¿Las plantas tienen sentimientos y pueden experimentar dolor?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Pregunta de Daniel Adán Panondo, 13 años. Centro Educativo Santo Domingo, Granada.

Cuando preguntamos si una planta sufre cuando se corta, la respuesta no comienza en la botánica, sino en nuestro propio cerebro. La razón por la que sentimos lástima por un árbol cortado o una flor marchita reside en unas células fascinantes llamadas neuronas espejo.

Estas células son el motor de la empatía humana: nos permiten ponernos en el lugar de los demás. Gracias a ellos, si ves caer a un compañero en el recreo, casi puedes sentir el impacto. Nuestros cerebros son tan sociales que nuestras neuronas espejo a menudo se “sobrecargan” y nos hacen proyectar esos mismos sentimientos en los vegetales.

Pero para saber si realmente esa planta es triste o dolorosa, primero debemos entender qué es exactamente el dolor.

El dolor es una alarma de incendio.

Para los humanos y los animales, el dolor no es un castigo, sino un medio de supervivencia que nos ha dado la evolución. Imagínese tocar accidentalmente una sartén caliente. Inmediatamente sientes un dolor agudo que hace que tu cerebro envíe una orden relámpago a tus músculos: ¡saca tu mano de ahí!

Aunque a veces deseamos no sufrir, una vida sin dolor es extremadamente peligrosa. La medicina ha documentado casos reales de familias que, debido a una mutación genética, nacen sin la capacidad de sentir deficiencias físicas. Aunque parezca una superpotencia de película, en la vida real es un problema muy serio. Al no tener esa “alarma” interna que les avise de que están en llamas o que se han roto algún hueso, sufren constantes accidentes y, lamentablemente, muchos miembros de estas familias mueren muy jóvenes. La capacidad de sentir dolor es nuestra mejor garantía de supervivencia.

Pero para que esta alarma funcione y podamos experimentar dolor físico o emociones complejas como el miedo, un ser vivo necesita una especie de “ordenador central” y una red de cables que lo conecte con el resto del cuerpo. Es decir, necesita un cerebro y un sistema nervioso.

Las plantas carecen por completo de este equipamiento. No tienen cerebro, nervios ni receptores de dolor. Por tanto, desde el punto de vista científico, la respuesta es contundente: las plantas no tienen sentimientos ni dolor. Simplemente no tienen el hardware para soportar el dolor.

Superpoderes que provienen de vivir anclados en la tierra

Llegados a este punto, es natural preguntarse por qué la evolución no les dio cerebros y sistemas nerviosos para protegerse y sobrevivir. La respuesta está en tu estilo de vida.

A diferencia de los animales, que pueden correr, volar o esconderse cuando hay un incendio o un depredador, las plantas son lo que los biólogos llaman organismos sésiles. Esto quiere decir que viven anclados en la tierra durante toda su vida. Si se acerca un rebaño de cabras hambrientas, el trébol no puede escapar.

La evolución es extremadamente práctica y no selecciona ni fija rasgos inútiles. Si no puedes escapar de la amenaza, tener un sistema nervioso que te haga sentir un dolor insoportable mientras un insecto come tus hojas sería una tortura innecesaria y, en última instancia, una mala adaptación.

Como las plantas no pueden escapar, la naturaleza no les ha dotado de la capacidad de soportar el dolor. En cambio, reemplazaron la capacidad de escapar con un asombroso arsenal químico y fisiológico. Para sobrevivir sin movimiento utilizan sensores celulares distribuidos por todo su cuerpo que detectan cualquier estímulo externo y responden ajustando su crecimiento, cerrando sus hojas o produciendo sus propios venenos defensivos.

Huelen, escuchan y avisan

El hecho de que no sientan dolor no significa que sean estatuas de madera que no saben nada. Las plantas son seres vivos asombrosos, capaces de detectar daños y reaccionar ante ellos, incluso si lo hacen sin emoción.

Probablemente te guste el olor a césped recién cortado cuando alguien enciende el cortacésped. Para nosotros es un aroma que recuerda a los días de verano en la piscina, pero para la planta es una auténtica señal de emergencia. Cuando una planta sufre daño físico, libera al aire sustancias químicas llamadas compuestos orgánicos volátiles.

Con este “olor”, la planta dañada avisa a sus vecinos. Al recibir el mensaje, otras plantas comienzan a producir toxinas en sus hojas, de modo que si un insecto hambriento viene tras ellas, tendrá un sabor terrible. ¡Incluso hay plantas capaces de liberar sustancias que atraen a las avispas depredadoras para que vengan a comerse las orugas que las atacan! Es un sistema de defensa sofisticado y sorprendente, pero puramente físico-químico.

Ensalada sin culpa

Por todo ello, aunque la biología nos demuestra que podemos comer ensalada con total tranquilidad porque la lechuga ni sufre ni se queja, la preocupación que se esconde en la pregunta que respondemos en este artículo es maravillosa.

De hecho, sabemos por la psicología que la empatía es una cualidad humana preciosa que debemos cultivar y fomentar. Aunque la ciencia nos dice que las plantas son biológicamente ciegas a nuestras emociones, el hecho de que sintamos este respeto y afecto por ellas nos convierte en los mejores administradores posibles de la naturaleza.

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El Museo Interactivo del Parque de las Ciencias de Andalucía y su Unidad de Cultura Científica e Innovación colaboran en la sección The Conversation Junior.


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