe a su posición privilegiada en lo alto de los acantilados.

Desde el mar, otro equipo trabaja desde un pequeño barco de investigación. Una vez localizadas las ballenas, siguen los siguientes protocolos para minimizar las molestias a los animales. Desde un barco se tomaron fotografías de alta resolución de la aleta dorsal, pero especialmente de la parte dorsal del animal.

Además, utilizamos drones para obtener imágenes aéreas del animal, que se han convertido en las últimas décadas en una herramienta muy valiosa para el estudio de las ballenas. Su uso permite obtener información de alta calidad de forma no invasiva, superando algunas de las limitaciones de la observación desde embarcaciones o desde tierra.

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Alta tecnología aplicada a la preservación de la biodiversidad

En el caso de los rorcuales comunes, los drones han permitido observar con precisión los patrones de pigmentación de la cabeza y la región dorsal, en particular los llamados blaze y chevron. Estas marcas naturales son fundamentales para distinguir a los individuos y han permitido crear catálogos fotográficos, documentar recapturas y mejorar el conocimiento de sus movimientos, uso de hábitat y dinámica poblacional en el Mediterráneo occidental.

Además, el uso de drones permite contar el número exacto de ejemplares si migran en grupo, observar la presencia de madres con bebés (que son muy difíciles de detectar desde embarcaciones), e incluso recoger muestras de impactos simplemente colocando un pequeño plato en el dron y acercándose a ese impacto, que tiene entre 3 y 4 metros de altura.

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Recogida de una muestra de aliento de ballena mediante un dron para su procesamiento y análisis genético. Equipo UPV.

Finalmente, una de las técnicas más avanzadas utilizadas en el estudio del rorcual común es el marcaje satelital. Esta metodología consiste en colocar temporalmente a los animales dispositivos de seguimiento, que transmiten información sobre su posición y movimiento vía satélite en tiempo real.

Gracias a esta tecnología es posible conocer con gran precisión rutas migratorias, zonas de alimentación y patrones de uso del hábitat a escalas espaciales y temporales difíciles de estudiar mediante observación directa.

Estos datos contribuyen a la identificación de zonas de especial importancia para la conservación de la especie, la evaluación de posibles amenazas derivadas del tráfico marítimo y la mejora de la gestión de las zonas marinas donde las ballenas están frecuentemente presentes.

¿Qué sabemos hasta ahora… y qué nos falta saber todavía?

La población de rorcual común del Mediterráneo es genéticamente distinta de las poblaciones atlánticas y utiliza habitualmente las zonas altamente productivas del Mediterráneo occidental, como el mar Balear, el Santuario de Pelagos o las costas de la Garrafa. Gracias a las técnicas mencionadas sabemos que existe una población de entre 1.300 y 1.700 individuos, conocemos sus rutas de viaje y su fidelidad a determinadas zonas.

Sin embargo, aún se desconocen aspectos fundamentales, como la localización exacta de sus posibles zonas de reproducción, las diferencias migratorias entre sexos y edades, y el grado de intercambio de individuos entre el Mediterráneo y el Atlántico.

Además, es necesario comprender mejor cómo el cambio climático, el tráfico marítimo, el ruido submarino y otras amenazas afectarán su movimiento y conservación. Por tanto, es esencial continuar con los programas de seguimiento a largo plazo mediante la fotoidentificación, los drones y el etiquetado por satélite.

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Cuatro ballenas en la costa de la Marina Alta (Alicante) durante su migración anual. Imágenes de drones obtenidas previa aprobación del MITECO (SGBTM/BDM/AUTSPP/32/2025). Equipo UPV.


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