Julian Barnes, un escritor que lleva décadas pensando en la vejez y la muerte

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Hace apenas unas semanas, Julian Barnes recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026, precisamente el año en el que anunció la publicación de su último libro, acertadamente titulado Despedidas.

Barnes, conocido escritor británico que combina la narrativa experimental con el humor y la ironía, comenzó su carrera literaria en 1980 con la publicación de la novela Metroland. Tenía entonces treinta y cuatro años. Y, sin embargo, a pesar de esa juventud, ya en sus primeras novelas -Metrolandia, Antes de conocernos y El loro de Flaubert- el amor, el sentido de la vida y de la muerte destacan como temas relevantes, mezclados con la falta de fiabilidad de la memoria individual -a la que tendemos a aferrarnos de forma enfermiza-.

Una mujer centenaria

De hecho, Una mirada al sol, publicada justo después de las tres novelas mencionadas, cuando el autor cumple cuarenta años, se centra en una protagonista femenina centenaria.

Anagrama

Con un tono irónico y melancólico, Barnes nos introduce en la vida de Jean Serjeant, una mujer “corriente” a la que le suceden cosas “increíbles”, como el propio hecho de vivir sanamente hasta los cien años. Jean Serjeant admite que cuando llegó a la vejez decidió actuar como una anciana; no porque se sintiera vieja, sino porque la gente esperaba que lo hiciera. A pesar de vivir un siglo, Jean llega a la conclusión de que “las preguntas serias siempre quedan sin respuesta”.

Serjeant fue testigo de la Segunda Guerra Mundial desde muy joven. Como muchos otros protagonistas de Barnes, cuestiona el significado de la vida y llega a la conclusión de que no habría vida sin muerte.

La vejez y el fin

Otros dos personajes también tienen esta cuestión muy presente en sus narrativas. Uno es George Braithwaite, el protagonista de El loro de Flaubert, quien a la edad de sesenta y cinco años y tras jubilarse se propone resolver el misterio del pájaro titular. Y el otro es Tony Webster, de la película “El sentimiento del fin”, un hombre de unos sesenta años y jubilado que recibe una herencia inesperada de la madre de una universitaria. Debido a esto, se ve obligado a reexaminar sus años de juventud sólo para darse cuenta de que su memoria ha distorsionado algunas de sus decisiones de esa época.

En ambos casos, la vejez no aparece como una época de calma y paz, sino como un período en el que la falta de fiabilidad de la memoria individual y colectiva aflora para presentar nuevos dilemas y confirmar que todo lo que experimentamos es mera interpretación. Entonces vivimos con múltiples interpretaciones, como hay personas.

La misma cuestión sobre el significado de la vida se cierne sobre The Lemon Table, un volumen de cuentos en el que Barnes se centra en la vejez y la muerte. En las once historias que lo componen, el autor nos da una idea de las partes de la existencia de los protagonistas masculinos y femeninos mayores y nos dice que, incluso al final, las personas se comportan de manera egoísta y excéntrica.

Como en el resto de su ficción, Barnes pretende reconectar con la muerte, hablar de ella para recordar que somos seres finitos y recordar que sólo ella, junto con el amor y el arte, es la que da sentido a nuestra existencia.

mirar a la cara

La muerte y el dolor son elementos centrales de dos memorias que Barnes publicó en 2008 y 2013: Nothing to Fear y Levels of Life.

En el primero, Barnes mezcla las interpretaciones filosóficas de la muerte, especialmente las de Michel de Montaigne y Philippe Aries, con la muerte de sus padres y el legado que le deja su familia respecto al sentido de la vida. Como admite irónicamente el autor, crecer en una familia agnóstica le hace buscar significado y orden en la literatura. En él, el autor admite haber encontrado más “verdades” que en el periodismo o la religión.

Barnes afirma, como lo hace en su obra literaria, la necesidad de no ignorar la muerte ni hacerla invisible. Cita a Montaigne cuando dice: “Dado que no podemos derrotarlo, el mejor contraataque es mantenerlo constantemente en nuestra cabeza”.

En Levels of Life, Barnes habla del intenso amor que siente y siente por su esposa durante los treinta años que han compartido. También reconoce que el duelo es aún más insoportable en una sociedad que no sólo ignora y aborrece la muerte, sino que prácticamente la ignora y medicaliza todo lo que nos recuerda una pérdida y detalla que “el duelo es una condición humana, no médica”.

Todos estos temas que estamos comentando están presentes en The Farewell, la novela en la que Barnes se despide del público. En él, el autor recuerda a todos ellos tras el reencuentro de viejos amigos. Y lo convierte en su propia narrativa especial, que pone de relieve los recuerdos que reconstruimos a lo largo de nuestra vida y, sobre todo, la poca fiabilidad que realmente tiene nuestra memoria.

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