El actual secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, finaliza su segundo mandato de cinco años en diciembre de 2026. Mientras reflexiona sobre su futuro, que sin duda incluirá la redacción de sus memorias sobre su paso por el cargo, la organización está inmersa en el proceso de selección de una persona que le sustituya.
La Carta de las Naciones Unidas simplemente establece que la Secretaría General es elegida por la Asamblea General por recomendación del Consejo de Seguridad, dando a los cinco miembros permanentes –China, Estados Unidos, Francia, el Reino Unido y Rusia– control sobre las elecciones con su poder de veto.
Durante décadas, esa persona fue elegida por el Consejo de Seguridad y simplemente aprobada por la Asamblea General. Después de repetidos llamamientos para adoptar un proceso más transparente e inclusivo, desde 2015 se ha intentado configurar un proceso electoral estructurado y en constante mejora.
En abril, la carrera comenzó oficialmente con un diálogo público interactivo entre los candidatos, los estados y la sociedad civil en el que presentaron su visión de las Naciones Unidas y respondieron a sus preguntas.
La siguiente fase, en mayo o junio, serán reuniones a puerta cerrada con miembros del Consejo de Seguridad, seguidas de deliberaciones privadas entre ellos. Las encuestas informales en el organismo comenzarán en julio. Inicialmente, se espera que todos los miembros voten en igualdad de condiciones entre “apoyo”, “no aconsejo” o “sin opinión”.
Posteriormente utilizarán votación diferenciada entre miembros permanentes y electos. En ese momento crucial sabremos, a través de filtraciones interesadas, si alguno de los cinco grandes está “asesorando” a alguno de los candidatos. Asimismo, se esperan más elecciones informales entre todos los estados de la Asamblea General.
El intercambio del Consejo de Seguridad podría retrasarse varios meses hasta que puedan ponerse de acuerdo sobre al menos un candidato no controvertido. Luego aprobará una resolución con al menos nueve votos afirmativos y ningún voto en contra de los miembros permanentes, y recomendará su elección.
Luego la Asamblea General decidirá sobre el candidato propuesto. En el último trimestre del año conoceremos a la persona que sustituirá a Guterres.
Habilidades diplomáticas, comunicativas y multilingües.
Los candidatos deben encarnar los más altos estándares de eficiencia, competencia e integridad y un firme compromiso con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Además, es deseable que tengan probada capacidad de liderazgo y gestión, amplia experiencia en relaciones internacionales y habilidades diplomáticas, comunicativas y multilingües. Asimismo, se suele enfatizar la necesidad de que sea independiente, lo que es una alusión crítica a la práctica de “reservar” altos cargos en la organización para garantizar el apoyo.
La selección también debe tener en cuenta la rotación regional, un criterio ampliamente aceptado para garantizar el equilibrio regional en la selección de los puestos más importantes de las Naciones Unidas, que no siempre se respeta. Mirando este camino, todo parece indicar que el candidato provendrá de alguno de los 33 países de América Latina y el Caribe.
A este criterio se suma el género, que ganó un papel dominante durante este proceso. En el Pacto para el Futuro 2024, los Estados lamentaron que aún no se hubiera elegido a una mujer entre los nueve secretarios generales y pidieron que se considere esa posibilidad. Las investigaciones muestran que al menos 92 países se han comprometido públicamente con esto, incluidos Francia y el Reino Unido. China se ha pronunciado recientemente al respecto.
¿Quiénes son los candidatos?
Tras la retirada de Virginia Gamba por parte de las Maldivas, cuatro personas compiten por el puesto de Secretario General. Los países de la región latinoamericana, lejos de acordar una candidatura común, presentaron tres personas. Brasil, Chile y México nominaron a la ex Presidenta, ex Directora de ONU-Mujeres y ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet. El actual gobierno chileno retiró su apoyo apenas llegó al poder.
Argentina, por su parte, designó al nacional Rafael Mariano Grossi, director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Costa Rica hizo lo mismo con la secretaria general de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas, Rebecca Ginspan.
Fuera de la región, el único candidato es el ex presidente senegalés Macky Sall, nominado por Burundi y rechazado como candidato por la Unión Africana.
En el caso de que ninguno de los candidatos obtenga el consenso necesario, no se descarta que aparezcan otros nuevos.
El próximo será más difícil.
No debemos perder de vista que el Secretario General es el primer funcionario de la organización. Su poder deriva en gran medida de su capacidad de diálogo, negociación, creación de consenso e inventiva.
La persona elegida tendrá que liderar una organización en una crisis financiera, sujeta a la presión de Estados Unidos, a una reforma urgente y necesaria de la organización que no llega -ni hay señales reales de que vaya a suceder- y a una creciente irrelevancia en el ámbito de la paz y la seguridad internacionales. Y todo ello en un contexto internacional sumamente turbulento. Sea quien sea, tiene un trabajo increíble esperándolo.
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