El ‘sueño chino’ de Xi Jinping: cómo Beijing pretende desafiar a Estados Unidos por el liderazgo global

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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En las últimas dos décadas, el ascenso de China se ha convertido en uno de los fenómenos más decisivos del nuevo sistema internacional emergente. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, el país ha pasado de ser una “fábrica mundial” a una potencia tecnológica y diplomática que aspira a desafiar a Estados Unidos por la hegemonía global.

Las reformas económicas de la década de 1980 permitieron a China experimentar un crecimiento sin precedentes en la historia reciente. Sin embargo, se produjo un salto cualitativo con el 14º Plan Quinquenal (2021-2025), que tenía como objetivo lograr la autosuficiencia tecnológica en sectores estratégicos como los semiconductores, la inteligencia artificial y la biotecnología.

Solo en 2024, el país representó el 47% de las solicitudes de patentes mundiales, según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), y en 2022 destinó el 2,6% del PIB a investigación y desarrollo, superando el promedio de los países en desarrollo según la Oficina Nacional de Estadísticas de China.

Esta política combina inversión pública masiva, alianzas internacionales selectivas y una diplomacia tecnológica que vincula la innovación y la acción exterior. Es decir, China movilizará sus capacidades tecnológicas (5G, energías renovables o inteligencia artificial) como instrumento de poder e influencia internacional.

Prosperidad, cohesión y poder

El proyecto político de Xi Jinping, conocido como el “sueño chino” (中国梦, Zhongguo meng), busca restaurar el papel central del país en el mundo. Este sueño combina tres ejes: prosperidad económica, cohesión interna y “reactivación nacional”. ¿Qué significa este discurso? En la práctica, esto implica mantener fuertes controles internos y una expansión controlada en la que la diplomacia, la innovación tecnológica y la modernización militar se coordinen para consolidar la influencia global de China.

El gasto en defensa aumentó un 7,2% en 2024, consolidando a China como la segunda potencia militar del mundo, con un 1,7% del PIB. Al mismo tiempo, el país está desarrollando capacidades en ciberdefensa, guerra electrónica y drones autónomos. Como afirmó Xi en 2017: “Frente a una competencia militar global cada vez más intensa, solo ganan los innovadores.

La política de la seda

El ascenso de China no puede entenderse sin su dimensión geográfica. A través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), lanzada en 2013, Beijing ha invertido más de un billón de dólares en infraestructura que une Asia, África y Europa.

Esta red de corredores ferroviarios, puertos y parques industriales no sólo busca facilitar el comercio, sino también fortalecer la influencia de China. El control de recursos críticos, como el litio, el cobalto o las tierras raras, le otorga un importante poder geoeconómico. China procesa el 60% del litio del mundo y produce más del 70% de las tierras raras, según la Agencia Internacional de Energía.

Estos materiales son necesarios para la transición energética y la revolución digital, que posiciona a Beijing como un socio irremplazable. En el contexto de una descarbonización acelerada, el control de minerales críticos no sólo condiciona la capacidad industrial de los estados, sino que también reconfigura las estructuras del poder económico y político global, un área en la que China tiene una clara ventaja.

Europa entre la cooperación y la autonomía estratégica

A partir de 2019, la UE define a China como socio, competidor y rival sistémico, una triple categoría que refleja la ambivalencia estudiada. Europa necesita a China para avanzar en su transición verde y tecnológica, pero teme que se vuelva demasiado dependiente de ella en sectores estratégicos.

El concepto de “de-risking”, impulsado por la Comisión Europea, busca reducir las dependencias sin romper los vínculos comerciales. Alemania, por ejemplo, mantiene un comercio bilateral con China de más de 250.000 millones de euros al año, pero limita la inversión en sectores sensibles como las telecomunicaciones o los microchips.

Diplomacia tecnológica y narrativa global

¿Cómo logra China alcanzar sus objetivos de política tecnológica? La diplomacia china combina el poder duro, económico y militar, con el poder blando basado en la proyección cultural, la cooperación educativa y la creación de instituciones internacionales propias, como el Instituto Confucio o el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras.

Además, China está promoviendo una narrativa alternativa al orden liberal occidental: un “mundo multipolar” en el que los países del Sur Global tengan mayor voz. En 2024, China apoyó la incorporación de Irán, Egipto, Etiopía y Emiratos Árabes Unidos a la cumbre de los BRICS, consolidando su papel como articulador del bloque posoccidental.

Sin embargo, su estrategia exterior también conlleva ciertos riesgos. La creciente deuda de algunos países africanos y asiáticos con los bancos chinos y las tensiones sobre Taiwán o el Mar de China Meridional podrían conducir a una crisis de legitimidad o a una respuesta coordinada por parte de otras potencias.

La paradoja del ascenso de China

China aspira a liderar la cuarta revolución industrial y consolidarse como potencia global sin provocar una ruptura abierta con el orden liberal creado en 1945. Su desafío es controlar sin sofocar, expandir sin crear alianzas para contener y sostener la innovación dentro de un sistema político centralizado.

Que el siglo XXI sea recordado como el momento en que China desafió el orden liberal… o lo reinventó a su medida dependerá de su capacidad para innovar sin desestabilizar.


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