La Casita de Bad Bunny ha suscitado estos días un intenso debate. No sólo por la presencia casi exclusiva de celebridades y VIP, sino también porque durante el concierto algunos cazatalentos reclutaron a jóvenes delgadas y tonificadas del público para compartir escenario con el cantante puertorriqueño.
Para muchos, esta práctica demuestra cómo el cuerpo sigue siendo un criterio de selección y éxito social, especialmente para las mujeres. Sin embargo, lo que vimos en esta gira no fue excepcional. El privilegio de determinadas personas por su cuerpo ocurre todos los días en multitud de contextos, como en una entrevista de trabajo, pero también en las redes sociales.
Imagen corporal en la adolescencia
Aunque la imagen corporal nos afecta a todos en términos de cómo nos vemos y cómo somos percibidos, en el caso de los adolescentes es un factor especialmente relevante. La adolescencia es una etapa en la que el sentido de pertenencia y aceptación de un grupo cobra gran importancia. En este contexto, al ser el cuerpo algo visible y constantemente expuesto al juicio de los demás, se convierte en un elemento clave para la autopercepción y evaluación social de los adolescentes.
Los jóvenes que pertenecen a la Generación Z y Alfa pasan gran parte de su tiempo libre en las redes sociales y es en estos entornos digitales donde a través de la exposición continua a contenidos y señales de aprobación social como me gusta y comentarios, aprenden normas sobre qué cuerpos merecen ser mostrados o no.
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Idealización del cuerpo y reglas de conducta.
Plataformas como TikTok e Instagram, las que más utilizan la mayoría de los adolescentes, priorizan el contenido visual que muestra representaciones idealizadas del cuerpo. Además, nos permiten observar en tiempo real cómo otros menores de edad similar reaccionan, positiva o negativamente, ante determinados contenidos en los que se enseña el cuerpo.
Esto es exactamente lo que demuestra la investigación realizada entre más de 1.000 adolescentes españoles de entre 12 y 17 años. Los resultados de este estudio revelan que los menores han adoptado determinadas “reglas de conducta” en cuanto al aspecto físico.
Por ejemplo, el 17% de los niños cree que ciertos tipos de cuerpo deberían limitar su exposición en las redes sociales, en comparación con el 10,8% de las niñas. Es más, una de cada diez cree directamente que hay determinados cuerpos que no deberían mostrarse en las redes sociales.
¿Quién puede y quién no exponerse?
Estas ideas no son anécdotas, son reflejo de una lógica que se refuerza cada día con los me gusta y que muestra cómo los niños y niñas han interiorizado que hay ciertos fenómenos que deben exponerse en público y otros no.
Aunque más de dos tercios de los adolescentes se sienten incómodos cuando ven críticas dirigidas a la imagen de otras personas, cifra que se eleva al 72,7% entre las chicas, la reacción más extendida no es el resentimiento, sino el miedo.
Al igual que las chicas que aparecen en Casita de Bad Bunny, las adolescentes saben que la apariencia física en las redes sociales está bajo constante escrutinio: casi el 40 por ciento admite que temen ser atacadas si comparten una foto (46,4 por ciento entre las chicas), y una de cada cuatro dice tener miedo de publicar fotos que muestren cualquier parte de su cuerpo.
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¿Hay diferencias por edad y género?
Otra conclusión que debería invitar a la reflexión es que la aceptación de las reglas del juego sobre lo que se debe y lo que no se debe exponer en las redes sociales no se ha diluido con el paso de los años. Al contrario, se consolida con el paso del tiempo. La aceptación de que mostrar implica aceptar la crítica crece con la edad de los menores examinados: del 22,9% entre los adolescentes de 12-13 años al 25,8% entre los de 16-17 años. Lo mismo ocurre con la percepción de que hay cuerpos que no se deben enseñar en el entorno digital: aumenta en el grupo de mayor edad.
En cuanto al género, también hay diferencias. Los niños sienten que comentar sobre la apariencia física de alguien en un chiste es irrelevante y encuentran los chistes sobre el cuerpo más divertidos que las niñas.
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Clasificar, evaluar y descartar según la apariencia.
Lo que la Casita de Bad Bunny hizo visible, al menos por unos días, es que el éxito sigue ligado a ciertas características físicas. Esta práctica se extiende al ámbito de las redes y, aunque la clasificación, el juicio y la exclusión basados en la imagen corporal no se inventaron en el entorno digital, hoy se viven con mayor frecuencia e intensidad.
Las redes sociales han hecho que lo que antes sucedía en espacios más limitados o privados se convierta en algo permanente, público y medible.
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