¿Quién debería pagar por la eliminación de microcontaminantes del agua?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Durante las últimas décadas, el tratamiento de aguas residuales ha sido uno de los grandes casos de éxito ambiental en España. La Directiva Europea de Tratamiento de Aguas Residuales Urbanas de 1991 supuso la construcción de miles de kilómetros de redes sanitarias y cientos de plantas de tratamiento, que mejoraron significativamente la calidad del agua en ríos, lagos y aguas costeras. Actualmente, cerca del 95% de la población española cuenta con estos servicios.

Las plantas de tratamiento que cambiaron la calidad del agua del continente europeo fueron diseñadas para solucionar problemas ambientales que preocupaban a finales del siglo XX. Entre ellos, la contaminación orgánica, los sólidos en suspensión o el exceso de nutrientes. Sin embargo, hoy el desafío es diferente.

Los avances científicos de las últimas décadas han permitido detectar sustancias presentes en el agua en concentraciones extremadamente bajas, pero que pueden afectar a los ecosistemas acuáticos. Se les conoce como microcontaminantes y entre ellos se encuentran trazas de fármacos, productos cosméticos, pesticidas y otros compuestos químicos de uso diario.

Aunque su concentración suele medirse en microgramos (millonésimas de gramo) o nanogramos (billonésimas de gramo) por litro, estos compuestos han causado una creciente preocupación científica. La razón no es sólo su potencial toxicidad. También existen preocupaciones sobre su persistencia en el medio ambiente, así como su capacidad de acumulación. La exposición prolongada puede provocar efectos en los organismos acuáticos.

Tratamiento biológico convencional en planta depuradora. Jorge Rodríguez-Chueca.

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Las plantas de tratamiento actuales ya no son suficientes

La nueva directiva europea sobre tratamiento de aguas residuales urbanas, aprobada en 2024, responde precisamente a este desafío, incluyendo por primera vez la eliminación de microcontaminantes entre sus objetivos regulatorios. Además, prevé la aplicación progresiva de tratamientos avanzados en depuradoras de mayor tamaño.

Pero estas tecnologías tienen un precio elevado. Adaptar la infraestructura existente requerirá inversiones millonarias y un aumento de los costes operativos de la fábrica. Así que la cuestión ya no es si debemos eliminar estos contaminantes, sino quién debe pagar por ello. En este momento entra en vigor una de las medidas más innovadoras y controvertidas de la nueva directiva: la responsabilidad ampliada del productor. Se trata de un mecanismo que trasladará una parte importante de estos costes a los fabricantes de medicamentos y productos cosméticos.

El problema invisible: los microcontaminantes

Muchos de los microcontaminantes que hoy preocupan a los científicos y reguladores provienen de las actividades cotidianas. Un ejemplo es la medicación. Cuando consumimos una droga, nuestro cuerpo metaboliza sólo una parte de ella. El resto se excreta y acaba en el sistema sanitario. Y lo mismo ocurre con numerosos compuestos presentes en productos de higiene personal o limpieza del hogar.

El problema es que estas sustancias tienen características muy diferentes a los contaminantes para los que están diseñadas las actuales plantas de tratamiento. Son compuestos químicos muy estables y están presentes en concentraciones extremadamente bajas. Además, en muchos casos resisten los procesos biológicos convencionales.

Las plantas de tratamiento construidas durante las últimas décadas han resultado muy eficaces para eliminar los contaminantes convencionales. Sin embargo, no están diseñados para retener estas moléculas complejas.

Por ello, la eliminación de microcontaminantes requiere de nuevas etapas de tratamiento basadas en tecnologías avanzadas, como la ozonización o la adsorción con carbón activado, entre otras. La buena noticia es que estas soluciones ya existen y han demostrado su eficacia. El desafío no es tecnológico, sino económico: ¿cómo financiar la transformación de las infraestructuras diseñadas para resolver los problemas ambientales del siglo XX y adaptarlas a las demandas del siglo XXI?

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Una solución técnica tiene un precio

La eliminación de microcontaminantes en las aguas residuales es técnicamente posible. En los últimos años se han desarrollado tratamientos avanzados capaces de reducir significativamente la presencia de estas sustancias en las aguas residuales.

