Los llamados minipúblicos son instituciones de participación política. Estos entornos de gestión se forman seleccionando una muestra estadísticamente representativa que refleje las características y diversidad de los ciudadanos. Para llegar a dicho patrón se suelen utilizar fórmulas casi aleatorias, incluida la lotería. De esta forma se obtiene una forma acorde con la sociedad civil.
La selección del minipúblico se complementa en ocasiones con un grupo de expertos y/o ciudadanos interesados.
En las minipúblicas deliberativas, la sociedad civil acepta implícitamente la obligación de profundizar en las posibilidades lógico-discursivas, sociopolíticas y ético-jurídicas de las cuestiones relativas al interés público. Su desempeño tiene lugar dentro de la discusión parlamentaria a través de formas sofisticadas de interacción argumentativa. Diversos expertos señalaron que se trata de instituciones inusuales, cuyo papel fue poco común en el desarrollo de políticas públicas en los sistemas democráticos.
A pesar de su limitada influencia política, los minipúblicos son actualmente una marca registrada de la Unión Europea. Se utilizan con el fin de formar la opinión pública, pero también con el fin de informar sobre los procesos de toma de decisiones.
Se trata, por tanto, de un grupo elegido con el propósito de confiarle la tarea de convertirse en pensadores grupales. Es inusual pensar en las interacciones que se generan dentro de tal agregado de ciudadanos.
Microcosmos deliberativos
Minipúblico es un concepto amplio, que incluye un conjunto complejo de instituciones políticas, entre las que destacan jurados, asambleas y células ciudadanas, así como conferencias de consenso, investigaciones deliberativas o G1000.
El G1000 es una cumbre ciudadana que nació en Bélgica en 2011 para abrir un espacio de deliberación democrática. El G1000 se celebró en Madrid el 4 de marzo de 2017 para canalizar proyectos de presupuestos participativos.
Existe un debate entre teóricos y profesionales de la participación y la deliberación política sobre las ventajas de utilizar la selección aleatoria en lugar de la estratificación. Especialmente cuando se quiere establecer ciertos criterios sociodemográficos.
El politólogo estadounidense James Fishkin (2009) favorece la selección aleatoria como estándar para el microcosmos deliberativo. Para muchos, el muestreo aleatorio es la clave para garantizar a los ciudadanos una oportunidad idéntica de ejercer su derecho a participar.
También se suele decir que el uso de cuotas asegura la presencia de diversos grupos y perspectivas sociales. Por ejemplo, el establecimiento de minipúblicos basados en cuotas es esencial para volver a muestrear a los grupos excluidos, no sólo para asegurar su presencia, sino también para aumentar la probabilidad de que sus voces sean escuchadas.
Actualmente se está llevando a cabo Voces, un proyecto de investigación liderado por el Departamento de Filosofía Moral y Política del Departamento de Historia del Derecho y Filosofía Jurídica, Moral y Política de la Universidad de Salamanca. Los objetivos del proyecto están estrechamente relacionados con la dimensión moral y política de la propia voz y la sociología de la relación con el mundo. Algunas ideas recogidas por el sociólogo de origen alemán Hartmut Ross en su obra Resonancia.
Desde la visión de este autor, afín a la Escuela de Frankfurt, resonante, como lo expresa el propio concepto, tiene una base biológica, psicológica y relacional. No se trata de ofrecer un eco, se trata de una respuesta. Esto implica tener una voz propia, que se comparte a través de relaciones mutuas y socialmente significativas.
Crítica descolonial
A pesar del uso de muestreo aleatorio y cuotas para incluir las voces de los grupos marginados, pocos estudios examinan las relaciones de poder asimétricas y otros mecanismos de exclusión que acompañan a estas innovaciones democráticas, como señala el profesor Subhabrata Bobby Banerjee en su crítica descolonial de la democracia deliberativa.
Publicaciones recientes también identifican un hecho anómalo en los estudios de democracia deliberativa: una notable falta de información sobre la identidad y las características sociales de los ciudadanos involucrados en procesos participativos. Esta omisión, lejos de ser un detalle menor, representa un obstáculo importante para comprender cómo y por qué ciertas especificidades de individuos y grupos afectan la dinámica y los resultados de los procesos antes mencionados.
Asimismo, esta observación puede vincularse con la teoría crítica de la raza desarrollada por Charles R. Lawrence, quien sostiene que el racismo inconsciente también influye en las acciones gubernamentales. Según este abogado estadounidense, le damos importancia a la raza incluso cuando no somos conscientes de ello. La ubicuidad del racismo es tal que debemos preguntarnos hasta qué punto nuestros marcos legales pueden garantizar la igualdad de protección y, más aún, hasta qué punto existen consecuencias raciales desproporcionadas e indeseables que, paradójicamente, se derivan de nuestros propios ideales de igualdad.
Racismo estructural inconsciente
Simplemente haga una búsqueda rápida de imágenes de miniaudiencias para detectar una mayoría de blancos y algunos individuos racializados, cumpliendo lo que podría considerarse una cuota de igualdad.
En este sentido, cabe preguntarse si la mera presencia de personas racializadas es suficiente para hacer oír su voz, cuando estamos, conscientemente o no, marcados por los signos del racismo. ¿Qué igualdad reivindicamos con los minipúblicos? ¿Estas instituciones participativas de la sociedad civil toman en cuenta los efectos colaterales de la injusticia testimonial causada por el racismo estructural inconsciente?
Si bien hay un giro descolonial en la investigación sobre la democracia deliberativa, es necesario no sólo ampliar el alcance de la igualdad en los minipúblicos: también debemos reconsiderar las razones de este ideal en sociedades pluralistas, abiertas al diseño innovador, plenamente democrático y disruptivo, si es necesario, de las propias culturas deliberativas.
Cultura deliberativa
La clave está en el diseño o rediseño de nuestra propia cultura deliberativa, como han señalado las politólogas feministas Karen Celis y Sarah Childs. Esta agenda teórico-práctica es exactamente la que pretende alcanzar el proyecto Voces, mediante la ejecución de al menos tres de sus objetivos generales:
Desarrollar un enfoque feminista crítico en todos los aspectos del proceso de investigación de fuentes bibliográficas, análisis de experiencias deliberativas y selección de metodologías aplicadas.
Promover la investigación colaborativa con perspectiva de género en el campo de los estudios de democracia deliberativa y la teorización sobre minipúblicos y asambleas.
Historiador e interpretación del desarrollo y comprensión de los debates actuales sobre los alcances y límites de la participación política desde parámetros innovadores.
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