Mucho más que Onlyfans: equipos digitales que monetizan la intimidad de las jóvenes

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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La expansión de las plataformas digitales ha transformado profundamente las formas de producción, circulación y comercialización de la sexualidad, el cuerpo y la intimidad en las sociedades contemporáneas.

En este escenario, la juventud ocupa una posición central. Las generaciones más jóvenes no sólo son grandes consumidoras de contenidos digitales, sino también productoras, en un entorno donde la visibilidad, la validación social y la construcción de identidad están estrechamente vinculadas a la exposición en las redes.

El desarrollo de economías digitales basadas en la atención, la imagen, el cuerpo y el deseo ha abierto nuevas oportunidades de monetización, pero también ha introducido desafíos relevantes en términos de violencia digital, protección de menores y uso del entorno digital.

Todo esto debe entenderse como parte de una nueva y compleja cultura sexual pública que, sumada al actual modelo económico -basado en la inseguridad, la ultraflexibilidad y el emprendimiento individual- resulta en un marco mucho más complejo.

En consecuencia, hablamos de la monetización de la sexualidad, del deseo o de las relaciones afectivas.

El ecosistema que lo sustenta

Onlyfans es quizás la plataforma que mejor representa este fenómeno. Por ello, realizamos el estudio Monetización de la intimidad: juventud, plataformas y economía sexual en Onlyfans, uno de los estudios más completos realizados hasta el momento en España sobre el funcionamiento de la industria digital de contenidos sexuales y sus efectos en mujeres jóvenes, adolescentes y menores.

Nuestra principal conclusión es que este fenómeno sólo puede entenderse y solucionarse desde el ecosistema digital que lo sustenta, no desde una única plataforma. El concepto de ecosistema digital se refiere a un conjunto de plataformas, aplicaciones y servicios que interactúan entre sí para sostener esta industria.

OnlyFans, por tanto, no es el origen de este fenómeno, sino su expresión más visible. Concentra y visibiliza dinámicas que ya estaban presentes en la sociedad: la monetización de la atención, la sexualización del cuerpo femenino, la inseguridad de la juventud y la transformación de la intimidad en una ventaja económica. Se trata, pues, de la punta de un iceberg mucho más amplio en el que convergen dinámicas culturales, tecnológicas, económicas y de género.

Su consolidación responde a diversos factores. Por un lado, es un efecto de la cultura y el discurso neoliberales: narrativas de “emprendimiento”, “libertad” o “empoderamiento individual”, que vinculan el éxito con la capacidad del individuo para monetizar.

Por otro lado, se alimenta de desigualdades estructurales de género que continúan posicionando los cuerpos de las mujeres como objetos de consumo, reproduciendo dinámicas de cosificación, hipersexualización y misoginia que encuentran nuevas formas de expresión en el entorno digital.

Sexualizar para aumentar la visibilidad

Además, este ecosistema se apoya en arquitecturas digitales y sistemas algorítmicos que premian la atención, la interacción y el tiempo de permanencia. Esta dinámica favorece la circulación de contenidos cada vez más sexualizados como estrategia para maximizar la visibilidad.

El ecosistema está aprovechando plataformas que no fueron diseñadas originalmente para comercializar contenido sexual -como Instagram, TikTok, X o Reddit- para ser útiles. Atraer audiencia, construir comunidades, generar tráfico o permitir la difusión de contenidos son algunas de las características que lo respaldan.

Cada uno de ellos cumple una función diferente dentro de la cadena de valor. Si bien las redes sociales generales permiten la participación de la audiencia y la construcción de identidad digital, plataformas como Reddit facilitan la difusión y el descubrimiento de contenidos, los perfiles de índice de agregadores y las plataformas de suscripción monetizan la relación con los consumidores.

De hecho, uno de los principales hallazgos de la investigación es que la exposición a esta dinámica no comienza en las plataformas de contenidos para adultos, sino en las redes sociales cotidianas, donde la sexualización, las recomendaciones algorítmicas y las estrategias de reclutamiento forman parte del funcionamiento normal del ecosistema digital.

Además, existe toda una industria en la que tres actores juegan un papel muy importante en la estandarización y profesionalización de este mercado.

El falso discurso del emprendimiento y el empoderamiento

En primer lugar, contamos con agencias representativas que reclutan chicas jóvenes a través de diversas estrategias para crear contenido. Con ellos, los gurús de Internet se presentan como expertos que saben cómo funciona la plataforma y supuestamente enseñan cómo ganar dinero con ella.

Ambos construyen un discurso basado en el emprendimiento, la libertad financiera y el éxito individual, minimizando los riesgos, las formas de violencia y las condiciones precarias que atraviesa esta actividad.

Y en tercer lugar, los gestores de cuentas, que suelen venir de países con menos recursos y tienen la tarea de simular la voz y la personalidad de la cuenta en cuestión, responden a los mensajes e intentan vender más contenidos.

En conjunto, estos elementos contribuyen a la consolidación de un modelo económico que normaliza y rentabiliza la exhibición de intimidad, convirtiendo a Onlyfans en sólo la manifestación más visible de un fenómeno mucho más profundo y estructural. Ninguno de estos elementos funciona de forma aislada: cada uno de ellos cumple una función específica dentro de la misma cadena de valor.

Esta perspectiva nos obliga a repensar el abordaje de las políticas públicas. Si el problema se interpreta únicamente como un problema asociado con un espacio digital en particular (como Onlyfans), muchas de las dinámicas y estructuras que le permiten funcionar permanecen intactas.

La respuesta implica intervenir en todo el ecosistema: arquitecturas digitales, modelos de referencia, estrategias de empleo comercial, alfabetización digital y desigualdades estructurales que apoyan la comercialización de la intimidad y el cuerpo, especialmente de las mujeres jóvenes.


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