El desafío es que estas tecnologías son significativamente más complejas y costosas que los tratamientos convencionales utilizados en las plantas de tratamiento de aguas residuales. Su implementación requiere de nueva infraestructura, mayor consumo energético y personal especializado. También requiere programas analíticos que puedan detectar compuestos presentes en concentraciones extremadamente bajas.

Además, la eliminación de microcontaminantes rara vez depende de una única tecnología. Muchas veces es necesario combinar varios procesos para alcanzar los niveles exigidos por las nuevas normativas. Todo esto incrementa los costos de inversión, operación y mantenimiento.

Imagen de parte del procedimiento analítico para la determinación de microcontaminantes en agua.

Imagen de parte del procedimiento analítico para la determinación de microcontaminantes en agua. Jorge Rodríguez-Chueca. La nueva apuesta europea: la responsabilidad ampliada del productor

Para financiar esta nueva generación de tratamientos, la Unión Europea ha recurrido a un instrumento que ya se aplica en otros ámbitos de la protección medioambiental. Esta es la Responsabilidad Ampliada del Productor (EPR).

Este principio parte de una idea simple. Si un producto genera un impacto ambiental durante su ciclo de vida, quienes lo producen o comercializan deben asumir parte de los costos de su gestión. Este modelo no es nuevo. Se aplica desde hace años en ámbitos como el embalaje, las baterías o los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

La novedad es que por primera vez este enfoque se traslada al ámbito de las aguas residuales urbanas. La directiva impone nuevas obligaciones a los fabricantes de medicamentos para uso humano y de productos cosméticos. Es decir, deberán financiar hasta el 80% de los costes asociados a la eliminación de microcontaminantes en las plantas de tratamiento.

La lógica de la medida es doble. Por un lado, aplica el principio de “quien contamina paga”, evitando que todos los costes recaigan en los municipios, las empresas de abastecimiento de agua y, en última instancia, en los ciudadanos. Por otro lado, pretende crear incentivos para que la industria desarrolle productos más sostenibles y reduzca, cuando sea posible, la presencia de sustancias problemáticas para el medio ambiente.

Sin embargo, trasladar este principio al ciclo urbano del agua también abre un debate complejo sobre cómo distribuir de manera justa y eficiente los costos de la protección ambiental.

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¿Es la responsabilidad ampliada del productor la mejor solución?

La inclusión de la responsabilidad ampliada del productor en el ciclo del agua urbano representa un cambio de paradigma en la gestión de la contaminación. Por primera vez se trasladan, al menos parcialmente, a quienes comercializan productos que contribuyen a su presencia en el medio ambiente.

A pesar de las ventajas de este modelo, su aplicación práctica plantea algunas dudas. La contaminación por microcontaminantes es un fenómeno complejo y difuso que involucra múltiples fuentes y millones de usuarios. Resulta especialmente complejo determinar qué sectores deben hacerse cargo de los costes, en qué proporción y según qué criterios. Además, parte de estos costes podrían trasladarse al precio final del producto y tener un impacto indirecto en los consumidores.

También existe un debate sobre si la financiación de tratamientos avanzados debería recaer únicamente en determinados sectores productivos. Después de todo, toda la sociedad se beneficia de una mejor calidad del agua. Por este motivo, algunos sostienen que una parte de los costes debería seguir siendo asumida colectivamente.

Más allá de estas cuestiones, la nueva directiva muestra que proteger los ecosistemas acuáticos de los microcontaminantes tiene un coste. La verdadera discusión ya no es sobre la necesidad de actuar, sino sobre cómo distribuir de manera justa y eficiente la responsabilidad por ello.

Una nueva etapa para la purificación del agua

Durante las últimas décadas, Europa ha realizado enormes esfuerzos para reducir la contaminación visible en ríos, lagos y zonas costeras. La nueva directiva sobre aguas residuales urbanas abre una nueva fase. Se centra en los microcontaminantes, uno de los grandes retos medioambientales del siglo XXI.

La responsabilidad ampliada del productor por sí sola no resolverá este problema. Sin embargo, abrió un debate necesario sobre quién debería financiar la protección de nuestros recursos hídricos en el contexto de crecientes demandas ambientales. Y es probable que esa discusión sea tan importante como las tecnologías que permitirán eliminar estos contaminantes.


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