¿Cómo hablar de pornografía con nuestros hijos?

REDACCION USA TODAY ESPAÑOL
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Un día, en casa, escuchamos un comentario sobre sexo de nuestros hijos, aún no adolescentes, que nos sorprende. “En mi clase dicen que hay una página que muestra a personas haciendo cosas de adultos. ¿Sabes qué es?” O podrían preguntar: “¿Qué es la pornografía?” Pero lo pasamos por alto: al final no importa, todavía son demasiado jóvenes para tener un interés real o incluso para comprenderlo.

Y así, el tema desaparece de escena, trasladándose los diálogos y las preguntas que despiertan la curiosidad de nuestros hijos a otros contextos (amigos, redes sociales) que, con toda probabilidad, no son los más propicios para ofrecerles lo que buscan.

En cambio, si en ese momento, en lugar de ignorarlo, respondemos con honestidad y cercanía, sin evitar las partes incómodas, pero tampoco dándole más importancia (“Es una buena pregunta. ¿Qué te da curiosidad?” o “Si quieres, podemos hablar”), sus preguntas surgirán sin miedo, y nos darán la oportunidad de crear un espacio en nuestro hogar para hablar de estos temas. Esto confirmará y normalizará la búsqueda de información sobre sexualidad: el sexo y todo lo que lo rodea dejará de ser un tema tabú.

Crea un espacio de confianza

No siempre es fácil, ni para todos los padres o madres, plantear estas cuestiones y supervisar y apoyar a sus hijos e hijas. Por eso es tan importante aprovechar la oportunidad que se presente de forma relajada. Estos son los momentos que crean confianza: a partir de ahí se crea espacio y surge el diálogo: de forma intermitente, en ocasiones aisladas y no necesariamente con un tratamiento exhaustivo. Es una oportunidad para cuestionar y entablar un diálogo crítico sobre contenidos falsos o sesgados, imágenes violentas y la trivialización de conductas de riesgo a las que podemos estar expuestos sin saberlo.

Cuidar y fomentar esta comunicación y nuestra relación con ellos es una de las pocas medidas con las que podemos contar para reducir su consumo de pornografía y garantizar que su educación sexual sea saludable.

Y leer también: El consumo temprano o excesivo de pornografía y su impacto en la salud física y mental de los adolescentes

¿Cómo hablar de sexo con nuestros hijos?

A continuación ofrecemos algunas pautas para aquellos padres y madres que quieran aprovechar momentos, de forma orgánica y discreta, para discutir temas de sexo y pornografía con sus hijos e hijas:

Prepárate para transmitir seguridad. Esto incluye formación y actualización utilizando guías y materiales elaborados por instituciones y organizaciones especializadas, como Save the Children o Pantallas Amigas, que ofrecen instrucciones y explicaciones prácticas adaptadas a las diferentes edades para abordar la sexualidad y la pornografía a través del diálogo, sin recurrir al miedo ni a la prohibición.

No se trata de ser un experto en sexualidad, se trata de ser una fuente confiable de información y un espacio seguro al que saben que siempre pueden acudir.

Hable sobre sexualidad antes de que ocurra la primera exposición a la pornografía, no sólo después de que ocurra. Los estudios muestran que el primer contacto con la pornografía se produce a una edad cada vez más temprana, generalmente alrededor de los 12 años, aunque algunos estudios describen la exposición ya entre los 8 y 10 años. Casi la mitad había visto este tipo de contenido antes de los 13 años.

Naturalmente, la sexualidad se puede discutir en la primera infancia. Por ejemplo, comentar cuentos y libros que traten este tema, siempre adecuados a la edad. Algunos cuentos y libros que tocan estos temas son Tu cuerpo es tuyo (editorial NubeOcho), de 5 años, El porno no mola (Montena), de 11 años, y Eso no es seko (Libros cruzados), de 13 años.

Realizar vigilancia digital activa. No te limites a los controles parentales tecnológicos, sino monitoriza el uso de Internet hablándoles de lo que ven e interesándote por sus gustos, además de establecer reglas de uso familiar. No se trata de vigilancia secreta ni de control constante, sino de llegar a un acuerdo con ellos sobre el uso de Internet: hablar de lo que hacen en línea, establecer reglas juntos, interesarnos por sus experiencias y generar confianza para que nos cuenten si encuentran algo que les molesta.

Prevenir el consumo excesivo de pornografía. No siempre es necesario preguntar directamente si nuestros hijos o hijas están viendo pornografía. Muchas veces es más útil utilizar conversaciones cotidianas, noticias, una escena de una serie o un comentario que hacen, para preguntarles qué saben o qué han oído sobre ese tema, fomentando un diálogo abierto y sin prejuicios. Cuando un menor admite haber visto pornografía se recomienda evitar castigos o culpas. La situación debe utilizarse como una oportunidad educativa. Y abordar contenidos sexualmente explícitos desde una perspectiva educativa y sanitaria.

Leer más: La pornografía miente: por qué no sirve para aprender

Temas clave

Cuando surge de forma espontánea una conversación sobre sexo, sexualidad o pornografía, además de ser abierta y honesta, podemos aprovechar para introducir temas especialmente importantes:

Consentimiento y establecimiento de restricciones. El consentimiento está presente en diferentes ámbitos de nuestra vida y por ello no se debe enseñar exclusivamente sobre sexo. Si les enseñamos a aprender a establecer límites y a ser asertivos, les animaremos a utilizar esto también en sus relaciones emocionales y sexuales. Reconocer el derecho a la privacidad, en tu vida en general, es otro tema que se debe promover, al igual que el derecho a tomar decisiones sobre tu propio cuerpo y expresión.

Distinguir entre información real y falsa. Desarrollar el pensamiento crítico para identificar representaciones poco realistas de la pornografía, desafiar los estereotipos y comparar información con fuentes confiables. La enorme distancia entre la realidad y las representaciones pornográficas puede generar insatisfacción física y sexual, afectando la autoestima y la calidad de las relaciones; Por ello, es muy importante incidir en la diversidad corporal, así como en el autocuidado y la aceptación de uno mismo y de los demás.

Ayúdalos a reconocer cuando están viendo demasiada pornografía describiendo las señales de advertencia: sentir que no pueden dejar de verla, que tienen que consumirla con más frecuencia o que está afectando sus estudios, sus relaciones o su bienestar emocional. Es importante que sepan a qué adultos o recursos pueden acudir en busca de ayuda.

Y liras también: Familia o escuela: ¿quién debería enseñar a los adolescentes sobre sexo?

La base de una sexualidad saludable

Cuando hay una cultura abierta en el hogar y una comunicación honesta y fluida en torno a estos temas, los menores desarrollan más herramientas para afrontar su sexualidad de forma saludable.

La comunicación familiar y la educación afectivo-sexual de calidad son las dos direcciones más importantes de la alfabetización pornográfica que los niños y adolescentes deben desarrollar en la capacidad de analizar críticamente los contenidos sexuales y pornográficos que encuentran fácilmente en las redes sociales e Internet y afrontar con mayor confianza la presión de sus pares. Todo esto les ayuda a tomar decisiones más informadas y responsables sobre su sexualidad.

Máxime si en el ámbito escolar también se apoya el trabajo familiar, tanto a través de las asociaciones de padres como a través de la propia organización del centro, junto con la implementación de programas y espacios seguros para solucionar la necesidad básica de toda persona: su sexualidad.


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